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    Trayectoria de un trazo sutil

    Nació en Córdoba y allí estuvo el origen de su trayectoria creativa, pero fue Montevideo la ciudad que Antonio Pezzino eligió para formar una familia y crecer como artista con la impronta de su maestro, Joaquín Torres García. Después siguió un camino propio que se fue alimentando tanto de grandes artistas europeos como del budismo zen y de la espiritualidad oriental. Este itinerario, en el que también fueron relevantes sus trabajos de diseñador gráfico, puede disfrutarse en Antonio Pezzino 1921-2004. Retrospectiva en su centenario, que se exhibe hasta el domingo 2 de mayo en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV).

    En las primeras obras de Pezzino están las huellas de su temprana formación en la Academia de Bellas Artes Dr. José Figueroa Alcorta, de la ciudad de Córdoba, donde recibió una enseñanza clásica, aunque las vanguardias europeas ya comenzaban a influir en sus maestros. En 1941 su familia se mudó a Buenos Aires y allí contactó directamente con las nuevas corrientes europeas y comenzó a adoptar un lenguaje más abstracto que siguió desarrollando años después en sus pinturas y en sus diseños gráficos.

    El viaje que realizó en 1944 hacia La Paz, Bolivia, fue un mojón en su obra y en su vida. Por un lado, estuvo seis meses inmerso en la cultura prehispánica, por otro, conoció dos libros: Estructura y universalismo constructivo y Estructura. El autor: Joaquín Torres García. Al año siguiente, junto con su amigo Jorge Brito, decidió viajar a Montevideo para conocer a Torres García. Y se quedó en la ciudad y en el taller del maestro.

    “Con sus amigos del Taller, Antonio Pezzino compartió una pequeña pieza en un conventillo del Puerto —cuya vista quedó pintada por cada uno de ellos—, también trabajó en el taller de Manuel Aguiar y, más tarde, compartió una modesta casa-taller ubicada en el Cerro, que motivó diferentes versiones de los niños y vecinos de ese barrio obrero”, dice la información que acompaña las obras de ese período de la muestra. Allí se pueden ver tres de sus preciosos paisajes portuarios, llamados Ventana al puerto, y sus óleos titulados Hombre constructivo, que tienen el bar como un escenario de colores y formas torresgarcianas.

    En una de las vitrinas de la muestra, donde se exhibe material del archivo de Pezzino, se distingue un texto fechado en setiembre de 1993, donde el artista dejó, con su propia letra, tachaduras y correcciones incluidas, su visión sobre Torres García, su método de enseñanza y su concepción del arte: “(…) esa enseñanza, por sus estrictas reglas y rigor, de ninguna manera llevaba a una sola forma de visión de la pintura; por lo contrario, nos daba la llave para ver lo esencial en el arte, digamos, ‘separar lo sutil de lo espeso’, o, como diría el maestro, lo aparente de lo concreto; y así llegará el momento en que cada uno sienta la necesidad de continuar la búsqueda de su propia identidad como artista pero sin olvidar que hay un hilo conductor desde el comienzo de la humanidad que nos hermana a todos y que nos une a través de esa rigurosa búsqueda en la tradición del gran arte”.

    En el Taller Torres García (TTG) convivió con los otros discípulos directos del maestro, entre ellos, Manuel Aguiar, Julio Alpuy, Walter Deliotti, Gonzalo Fonseca, José Gurvich, Francisco Matto, Manuel Otero, Manuel Pailós, Horacio Torres, y además conoció en 1950 a Leticia Barrán, hermana del historiador José Pedro Barrán, con quien se casó en 1959. Con ella tuvo cuatro hijos: Martha y Josefina, que viven en Montevideo y fueron las encargadas de la selección de obras para esta retrospectiva, y Juan Lucas y Javier, que viven en el exterior.

    Josefina Pezzino también se dedicó al arte, es ceramista y dirige el Museo Casa Collell, ubicado en Durazno y Yaro. Josep Collell fue un artista catalán que se instaló en Montevideo e integró el TTG. “Con su esposa Carmen Cano formaron una escuela de cerámica muy grande durante más de 30 años. Fueron mis padrinos y heredé la casa cuando murieron. Entonces decidí mantener el museo y exhibir su colección y la de sus alumnos. Yo también fui una de sus alumnas y aquí tengo el taller y doy clases”, contó Josefina a Búsqueda. También artista, su hermana Martha se dedica al arte textil.

    El MNAV ya había exhibido obras de Pezzino en muestras más pequeñas. Una fue Lo inédito (2008), con su obra abstracta, y otra en 2010 con sus trabajos de diseño gráfico, que tuvo la curaduría de Rodolfo Fuentes. “En 2019, María Cristina Rossi, investigadora argentina en arte que había trabajado acá con la obra de José Gurvich, nos propuso hacer una muestra llamada Hacia el origen que mostrara el camino que hizo mi padre hasta llegar a Montevideo. Se inauguró en Córdoba en el museo Emilio Caraffa, con curaduría de Rossi y Tomás Bondone. Después se expuso, con menos obras, en el Centro Cultural de España de Buenos Aires. Es el mismo itinerario que sigue ahora la Retrospectiva en el MNAV”, explicó Josefina.

    Las muestras tuvieron como fuente principal el archivo que fue creando Pezzino, continuó su esposa y ahora conservan sus hijos y nietos. “Toda la familia ha trabajado para las muestras y el objetivo era culminar en el MNAV con motivo del centenario. Ahora quisimos agregar más obras del último período, que no estaba tan representado”. Así seleccionaron unas 104 obras, que pertenecen mayoritariamente a la familia y otras a colecciones privadas.

    El viaje a Europa que emprendió en 1954 con Gurvich y Aguiar será otro mojón en su trayectoria. Estuvo en Francia, Italia, España. Conoció de primera mano la obra de Botticelli, Modigliani, Delaunay y a los impresionistas. Además, entró en su arte el budismo zen. “Ese viaje fue como un clic”, dice Josefina. “En Francia se encontró con un amigo de la Academia de Bellas Artes de Córdoba que lo introdujo en la filosofía oriental y se enganchó con el budismo zen. A partir de ahí fue una actitud de vida”.

    Entre las obras menos conocidas y que se incorporaron a la retrospectiva se encuentran la de este período más espiritual, que son de una gran delicadeza en el trazo y en el color. Se titulan simplemente Abstracto, Abstracción o Abstracto gestual, y van acompañadas de un texto que explica: “A partir de ciertos ejercicios de meditación, buscaba dejar la mente en blanco para que, luego, surgiera el signo liberado de las tensiones psicológicas. Así lograba que el trazo de las pinturas de la Serie Sígnica naciera de un gesto profundo y espontáneo”.

    El Pezzino diseñador gráfico tiene una importante presencia en la retrospectiva, y no es para menos, porque desde su regreso de Europa fue uno de sus trabajos constantes. Diseñó carátulas de libros, revistas, discos, afiches promocionales, sellos postales. A partir de 1956 diseñó los programas de Cine Club Uruguay e integró el equipo de la imprenta As, con grandes diseñadores y dibujantes como Ayax Barnes, Cholo Loureiro, Carlos Pieri y Hermenegildo Sábat. Fue diagramador de la revista Removedor y del diario El País, cuyas páginas literarias también ilustró, igual que las del semanario Marcha y de la revista Tres.

    “Recuerdo a mi padre como un hombre de mucha espiritualidad y muy tranquilo”, dice Josefina. “Lo identifico con eso, con su amorosidad. Cuando éramos niños vivíamos en casas antiguas o apartamentos grandes y él tenía allí su taller, también de enseñanza. No nos dejaba entrar cuando él estaba trabajando, pero nos enseñaba porque él les daba clases a niños”.

    El miércoles 17, en el auditorio del MNAV se presentará a las 19 horas, un libro sobre Pezzino coordinado por Rossi y Bondone, quienes analizan su etapa formativa en Córdoba. Participan también Gustavo Wojciechowski (Maca) en el análisis de su etapa de diseño gráfico y Manuel Aguiar, en su visión como amigo y artista. Con 93 años, Aguiar es uno de los últimos discípulos directos de Torres García que aún vive. Mucho para recordar y conocer en estos cien años de un artista que supo separar “lo sutil de lo espeso”.

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