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    Tres de cada cuatro uruguayas considera que tiene un peso mayor al “ideal” y que su figura debería ser “más pequeña”

    Según un estudio de la Universidad de la República, dos de cada cinco mujeres sufrieron episodios de ansiedad, en su mayoría vinculados al sobrepeso, la disconformidad o la inseguridad, y hay asimetrías de género en las preocupaciones por el cuerpo

    “No llego al verano”. “¿Si me siento así se me ve el rollo?”. “¿Te vas a comer todo eso?”. “A mí no me miren”. “Mirá cómo estoy, tendría que haberme puesto a dieta”. “A veces Instagram me hace mal. No sé cómo hace para tener ese cuerpo, ¿viste las fotos que subió?”. No importa la frase. Tampoco el momento en que se dice. Casi todas las mujeres uruguayas, en voz alta o con el pensamiento, han repetido una de esas afirmaciones. Puede que en tono de broma. Que sea un recurso para que le respondan que “así está perfecta”. O puede que lo repitan porque de verdad no quieren mirarse al espejo.

    Es que la insatisfacción con el cuerpo y la distorsión entre la realidad y la imagen que tienen de él es un problema que afecta espacialmente a la población femenina. A finales del año pasado, un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar) se propuso indagar sobre el vínculo entre el cuerpo, la distorsión de la imagen y la ansiedad. El trabajo, titulado Body dissatisfaction and anxiety: gender asymmetries y realizado por Luciana Cantera, Daniel Mieles y Máximo Rossi, analizó a partir de una encuesta las diferencias entre cómo hombres y mujeres perciben sus cuerpos y qué relación tiene eso con la posibilidad de sufrir episodios de ansiedad.

    Entre sus conclusiones, el estudio constató que hay una mayor probabilidad de que una mujer se perciba a sí misma como “obesa” que un hombre con una complexión física similar. Los resultados de la encuesta indicaron asimismo que “constantemente” las mujeres declaran que para tener una “figura ideal” deberían tener un peso menor al que tienen y que su figura debería ser “más pequeña”.

    También se observó que el descontento se traslada desde las adolescentes a las adultas y que la mayoría considera que debería pesar menos. “Cerca de tres de cuatro mujeres se perciben a ellas mismas con sobrepeso comparando su cuerpo actual con las imágenes del cuerpo ideal”, indicaron los investigadores.

    Pese a que las mujeres se perciben más con “sobrepeso” que los hombres, los datos muestran que en Montevideo casi dos de cada tres hombres tienen sobrepeso u obesidad, mientras que la proporción es menor en las mujeres: una de cada dos tiene exceso de peso.

    Además, dos de cada cinco mujeres dijeron que sintieron un episodio o trastorno de ansiedad en los últimos seis meses y que, en su mayoría, se originó en problemas vinculados a su imagen. Mientras tanto, solo uno de cada 10 encuestados fue diagnosticado con ansiedad por un especialista.

    “Es más probable encontrar mujeres afectadas por un episodio de ansiedad cuando son infelices, están perdiendo peso o con la esperanza de hacerlo”, indicó el estudio. Lo más curioso, añadió, es que la ansiedad se relaciona de forma asimétrica: es un problema mayor para las mujeres, pero casi “inexistente” en los hombres.

    Los investigadores encuestaron a una población de 742 personas mayores de edad, distribuidas en distintas zonas de Montevideo, que respondieron un cuestionario de 219 preguntas relacionadas con los hábitos alimenticios, la salud y las características sociodemográficas. También se les preguntó si estaban satisfechas o satisfechos con su peso y si habían vivido episodios de ansiedad.

    Foto: Nicolás Celaya / adhocFOTOS

    “Fenómeno cultural”

    “Somos seres sociales que necesitamos sentirnos aceptados en la comunidad a la que pertenecemos. En ese fenómeno cultural, donde se genera la aceptación y la exclusión, empiezan a aparecer mandatos sobre lo que está bien y lo que está mal. El problema aparece cuando sobre la imagen y el cuerpo se establecen requisitos irreales e inventados por la cultura, la industria y la moda”, explicó a Búsqueda la psicóloga y magíster Lorena Estefanell, que dirige la maestría en Psicoterapia de Adultos, Parejas y Familia de la Universidad Católica del Uruguay.

    “Si desgranás las temáticas que trabajás en la clínica por género, la preocupación por la imagen, el propio cuerpo y su distorsión es un problema que afecta la ansiedad en mujeres. No quiere decir que a los varones no les pasa, pero se repite en ellas y con mucho más fuerza. Es un mandato cultural imposible y que trae consecuencias grandes”, agregó Josefina Melgar, psicóloga e integrante de la Red de Psicólogas Feministas del Uruguay.

    Se estima que el 80% de las mujeres en Uruguay se sienten disconformes con su cuerpo, agregó Estefanell. “Las exigencias con la imagen se vinculan con la ansiedad y otros trastornos, como los alimenticios. En muchos casos no llega a ser un trastorno, pero afecta la salud mental. Hay un gap entre lo que sos y lo que el mundo espera de vos. Y lo peor es que el gap no lo podés solucionar”.

    Foto: Nicolás Celaya / adhocFOTOS

    Distorsión

    La ansiedad es una respuesta natural del organismo frente a estímulos que considera amenazantes. Es la responsable de desencadenar mecanismos neuroquímicos que permiten que la persona pueda huir, reaccionar o sumar adrenalina para solucionar un problema que, por lo general, afecta su supervivencia. En un aula, la clásica secuencia que se le enseña a un niño para entender su funcionamiento es la reacción de una persona cuando aparece un tigre. Sin embargo, los estímulos que resultan amenazantes han cambiado y se ven influidos por los aprendizajes culturales.

    La supervivencia se puede ver amenazada de forma real o simbólica. En este segundo terreno entra la molestia que sienten las mujeres cuando consideran que su cuerpo es un enemigo, explicó Estefanell. Cuando se miran y no encuentran una imagen similar a la de las publicidades ni notan el resultado, por ejemplo, de cremas antiage. “La ansiedad se genera porque se muestra un cuerpo perfecto que, en verdad, no podés tener. Y que probablemente tampoco lo tengan otras, que usan filtros y otras herramientas para cumplir con el estereotipo”, señaló.

    “Lo que sucede, y sobre todo en las últimas décadas, es que nuestra supervivencia pasa por las interacciones y la inclusión social. No tenemos nada, sin contar al coronavirus, que afecte nuestra supervivencia. No hay guerras ni pestes ni inestabilidad. La amenaza no está compartida y se enfoca en el cuerpo. Nuestra mente procesa que la amenaza está ahí”, agregó.

    La presión social sobre qué es bello y la definición de un solo tipo de feminidad siempre existió, apuntó Melgar. Pero el bombardeo de imágenes de cuerpos ideales se masificó y, “como muestra el estudio de la Udelar, se refleja en el aumento de consultas clínicas”.

    “Los cuerpos están atravesados históricamente por la cultura. Si gritás mucho, si tenés rollos, si no te depilás, parece que estás dejando de lado tu feminidad y eso se demoniza. En verdad, no es una cosa que traemos innata, sino que es educada. Nuestro alrededor nos demanda que seamos perfectas, que no se note el paso del tiempo ni la comida que comemos”, agregó.

    El documento de la Udelar, que coincide con estudios internacionales, muestra que las personas “atractivas” suelen ser vistas como más inteligentes, simpáticas y confiables. Este imaginario popular se traslada en mejores oportunidades de tener un buen trabajo, mantener una vida social activa y “parecer” un buen profesional. “La supervivencia por ser parte de la manada y ser agradable. Tenemos una hiperatención, hipervigilancia y muchas exigencias”, aseguró Estefanell. “En las mujeres está asociado a que es lo que tienen para dar, que tienen que ser bellas y se habla como si hubiera una belleza única”, agregó Melgar. “Parece que nunca es suficiente”.

    • Recuadro de la nota

    La presión escondida y el hombre

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