A comienzos de noviembre de 2019, un año atrás, en el mundo se empezaba a hablar de la ciudad china de Wuhan, donde se identifica el origen del Covid-19 convertido luego en pandemia. Ahora, mientras otros países enfrentan una “segunda ola” de contagios, la economía china sigue su recuperación.
Según el argentino Rafael Contisani, de la compañía de gestión de activos Schroeders, en setiembre los indicadores en China eran “muy saludables”, y en octubre mostró tasas positivas de crecimiento en la producción industrial (7%), las ventas minoristas (4%) y la inversión en capital fijo (2%) frente a un año atrás.
El yuan se apreció frente al dólar estadounidense y, para Contisani, es probable que esa tendencia se acentúe porque China “tiene espacio todavía” para estimular la economía. De hecho, el gobierno de Xi Jinping optó por invertir más en infraestructura y reducir algunos impuestos y subsidios, en lugar de apostar a una política monetaria expansiva, la estrategia seguida por muchos otros países ante la crisis sanitaria por el Covid-19.
Las cuatro “M”.
En los últimos años, producto de la “mala receptividad” del mercado externo —sea por problemas económicos o políticos, como la guerra comercial con Estados Unidos (EE.UU.) o por el “shock” de la pandemia sobre el comercio exterior—, el gobierno chino está buscando fortalecer su mercado interno, explicó a Búsqueda Marco Carrasco, economista de Harvard Kennedy School y especialista en temas de China. Si bien ese país “ha visto la relevancia de su participación en los mercados internacionales”, hoy en día también muestra interés en expandir y fortalecer el consumo doméstico como “sostén” a su crecimiento económico.
De hecho, la recuperación reciente se está dando a través del consumo. Y, según Carrasco, allí existe “bastante margen de crecimiento”, ya que el consumidor promedio ahorra más que sus pares de occidente. Por ello, sectores de los servicios como las entregas por delivery y los medios de pago digitales serán, “sin dudas, clave en los próximos años”, sostiene.
Por otra parte, durante una charla vía Internet organizada el jueves 19 por la empresa de servicios financieros Puente, Contisani introdujo algún matiz respecto a cuándo se produjo este cambio en la estrategia del gobierno. Según él, “China ya no es más la economía exportadora que era hace muchos años”, sino más de mercado interno.
Además, el economista argentino profundizó sobre los sectores más prometedores, destacando a cuatro como los más importantes para el futuro de la economía china: la tecnología y el 5G; el e-commerce —entendido no solo como las ventas online, sino también como los pagos, transacciones, e inversiones por canales digitales—; las redes sociales y el gaming; y los seguros. Contisani asegura que el crecimiento económico de China se basa en cuatro grandes pilares, todos relacionados directa o indirectamente con aspectos poblacionales: las “cuatro M”, como las presenta, refieren a la generación millennial, a la clase media, a las metrópolis y a la telefonía móvil.
Sea por su relación con la tecnología o por su poder adquisitivo, el crecimiento de la generación millenial y de la clase media —cuyo gasto aumentó cerca de 60% en último lustro—, favoreció una mayor penetración de mercado del mundo de las nuevas tecnologías. De hecho, los nacidos en las dos décadas previas al cambio de siglo alcanzan los 330 millones en China, mientras que en EE.UU. y en la Unión Europea (UE) no superan, por separado, los 70 millones.
El crecimiento demográfico en China, en tanto, llevó a un fuerte aumento del número de metrópolis con más de un millón de habitantes; son más de 100 en ese país, menos de 20 en toda la UE y apenas 10 en EE.UU. Según Contisani, esto favorece el consumo y el desarrollo de empresas e inmobiliario.
Además, la magnitud y las características del aumento de la población y, en particular, del consumo de las clases medias le permiten a China ubicarse a la cabeza en el sector de la telefonía celular: China supera a EE.UU. y a la UE juntos en servicios de aparatos móviles y usuarios de Internet, y en 2016 representaba más del 42% de las transacciones de comercio electrónico minorista.
Sin embargo, el sector tecnológico no es el único beneficiado del campo demográfico. En lo que respecta a las aseguradoras, Contisani ve “un mercado totalmente nuevo para China”, que “hoy por hoy no tiene la penetración que podría tener” a partir del aumento de las clases altas que empiezan a contratar seguros.
Tensiones.
Los pronósticos de los analistas respecto al futuro de las relaciones entre EE.UU. y China coinciden, y no son auspiciosos. “Las tensiones comerciales seguirán, de eso no hay duda. China sigue siendo un rival claramente y ello ya no tiene marcha atrás”, aseguró Carrasco. Pero matizó que, “luego de una administración tan poco previsible y hasta poco objetiva en sus acciones” como la de Donald Trump, “se espera una mayor predictibilidad en las negociaciones” con el gobierno de Joe Biden.
La primera prueba será, para ese académico, la reafirmación de la fase 1 del acuerdo comercial celebrado a principios de 2020 y la firma de un convenio fase 2, aún por negociarse. De esta forma se verá si efectivamente cumplen sus acuerdos de compra.
En tanto, Contisani extiende estos conceptos a los mercados financieros. En su opinión, la discusión ha “mutado” desde el plano comercial al tecnológico —sobre todo en el marco de la pospandemia— y las empresas chinas ya han logrado sortear la crisis, consiguiendo financiamiento a través de las bolsas de Hong Kong y de Shanghái.
Consultado sobre la posibilidad de un cambio en el orden mundial, Carrasco aseguró que no cree que ocurra “inmediatamente”, aunque sí ve una “aceleración” hacia un nuevo equilibrio con mayor peso de China. Además, señaló algunos otros indicios —ya no económicos, sino a escala de la opinión pública— de “lo que puede estar por venir”. Es que, incluso en las naciones “amigas de EE.UU. como Canadá, Alemania o Francia”, el último relevamiento de percepciones geopolíticas de Pew Research Center ubica por primera vez a China por encima de la economía estadounidense.
“Empujón”.
La pandemia del Covid-19 volvió a dejar en evidencia el alcance de la globalización: hoy en día —si no desde hace ya varios años— lo que ocurre en China tiene, en general, una implicancia directa en la economía uruguaya.
“En los últimos días se ha visto un resurgimiento de algunos commodities y en gran medida el motor de esto es la demanda de China”, explicó Carrasco. Por eso, la reactivación china sería un “empujón para sobrellevar la pandemia”.
Sin embargo, advirtió que algunas estimaciones de la Organización de Naciones Unidas “respecto a la capacidad de China para sostener una demanda similar a la de años atrás” pintan un panorama menos favorable. En efecto, “si bien se espera una expansión para productos como el cobre, los frutos y los granos como el arroz, también se espera un descenso de la exportación de minerales, commodities energéticos y el trigo, entre otros”. Además, según señaló, las exportaciones de países “dependientes” como los sudamericanos caerían entre US$ 2.900 millones y US$ 7.800 millones en 2020.