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    UPM tiene una “duda enorme” de cómo lograr un marco laboral “predecible” para su inversión, lo que puede costar “caro” al país

    La eventual construcción de una tercera fábrica de pasta de celulosa en el país es una “luz de esperanza grande” para el sector de la construcción y la economía en general. Eso piensa Pablo Bocchi, presidente de Berkes, una de las empresas uruguayas que participó en los últimos megaproyectos, cada uno “más difícil que el anterior” en materia de relaciones laborales. Por eso comprende que la finlandesa UPM esté pidiendo al gobierno “garantías claras e indiscutibles” en esa área. “Hoy lo que hay puesto arriba de la mesa es una duda enorme del inversor de cómo lograr un marco de relaciones laborales predecible”, dijo el empresario, quien es además directivo de las cámaras de la Construcción y Metalúrgica.

    Sostuvo que el proyecto de UPM II “es de las pocas oportunidades” que “están quedando” para “demostrar” al mundo que Uruguay es “un país serio”.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista con Búsqueda.

    —¿Cómo cierra este año para la empresa en materia de actividad?

    —Nuestras tres ramas (construcción, montajes mecánicos y eléctricos, y energía) han venido contrayéndose. Lo veíamos venir hace tiempo, fuimos buscando eficiencias y tratando de tener mayor cantidad de actividad afuera. Hemos bajado la plantilla en 200 personas.

    El sector tiene mucha inercia, para lo bueno y para lo malo. La situación general es bastante compleja, y hay actividad pero con niveles de precio sumamente bajos; las empresas trabajamos cercanas al punto de equilibrio. (El proyecto de) UPM es una luz de esperanza grande, pero de acá a dos años.

    El país tiene dificultades, en algunos casos estructurales, que nos preocupan bastante, como el tema de las relaciones laborales. En los últimos años uno siente que se les fue de las manos a muchos de los que las manejan. Eso, para los que estamos acá, es un dato, pero para los que vienen a invertir es un signo de interrogación.

    Hemos participado en casi todos los megaproyectos: Botnia (hoy UPM), Montes del Plata, la planta de ciclo combinado para UTE que está haciendo Hyundai. Y vemos que cada proyecto es más difícil que el anterior desde el punto de vista de las relaciones laborales. Eso está generando que hoy UPM trate de lograr un marco en materia de infraestructura y de relaciones laborales.

    —¿Es tan importante para ese proyecto la paz laboral como lo es el tren?

    —Absolutamente. Cuando se hizo la obra de Botnia no hubo mayores problemas, era otro Uruguay, había otro marco general. Cuando vino la obra de Montes del Plata fue todo lo opuesto. Vimos situaciones de conflicto, más conflicto, más conflicto por a, b, c, d, e, f... Y es mentira que todo fuera culpa del inversor. Se le fue una fortuna en dinero extra —entre U$S 500 y U$S 700 millones—, gran parte por estos problemas, y la obra se alargó un año más. Ellos lo han comentado afuera con mucha preocupación.

    Hay que ponerse en el lugar de quien viene a invertir —por más que le den zonas francas y prebendas—, pretende ganar dinero y sentirse tratado adecuadamente. Ahora, con la obra de UTE, los coreanos —que también pueden haber cometido errores— nos han dicho que acá han visto cosas que no las han visto en países en guerra, y es real. Para Montes del Plata ya no era un problema de números sino de lucha de poderes, y eso es sin fin.

    Entiendo perfectamente que hoy UPM precise garantías claras e indiscutibles. Lo que no sé, es cómo va a hacer el gobierno para dárselas.

    Las cámaras hemos firmado convenios donde el gobierno ha sido garante y a la semana no se cumplen y el gobierno dice: “Bueno, vamos a buscar la vuelta”. Las garantías no son tales.

    Tenemos que entender que los sindicatos son la herramienta de defensa de los legítimos derechos de un trabajador. La lucha de clases es un problema enorme. Y cuando eso se transforma en cosas de otro tenor, como lo que pasa hoy en el fútbol... Es un odio generado, no sé bien por qué, pero en el campo de las relaciones laborales ha ganado en algunos segmentos en los cuales hay una necesidad de confrontación por fuera de lo que es el legítimo derecho.

    —¿Confrontan porque sí?

    —Porque sí, por doctrina política, por lo que sea. Seguramente hubo errores de las dos partes. Hay empresarios que son excelentes personas y los hay tiranos. Hay trabajadores que son excelentes personas y hay sinvergüenzas. Seguramente hubo años donde el péndulo estuvo muy hacia un lado y lo malo es que no vuelve a un punto de equilibrio.

    En el marco de las relaciones laborales, hoy hay conciencia en algunos sectores de gobierno de que el proyecto de UPM hay que apoyarlo y el presidente está haciendo un esfuerzo importante. Pero no sé si están todos convencidos de eso. Hoy lo que hay puesto arriba de la mesa es una duda enorme del inversor de cómo lograr un marco de relaciones laborales predecible.

    —Pero la construcción acaba de firmar un protocolo de prevención de conflictos…

    —Continuamente hay conflicto, la aplicación es más teórica que práctica. Y si denunciamos (el convenio) es peor. El problema es cómo hacer para que se cumpla. La suma de días parados que uno termina teniendo es altísima. Yo vi al gerente general de Montes del Plata decir: “¿Qué tengo que hacer para no perder más días? ¡En Finlandia trabajamos con nieve y en Chile también!”.

    —¿No hay responsabilidad compartida?

    —No hay contrato que pueda con la mala fe.

    Por ejemplo, el convenio dice que cuando fallece un familiar de un trabajador puede ir una delegación al velorio. La realidad es que para toda la obra. La autoridad es un principio que se perdió en las relaciones laborales. Hay un problema de fondo. ¿Por qué no hay forma de manejar el fútbol? Acaba de pasar que un clásico no se pudo empezar. Son bastantes cercanos los ejemplos, la sociedad es la misma. Se fue de madre.

    —En una obra grande como la de UPM II, ¿la conflictividad será grande?

    —No tengo dudas. Podrán decir que no, pero miremos la historia para atrás. Que no cuidemos eso nos puede costar muy caro a todos. Antes no venían inversiones, luego empezaron a venir y son internacionales, hablan en el mundo, positivamente o de otra manera. No pueden ser todos malos y nosotros los buenos. Deberíamos hacer autocrítica, porque a todos los que vienen les cuesta trabajar acá.

    Cuando vienen estas empresas viene el que le provee logística, productos químicos, plástico y empezás a entrar en el mundo real. Cuando uno viaja se da cuenta de que hay un mundo que avanza, que se mueve. Si no puedo ir a ese mundo, pero algo de ese mundo viene a mí y puedo integrarme, hay que recibirlo y tratarlo de la mejor forma posible, sin regalarle nada. Pero la única forma de distribuir riqueza es generándola. Donde una parte hostiga a la otra, las dos pierden.

    —¿Uruguay puede perder la inversión de UPM II?

    —Ojalá que no, porque sería muy malo para todos. Van a medir mucho cómo dar el paso porque no quieren que les pase lo de Montes del Plata. Cada día parado le costaba un millón de dólares. La obra llegó a parar dos días porque a un operario no le gustó la comida y se la tiró por la cabeza a una de las cocineras. ¿Cómo se explica y previene eso?

    —¿Cómo si hubiera barras bravas en las obras?

    —Es así. La obra de Hyundai estuvo 25 días parada porque “se pensaba” que los sistemas eléctricos no eran seguros. La seguridad se ha transformado en una herramienta de presión.

    Este puede ser el último tren que nos pase para hacer las cosas bien, para demostrar que somos un país serio, responsable, de gente ordenada, educada y no uno donde un partido clásico no se pueda jugar. Es lo mismo. Este tipo de imagen circula por el mundo. Cuando acá una obra se ocupa, se sabe.

    Economía
    2016-12-22T00:00:00

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