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Es poeta, cantante, músico, Premio Nobel de Literatura, artista plástico y escultor: es Bob Dylan. La noticia de una nueva exposición de sus pinturas llega pocos días después de que se le concediera el mayor premio a las letras, lo que despertó apoyos y discrepancias. Al anuncio del 13 de octubre siguió el silencio de Dylan y varias llamadas infructuosas, durante una semana, de la presidenta de la Academia Sueca. Por fin el premiado se pronunció después de quince días y dijo: “La noticia sobre el Nobel me dejó sin palabras”. Algo curioso en quien hace arte, justamente, con las palabras. Después agradeció por el “honor”, pero no aclaró si iría a la ceremonia de entrega del premio, que será el 10 de diciembre.
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Tal vez Dylan no contestaba el llamado de la Academia Sueca porque estaba ocupado en la preparación de un evento alejado de la música y de las letras, pero que tiene que ver con otra de sus facetas: la de artista plástico. El sábado 5 se inauguró The Beaten Path (El camino trillado), una exposición de sus obras que se podrá visitar en la Halcyon Gallery de Londres hasta el 11 de diciembre.
No es la primera vez que el cantante, quien había dibujado la portada de algunos de sus discos, exhibe sus pinturas. Lo hizo en 2010 con The Brazil Series, una muestra que incluía 40 acrílicos y ocho dibujos sobre Brasil, hechos a pedido del Statens Museum for Kunst de Copenhague, el mayor de Dinamarca. En 2011, exhibió en la Gagosian Gallery de Nueva York, The Asia Series, un conjunto de óleos y dibujos con escenas vividas en sus viajes por Japón, China, Vietnam y Corea. En 2014 expuso The Drawn Blank Series, también en Nueva York, con 40 dibujos que surgieron de bocetos realizados en sus giras entre fines de los 80 y principios de los 90.
En la galería Halcyon, Dylan ya había expuesto sus cuadros al pastel y una serie de esculturas de hierro con las que había construido aparatos mecánicos con engranajes, poleas, tuercas y pinzas. Ahora la misma galería le vuelve a abrir sus puertas para que exhiba su muestra más grande: cerca de 200 obras que incluyen dibujos, acrílicos y acuarelas con el viaje como temática.
Fiel al espíritu de carretera que tuvo desde adolescente, Dylan elaboró cuadros que muestran su “camino trillado” a lo largo de Estados Unidos. Uno de ellos se llama El horizonte de Nueva York visto desde Queens, y es justamente eso: un paisaje con un fondo de rascacielos al borde del East River y el sol que cae detrás del puente de Brooklyn. El conjunto tiene el aspecto de una acuarela hecha a partir de una fotografía por su imitación prácticamente exacta de la realidad. En la misma línea están Puente de Manhattan-Bridge, otra “foto” de la ciudad, y Eureka, motel abandonado, que registra el típico motel de carretera estadounidense. Son cuadros agradables, aunque habría que preguntarse si no habrá sido mejor la fotografía.
Más abstracto y creativo es Endless Highway, con una carretera que se pierde en un horizonte de montañas a lo largo de un campo desierto. Es, además, un cuadro simbólico de la temática de toda la muestra. Algunas de estas obras se pueden ver en el sitio web de la galería (halcyongallery.com).
El propio artista ha explicado en un pequeño ensayo para el catálogo de la muestra qué significado tienen sus pinturas: “He intentado mostrar la realidad como es, sin idealizarla. Estas pinturas son realistas-arcaicas, bastante estáticas, pero de naturaleza temblorosa. Contradicen el mundo moderno. Es lo que yo hago”.
En Internet hay un buen muestrario de la obra plástica de Dylan, que tiene algo en particular: la ausencia de estilo. Es cierto que muchas de sus pinturas tienen ese “realismo arcaico” del que habla en el catálogo, pero otras fueron elaboradas “a modo de” algún pintor admirado, como Paul Gaugin, mientras que otras tienen trazos casi escolares. Tal vez por eso el Dylan artista plástico no ha sido bien recibido por la crítica.
Especialmente rechazada fue su serie de dibujos sobre Brasil expuesta en Copenhague. Un historiador de arte danés dijo en el diario Information: “Bob Dylan pinta como cualquier otro aficionado. (…) Es lo que se llamaba antes un pintor de domingo”. Además lo acusaron de “copiar” viejas fotografías. El artista lo confirmó, pero dijo haber comprado los derechos sobre esas imágenes.
Su nueva exposición ha despertado más expectativa y más halagos. En los medios se destacan sus logros para transmitir “la mística del camino”, como la tuvo el escritor Jack Kerouac, o han encontrado en sus obras un “aire” a Edward Hopper. Pero el mayor halago está en el catálogo que escribió el propio Dylan, en el que se compara con grandes maestros, especialmente con Kandinsky y George Rouault: “Mis pinturas probablemente estarían en esta categoría”, anotó.
No se sabe aún cuánto vale hoy un cuadro de Dylan, pero los que exhibió en Nueva York en 2014 iban de los 2.500 a los 400.000 dólares. A esos precios hay que sumarle ahora la firma de un Premio Nobel. Es que a veces la firma vale más que la obra, sobre todo si es un Dylan el que se quiere colgar en la pared del living.