—¿A qué “milagros” se refiere?
—Por ejemplo, el programa integral de neurocirugía de la epilepsia refractaria, que afecta el desarrollo del cerebro de niños. Esas cosas me emocionan, porque son las vidas de esas criaturas, tocás el cielo con los dedos. Y se hace desde 2010, sin el financiamiento del Fondo Nacional de Recursos. Entonces, yo digo, pucha, esto no lo hacemos por lucimiento personal.
—¿Por qué no se da ese diálogo con el Fondo? El hospital tampoco llegó a insertarse formalmente en el Sistema Nacional Integrado de Salud. Da la sensación de que el Clínicas siempre queda como a un costado.
—(Ríe) A veces siento esa sensación. Porque no se entiende el papel del hospital en el Sistema Nacional Integrado de Salud. Informamos, contamos con 130 investigaciones en un año, presentamos programas y nos dicen que están a estudio... Y bueno... (Trae y muestra varias carpetas con proyectos médicos). Estos no son programas que se inventa la Ubach.
—¿Y cómo toma esa respuesta?
—Con rabia e impotencia. A ver, ¡un poco de consideración! ¿Qué papel cumple este hospital? ¡El Clínicas no es un hospital cualquiera! No lo digo con sorna, sino por todo el acumulado de 65 años. Pero igual yo no bajo los brazos. Mire, una vez alguien de campo me dijo que soy como un perro de esos que una vez que muerden hay que cortarles la cabeza porque no largan. (ríe). Yo me reconozco en esa tenacidad. Acá hacemos lo que debemos, pero siento que hay mucho desconocimiento de lo que efectivamente se hace.
—Habla de un desconocimiento de las propias autoridades sanitarias, entonces...
—Tengo una visión sobre el papel que debe jugar el hospital universitario en el sistema como hospital de referencia, hospital complejo. Somos el único hospital que tiene medicina nuclear. Tenemos un laboratorio que produce un millón de resultados al año... ¿Qué otro hospital tiene esos volúmenes de producción? Hay que aprovechar esta potencia.
—Sin embargo, todos los años parece repetirse la discusión sobre qué hacer con el Clínicas.
—¡Y claro! Pero es una discusión tonta, porque el problema de este país es que acumula poco. Un hospital con esta historia, que es reconocido a escala latinoamericana. Pero este hospital desde que se inició estuvo en disputa y controversia. Siempre hubo quienes atacaron al Clínicas y aun se preguntan para qué un hospital universitario, que para mí es una maravilla.
—En 2017 la Universidad decidió suspender los trámites para la refuncionalización del Clínicas. La propuesta de financiación, impulsada por Economía, incluía US$ 120 millones para volver funcional el hospital. ¿Por qué rechazó la vía PPP?
— Porque no era una buena solución para un hospital.
—Pero, ¿por qué? Era dinero que le entraba al hospital.
—Y bueno... Pero el dinero tiene ideología, ¡eh! No crean que es ascéptico.
—Usted habla de ideología. Pero el gobierno, de hecho, ya está aplicando la modalidad PPP en cárceles, escuelas, carreteras. ¿Cuál es el problema?
—¡Pero esto es mucho más complejo! Toda la incorporación tecnológica a nivel sanitario usted no la tiene en una cárcel ni en los centros de educación. ¡Ni se compara con el nivel de complejidad de este hospital! A ver, estudiamos experiencias de hospitales de otros países y cómo se haría el proyecto. Esa plata se iba a aplicar en obras a tres años. Primera controversia: es difícil de hacer en un hospital funcionando. Y se pagaba a lo largo de 25 o 30 años... ¿Quién paga esto? ¿Sale del presupuesto universitario? ¿Lo paga el Estado? Eso nunca se aclaró. Y después de esos 30 años en que se va pagando un canon muy importante de mantenimiento te entregan un hospital congelado en el tiempo. Hay cosas que se pueden hacer en forma modularizada y secuencial. O sea, no es que precisemos los 100 millones de one.
—Pero, ¿cuál es la “ideología” que a usted le hace ruido?
—Yo pongo por delante las necesidades de la gente y no lo económico. Esta es una responsabilidad del Estado y hay que gastar austeramente los dineros. Si un proyecto es de 100 millones y yo termino pagando 600 millones, no me parece. Aparte me entregan un hospital con 30 años de atraso, porque hacen obras en tres años y después me arreglan un cañito, me pintan y olvidate de todo lo necesario. Y eso está mal, está mal.
—Al final del día, no cuenta ni con los US$ 120 millones, ni con los US$ 44 millones solicitados al gobierno para avanzar en un polo de cuidados complejos. Apenas tiene una partida de US$ 2,5 millones del subsidio por los envases de cerveza, y otra de US$ 1,5 millón del presupuesto universitario. Total, US$ 4 millones, parece una “limosna”.
—Yo no lo llamo limosna. Es una inversión mínima frente a lo necesario. Pasa que la gente que ve de afuera no sabe que nosotros podemos hacer magia con la plata (ríe). Sentarme a llorar en el rincón no me va a traer un peso más. Queremos seguir discutiendo con el Ejecutivo para buscar otras formas de financiación. No le voy a decir al equipo económico qué hacer. Ellos lo deben tener bien claro, porque para otras cosas se consigue financiamiento.
—¿Las obras proyectadas con los US$ 17 millones que envió el gobierno de Venezuela ya están finalizadas?
—Sí, claro. Fue un programa a cinco años y se cumplió perfectamente.
—¿Ahí no se planteó un problema de ideología sobre la procedencia de la plata?
—No, si viene la plata... ¡les encanta! Plata es plata...
—Plata que también venía con...
—... para mí, nada. Vinieron los 17 millones y lo aplicamos en aquellas prioridades del hospital. Obviamente, tenemos un agradecimiento eterno... Eso lo consiguió el presidente Tabaré (Vázquez) con (Hugo) Chávez. Y fue de una generosidad esta cosa que… pobre Chávez... es complejo. No quiero hablar de eso porque me pongo triste, por cómo terminaron algunas cosas ahí. Pero reconozco que todavía estamos en deuda con Venezuela, porque eso era parte donación y otra parte intercambio. Y todavía estamos en deuda con Venezuela (ver recuadro).
—En un informe encargado por el gobierno se señala que el Clínicas se ha ido adaptando mediante un “parcheo” y “crecimientos tumorales, sin plan director”. ¿Qué dice de eso?
—Eso no es verdad. Es lo que justamente estamos corrigiendo. Tenemos un plan director, sabemos por dónde ir, conocemos las prioridades y con estos escasos dineros avanzamos para ordenar el funcionamiento del hospital y las inversiones. Optamos por potenciar la consulta externa porque desde que se creó el hospital nunca se tocó ni se intervino. Tenemos un problema serio con el personal, sobre todo por la escasez en enfermería. El plan director busca compactar todo lo asistencial en el ala este y destinar la parte oeste a lo académico, para que no haya islas, algo pésimo porque complica la circulación y la coordinación entre los servicios.
—Usted dijo haber dejado “una vida” tras su primer período al frente del hospital. ¿Cómo le va en la segunda?
—Todo el mundo dice que tengo tantas vidas como los gatos, y ya hay dos que me gasté acá (ríe). Los estudiantes se llevan bien conmigo; realmente, ahora me quieren. Algunos dicen: “¿Qué hace esta vieja acá?”. Y otros: “¡Qué piola la Ubach!”. Y una se sorprende, porque se había generado un estereotipo de persona autoritaria.
—¿Y los funcionarios?
—Hay muchos que me quieren y hay un grupete que no. Hay gente que no entiende que estamos en un marco de restricciones. Gente de acá, incansables en el reclamo. Y hay dificultades con sectores del gremio. Estamos jugando en condiciones desiguales, y tenemos que seguir jugando así hasta que alguien entienda que un hospital como este, que resuelve tantos problemas, debe tener otra consideración.
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