Para el dirigente socialista y ex presidente del sindicato bancario Aebu Eduardo Fernández, quien propuso a Romero como candidato del PS para sustituir al anterior director de Trabajo, Julio Baraibar, los cuestionamientos a su compañero llegan tarde.
Fernández dijo a Búsqueda que injustas o no, algunas de las decisiones que se critican a Romero fueron adoptadas por una asamblea de trabajadores y eso ocurrió hace 20 años, de forma que si estos fueron engañados tuvieron tiempo de rectificar. “Se parece a una revancha”, concluyó.
“Despreciable”.
Los primeros cuestionamientos públicos a Romero llegaron casi un año después que este asumió en el MTSS. Durante una conferencia de prensa realizada en junio pasado, el jerarca fue descrito como “un ser despreciable, no querido por nadie, que nunca trabajó y que estuvo en el afane de cubiertas”.
“Cuando apareció ahí yo casi me enloquezco. ¿A este tipo quién lo llevó?”, se preguntó uno de los críticos en un video disponible en Internet.
Antes de difundir sus opiniones, los ex dirigentes del sindicato de Funsa entregaron un dossier con la información al veterano dirigente tupamaro Julio Marenales y al ministro de Trabajo, Eduardo Brenta.
“No se trata de poner palos en la rueda sino de que la gente se anime a hablar. Soy frenteamplista y voy a seguir siéndolo, pero esto no lo puedo soportar. ¿Cuál es su virtud? Porque nosotros no le encontramos ninguna, al contrario”, explicó uno de ellos.
Romero, un obrero de Funsa desde 1962, fue militante de la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE), estuvo preso en el penal de Libertad entre 1975 y 1980 y a la vuelta de su exilio en Brasil condujo el gremio más fuerte de la corriente anarco-sindicalista y luego el proceso de reapertura de Funsa.
La ruptura y despido de opositores se produjo en 1991, pero la planta cerró en diciembre de 2002. Reabrió en 2005 con la presencia del entonces presidente Tabaré Vázquez y el intendente Ricardo Erhlich gracias a un préstamo del gobierno de Venezuela y a una relación comercial con el empresario José Bobre, ex presidente de Hebraica Macabi y propietario de Barraca San Martín.
La asociación de hecho entre una cooperativa de trabajadores en la que participan Romero, su esposa y su hijo Enrique está en proceso de disolución, explicó a Búsqueda el propio Enrique Romero.
Funsacoop y Bokos SA, la empresa de Bobre, están negociando cómo dividen los 90.000 metros cuadrados, las maquinarias y otros activos del emprendimiento de lo que quedó de la planta que fue propiedad de Pedro Sáenz y Saturnino Fernández, que en su nueva etapa pretende acogerse a los préstamos Fondes para empresas recuperadas por los trabajadores (ERT, ver recuadro) mientras que los planes de Bobre son hacer en el predio un shopping de la construcción.
“El Moco”.
“Le decían Moco de forma despectiva, porque no servía para nada”, relató uno de los que cuestionaron la designación al frente de la Dinatra.
“Tengo la sensación que salvo el presidente, algunos diputados y senadores y alguna gente amiga, todavía no creen en las empresa recuperadas” había dicho el propio Romero a Voces.
Romero sostuvo que “el papel del gobierno de (Hugo) Chávez ha sido fundamental. Por eso cuando uno habla de los venezolanos hubo cosas buenas y cosas malas, pero también ayudaron a muchas empresas a generar que hoy (…) tengan casi tres mil trabajadores”, expresó.
A pesar de que muchos de sus ex compañeros de la corriente anarco-sindicalista y del MLN tienen serios reparos acerca de su conducta, Romero, que se afilió al PS, no reniega de sus orígenes. “Creo que (el anarquismo) es la forma de vida que cada uno ha tenido y porque le doy valor a cosas muy importantes como la libertad y la solidaridad”, expresó en “Voces”.
De hecho, la planta donde funciona la cooperativa en sociedad con Bobre lleva el nombre de León Duarte, el principal dirigente de la ROE, que está desaparecido en Argentina desde 1976.
Pero la designación de Romero en un cargo del gobierno del Frente Amplio provocó una pequeña tormenta en Villa Española, el barrio donde está ubicada la histórica fábrica.
“Buscamos esclarecer por qué un sindicato pilar y emblema de las luchas populares en el país fue puesto primero de rodillas y luego pasó a ser cómplice y medio para la persecución ideológica y superexplotación económica de los trabajadores haciendo punta en el proceso de flexibilización que caracterizó la década de los 90. Existe un tema ético. Esta persona abandona el campo popular para, destruyendo su organización sindical y persiguiendo a sus compañeros, jugar a favor de los más poderosos intereses”, sostienen los denunciantes.
Para este grupo de ex sindicalistas de Funsa, Romero es “un individuo que se pasa a las filas del enemigo, que se convierte en verdugo de sus propios compañeros”, y pasando a “un modelo de cooperativa con patrón, Funsa Uruguay manejado por la familia Romero en un descarado y claro abuso de la solidaridad de sus propios trabajadores y del apoyo internacional, hoy es devenido en una fábrica semiabandonada”.
“Sindicalismo argentino”.
Los ocho sindicalistas de Funsa (además del ex secretario general Pereyra, Cebey y De Negri, firmaron Néstor Peralta Larrosa, Erin Vázquez, Robert Figueredo, Antonio Martínez y Juan Correa) acusan a Romero de “inmoral”.
“¿Hasta cuando se va a avalar y premiar a los inmorales y oportunistas como Romero que comprometen la gestión del conjunto? ¿Hasta cuándo intentaremos eludir nuestros propios errores y confundir a nuestra sociedad santificando personas o prácticas que no solo no realizaron ningún milagro sino que es claro que conducen a nuevos fracasos, como la sacrosanta aureola de dirigente de nuevo tipo, experiente, combativo y reapertor de fábricas que se viene construyendo acerca del Moco?”.
Cebey dijo que Romero “fue un tenaz perseguidor de los trabajadores” y que “pasaron 20 años y no ha cambiado nada. (...) Fui un militante sindical, un obrero que Funsa quiso conservar y resulté despedido porque integraba una corriente opositora. Por eso fui perseguido tanto por Romero como por la empresa. Y para lograr esos objetivos, Romero utilizaba las prebendas que le otorgaba la empresa. Así fue construyendo su prestigio. Fuimos 42 despedidos el mismo día, por una resolución avalada por una asamblea (en 1991). Entre los despedidos estaba la totalidad de los dirigentes de la lista opositora: y Carlitos Pereyra, perteneciente a la lista 1, pero renunciante a integrarla por tener serias discrepancias con las prácticas sindicales de Romero. (...) Era, para definirlo, un sindicalismo muy parecido al argentino”.
En la entrevista con “Brecha”, Pereyra sostuvo que “Romero desarrollaba esa política siempre acusando a alguien, siempre buscando a quién caerle, estaba preparado siempre para pegarles a los que pensaban distinto. En la época anterior a la dictadura, el Moco era el jefe de la patota para pegarles a los comunistas cuando molestaban en las asambleas. Y en la asamblea decisiva de 1991 formó una patota para neutralizar a Julio Rosa. Julio, que había sido preso político por el MLN y un militante sindical de toda la vida, debió ser sacado en ambulancia de la fábrica”.
Para justificar el silencio de más de dos décadas argumentan: “Era un momento difícil, se había desmoronado el bloque socialista, el Partido Comunista se dividía, el gobierno de Lacalle arremetía con la flexibilización laboral, debatir esta infamia era debilitar al movimiento sindical. Por eso no hablamos hace 20 años; y lo hacemos ahora porque el responsable de esa infamia ocupa un cargo de gobierno clave en la relación con los trabajadores”.
Los denunciantes de Romero sostienen que el desarrollo de un “polo industrial alternativo” en el viejo predio de Funsa, incluyendo la reutilización de cubiertas y mallas de acero, un proyecto promocionado por el gobierno, es “una oportunidad invalorable para poner en marcha otro modelo de producción que no sea elegir un patrón y ponerse a sus órdenes, (…) lo cual es impensable estando Romero”.
Mientras Luis Romero hasta ahora no ha hablado públicamente del tema, su hijo Enrique dijo a Búsqueda que “ni siquiera” leyó las declaraciones, porque está “en un tema muy importante que es la independización del socio y conseguir futuros mercados” para la empresa, que tiene paralizada la producción de neumáticos al menos hasta junio.
Por su parte, el veterano dirigente anarquista de Funsa, Edí Cabeda dijo: “Me afilio a la posición de Carlos Pereyra”.
Información General
2012-05-10T00:00:00
2012-05-10T00:00:00