—Es una contradicción. La misma dirección del partido manejaba esto en esos términos: momentos contradictorios para una definición política en un período como el que estamos hablando. Desde el punto de vista objetivo, nosotros no logramos lo que habíamos planeado. Nos habíamos propuesto un cuarto gobierno del Frente Amplio a nivel nacional y no lo logramos. En una segunda instancia, hacia setiembre nos propusimos mantener los seis gobiernos departamentales y no lo logramos. Y queríamos ganar algún municipio más y no lo logramos. Por lo tanto, no hay forma de disimularlo: nosotros no logramos el objetivo.
Al tiempo, y eso es la parte de la contradicción, nuestra propuesta electoral —que no es solamente el partido, porque no aparece solo ni es solo con los aliados clásicos de la 1001, sino que aparece con diversas formas de expresión— obtiene sus mejores niveles de votación al menos desde 1989 para acá.
—¿A qué atribuye el crecimiento electoral del Partido Comunista?
—Nosotros logramos una muy buena propuesta. Me parece que las posiciones políticas, las resoluciones públicas del partido fueron acertadas y eso se demostró en un determinado marco de coherencia política y se logró además acercar propuestas creíbles de candidatos, no hablar de la renovación política de la boca hacia afuera sin poner cosas prácticas arriba de la mesa. Y esto también tiene que estar en el haber. Óscar Andrade ha jugado un rol importante, tironeó bastante en la elección interna, irrumpió en la vida política del país con una forma de decir las cosas con la que el electorado, una gran parte, se sintió identificado. La segunda parte, el acuerdo electoral con Carolina Cosse me parece que salió muy verídico, muy real. Y terminar por empujar la candidatura de Cosse a la intendencia, que cerró un ciclo de apertura, de amplitud y de unidad, que son tres mensajes claros que pudo haber contribuido a tener estos niveles de votación.
—El Frente Amplio cuestionó varias medidas adoptadas por el gobierno. Desde la Ley de Urgente Consideración, la falta de apoyo económico durante la pandemia y las políticas en seguridad. ¿La gente no votó cambiar?
—Nosotros tenemos responsabilidad. Si no fuimos capaces de defender al gobierno, yo me siento parte responsable. Es lo que está discutiendo el Frente Amplio ahora y que analizamos internamente los comunistas; es una suerte de autocrítica. Si fuera tan fácil como lo estoy describiendo en un ratito, si todo esto fuera tan visible, hubiésemos tenido la contrapartida inmediata de que la población hubiera votado por un nuevo gobierno del Frente Amplio.
—¿Para usted, dónde están los principales errores que tuvo el Frente Amplio?
—La lista es muy larga. Primero, la autocrítica no es la elaboración sesuda que hacemos un grupo selecto que armamos un documento y se terminó. La autocrítica es un proceso. Por lo tanto, ¿en qué fallamos? Fallamos los hombres, las mujeres. O también, sin fallar nosotros, nos damos cuenta de que no jugamos solos en el escenario político. Hay adversarios políticos. Y hay enemigos. No es que todo el que no está en el Frente Amplio es un enemigo, algunos son adversarios políticos que disputan legalmente en el juego de la democracia el objetivo de tener las mayorías. Y hay enemigos, obviamente, porque si están recibiendo amenazas, si te apuñalan a un compañero por estar colgando un pasacalle, ese de democracia entiende poco.
No es autocrítica pararnos para decir que tal se equivocó o tal sector o tal presidente en designar a tal ministro. Eso sería ponernos por fuera. Nosotros tenemos nuestra parte en los errores. ¿Cuántas cosas ocurrían y nosotros no poníamos el énfasis necesario para cambiarlas? ¿Cuántas? Hay que identificarlas. ¿Deberíamos haber ido más a fondo sobre la ley de medios? ¿Deberíamos haber ido más a fondo en la reforma de la Caja Militar? ¿Y todo eso no generaba contradicciones internas en el Frente Amplio, porque no todos estaban alineados? ¿Había que discutir más a la interna? ¿Eran esos los proyectos que se necesitaban en una gestión de gobierno de izquierda? ¿Sí o no? Bueno, nosotros tenemos una visión, otros tienen otra. Me parece que hay alguna suerte de errores desde el punto de vista de las cosas que no se hicieron, de la gestión de gobierno, de las cosas que si se estaban haciendo mal, no se corrigieron a tiempo. De cómo, además, una autocrítica no es solo de los compañeros que estaban en el gobierno, sino que es de la fuerza política. Y nosotros tenemos que hacer hincapié en la necesidad de hacer un balance crítico y autocrítico del papel de la fuerza política Frente Amplio con todos los andariveles que teníamos, incluso los de gobierno. Si se atendió al interior del país como merece ser atendido o teníamos también implícitamente dos partes integrantes de la misma cosa.
—¿Esta autocrítica será la base para recuperar el gobierno en 2024?
—Es imprescindible. Son grandes enseñanzas que nos dejarían en mejores condiciones, pero tampoco alcanza solo con eso. De manera tal que nosotros hemos afirmado que no alcanza solo con la mejor gestión de gobierno para asegurar el triunfo electoral en las elecciones que vienen. Y nuevamente queda demostrado, porque perdimos. En Uruguay, cuando uno pase esa raya de los últimos 15 años, sea de izquierda o de la actual dirección de gobierno, nadie puede negar número a número que el Uruguay nunca ha pegado un salto en calidad y cantidad como lo pegó en los últimos 15 años de gobiernos del Frente Amplio. Cómo mejoró la calidad de vida, cómo mejoró la cantidad de empleo, cómo se rebajó la pobreza, la informalidad, la miseria. Cuando uno analiza, obviamente no todos, porque no fue un gobierno dechado de virtudes ni que tiró manteca al techo, es cierto que no lo fue, es un gobierno que mejoró notablemente las condiciones de vida de los compatriotas. Envidiable por gran parte de los pueblos de América y respetado por muchos gobiernos del mundo.
—¿El último de los tres gobiernos fue el más flojo?
—Sí, porque tampoco somos una isla. Jugamos en la región, pero no lo digo como forma de disculpa ni otra cosa. Nosotros no logramos un desarrollo industrial como hubiésemos querido en un gobierno de izquierda. En tres períodos de gobierno de izquierda, en algunos lugares la primarización de la economía fue un hecho constante. Sigue siendo el Uruguay un país mayoritariamente exportador y agroexportador. Capaz que no es solo vacas y cereales; es vacas, cereales y celulosa. Pero más o menos siguen siendo esos los grandes ejes de la economía del país. Estas cosas tenemos que colocarlas sobre la mesa y ver cuánto inciden, cuánto pesan, qué tenemos que corregir.
—¿Se gestionó bien el capitalismo, pero siguió siendo primaria la economía?
—Es un fenómeno que nosotros tenemos que analizar. Somos una fuerza política de izquierda, hay definiciones que nadie cuestiona dentro del Frente Amplio, pero después capaz que no todos actuamos en consecuencia. Una fuerza política que se une para construir un gobierno popular, nacional, antiimperialista, antioligárquico implica premisas que después hay que ponerlas efectivamente en la práctica.
—En una entrevista con Búsqueda , usted dijo que le daba vergüenza ver los barrios privados o las grandes mansiones con muros. ¿Por qué en estos tres gobiernos, con mayoría, no se pudo gravar más al capital?
—El Uruguay tiene varias formas de gradualismo, también desde el punto de vista de la izquierda. Un proceso gradual de cambio como fue llevando el Frente Amplio adelante tiene que ver con un tema de correlación de fuerzas. Nosotros nunca lo negamos, hasta lo integramos a nuestro discurso. ¿Todo esto a qué responde? Responde a un problema de correlación de fuerzas, efectivamente, si tenemos las fuerzas capaces de seguir profundizando en un proyecto político de mayor equidad. El Uruguay tiene mucho margen para que, efectivamente, los que tienen más aporten para los que no tienen nada; ya no para los que tienen menos, sino para los que no tienen nada. Esta sociedad sigue siendo capitalista aún habiendo pasado tres gobiernos de izquierda, porque no se proponía la construcción del socialismo el Frente Amplio. Esto es un proceso de acumulación de fuerzas.
—No es el objetivo de largo plazo.
—No. Es nuestro objetivo, el de los comunistas. Nosotros no andamos escondiendo nuestro proceso, nosotros estamos en parte de un proceso de democracia avanzada, queremos la democracia en nuestro país hasta las últimas consecuencias. Para los comunistas la construcción de una herramienta unitaria como el Frente Amplio es parte de la acumulación de fuerzas.
—En los últimos meses algunos dirigentes del Frente Amplio como Daniel Martínez, Cristina Lustemberg y Javier Miranda advirtieron que se estaban rompiendo los equilibrios en el Frente Amplio debido al crecimiento del Partido Comunista y el peso del Movimiento de Participación Popular. ¿Comparte ese análisis?
—No, no, no lo comparto. De hecho, que no lo comparta lo saben los compañeros y las compañeras. En los casi 50 años del Frente Amplio —hay que descontar los 11 años que estuvimos impedidos de hacer política— varios sectores hemos sido mayoritarios. En el 89 la fuerza política más votada fue el Partido Comunista, fue la 1001. ¿En dónde se afectó la unidad del Frente Amplio? ¿Qué parte corrió riesgo? ¿A quién no tuvimos en cuenta? ¿Nosotros atropellamos? ¿Nosotros por eso llenamos los cargos de comunistas por todos lados? ¿Hicimos que el que no nos rindiera tributo estaba por fuera del Frente Amplio? No, no ocurrió.
—Capaz que los que hablaban de equilibrios no era por la unidad, sino que el Frente Amplio necesita una socialdemocracia —como dijo Miranda— si quiere recuperar el gobierno nacional. ¿Comparte?
—No tengo dudas. Para que el Frente Amplio retome sus niveles de incidencia en la vida política y social y, entonces, sea capaz de generar un grado de conciencia que le permita volver al gobierno, tienen que desarrollarse y crecer todas las concepciones, no solamente las concepciones socialdemócratas, sino también las marxistas, marxista-leninistas, las nacionalpopulistas, todas. Para que el Frente Amplio hubiese sido gobierno en octubre no alcanzó solo que creciera la 1001.
—¿La buena votación del PCU y Partido Socialista es reflejo de que el Frente Amplio se volcó más hacia la izquierda?
—No, lo dejo más para que lo analicen los politólogos. Nosotros teníamos mayores aspiraciones que los resultados que tuvimos, eso seguro.
—¿El partido se benefició del electorado frentista más volcado a la izquierda?
—Eso es solamente mirar un dato concreto. Prefiero dejarme coquetear con eso que dicen los demás de que el partido está creciendo. Está bien, nosotros seguimos siendo autocríticos: todavía no tenemos el tamaño de partido que necesitamos para estos procesos de cambio que nosotros estamos trabajando.
—Gastón Dufour, dirigente comunista, tuiteó después del resultado de setiembre: “Nuevos equilibrios. Dato no menor, el sublema 1001-90 supera al del MPP”.
—(Ríe.) Sí, sí, sí, es muy pasional. Si yo me arropo con lo que me dicen los demás, corro serios riesgos de cocerme en mi propia salsa. El problema es con qué sentido me lo dice, porque hay algunos que lo hacen como una alerta: “ojo que están creciendo los comunistas y los sectores de ultraizquierda”.

Foto: Nicolás Der Agopián / Búsqueda
— ¿Fue una buena idea apoyar el referéndum contra la LUC?
—Sí. Es más, apretados en el momento de tener que definir políticamente, nosotros no apresuramos una definición, esperando a que se definiera el movimiento social y popular. Pero teníamos una expectativa para que fuera hacia el mecanismo de consulta de la ley, con el que nosotros estamos de acuerdo. Estamos de acuerdo en cómo fue todo este proceso, con los tiempos que se tomaron los sectores sociales, del tiempo que se tomó la fuerza política para no atropellar, para que maduraran las condiciones dentro del Frente Amplio. Nosotros somos partidarios de que fuera el camino largo y ahora estamos en la etapa de discusión de contra qué artículos vamos.
—¿Contra todos los artículos?
—No. Nosotros somos partidarios de ir contra los artículos más negativos y más fácil de hacernos entender con la población, de manera tal que sea este uno de los márgenes de posibilidad que nos dé el triunfo cuando lo sometamos a votación.
—¿Para no desperdiciar una bala de plata?
—Sí, porque que todos nosotros estemos dispuestos a hacer un referéndum, esto no nos asegura un triunfo, esto hay que saberlo. En estos años de militancia he sufrido de todo. A ver, más importante a nivel nacional que lo que fue el voto verde contra la impunidad no ha habido, no he formado parte y, sin embargo, no logramos triunfar. Si la ley es el programa de gobierno de la coalición y tiene elementos reaccionarios y regresivos, que hacen ir para atrás los avances que hemos obtenido, pues entonces hay que intentar frenarlo y revertirlo.
—¿No es quemar el tiro muy pronto?
—No solo eso. Hay compañeros que dicen que ahora vamos a discutir la reforma de la seguridad social, capaz que viene la reforma y también tiene elementos negativos y capaz que no queda mecanismo que no sea el referéndum. Y andá a saber qué pasa con el Presupuesto, que todavía está en discusión y cuántas cosas se quieren llevar puesto. Bueno, el problema es que a este gobierno si lo dejás solo, te va a pedir permiso en tu casa porque va a entrar.
Nosotros tenemos un problema que también lo están diciendo por ahí: “¿Qué pasa si nos embarcamos en esto y perdemos?”. Pero si no hacés nada, también vas a perder. Si formo parte del Frente Amplio, la fuerza política que calificó a este proyecto cuando era un borrador de anticonstitucional por algunos de los contendidos que se sacaron, impopular, inoportuno, reaccionario. Sigue siéndolo más cuando lo votan. Lo era antes, y así lo resolvió una fuerza política, si después que se aprobó es doblemente peligroso porque ahora es una ley que pueden llevar adelante.
—Votaron la mitad de la ley, eso puede ser complicado para explicar
—Sí, tal vez. El problema es que en el medio del debate parlamentario nadie se va a quedar de brazos cruzados cuando ves que van a hacer una ley que se va a chocar con la pared, por lo menos tratás de correr la pared o parar el tren, una de las dos cosas hacés. Esto no quiere decir que la ley no siga siendo mala.
- Recuadro de la entrevista
Cabildo Abierto, el “enemigo” político integrado por “fascistas”