Falta poco para la caída del sol. Este miércoles, poco después de las cinco de la tarde, en la esquina formada por las calles Soriano y Ejido, Yamil Ahmad y Omar Abdelahdi Faraj miran de reojo el reloj del estacionamiento para calcular cuánto tiempo falta para terminar, por este día, el ayuno de la celebración musulmana del Ramadán que dispone no ingerir alimentos mientras haya luz solar.
El empresario dice que se instaló también en Montevideo hace menos de dos años, pero por sus propios medios y que no tiene ninguna relación con Mujica. Contó que es de origen kurdo y que eligió Uruguay para huir de la guerra y ofrecer una vida tranquila a su familia, compuesta por su esposa y ocho hijos. Y está contento con la decisión que tomó en el Líbano, aunque le decían que era una locura elegir Uruguay en lugar de un país europeo.
Omar también parece satisfecho. Sonríe y en un aún limitado castellano dice que está ilusionado con obtener el carné de conducir autos y motos. Su caso es diferente al de Yamil; no llegó de forma voluntaria sino que bajó en el Aeropuerto de Carrasco de un avión militar estadounidense esposado de pies y manos y vistiendo aún el uniforme naranja de la cárcel creada en 2002 en la base estadounidense en Cuba.
Luego de haber recibido el apoyo del Pit-Cnt, acampado frente a la Embajada de Estados Unidos y pasado por las diferentes etapas de cualquier ex preso obligado a vivir en el extranjero, los seis de Guantánamo avanzaron en el proceso de inserción.
Omar se mantiene soltero y Jihad Ahmad Diyab espera reunirse con su familia, que está en Turquía. Los otros cuatro, que no habían formado familia cuando cayeron presos, se unieron a uruguayas. Dos de ellos tuvieron problemas de violencia doméstica y les fueron colocadas tobilleras para evitar contacto con sus ex parejas.
El hombre de las muletas.
El miércoles 15, el programa “Santo y seña” de Canal 4 informó que el más mediático de los seis ex presos de Guantánamo, el sirio Jihad Diyab había dejado el país rumbo a Brasil.
Seguir a un hombre corpulento, vestido con ropa poco común y que se desplaza con ayuda de muletas no parece en principio una tarea muy difícil para cualquier agencia.
El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, sin embargo, se apresuró a aclarar que ninguno de los seis ex presos tenía limitaciones para trasladarse fuera de fronteras, salvo las que les impusieran los países de destino.
“Pueden salir del país cuando quieran. Uruguay no les impide la salida del país, lo que tienen que tener es alguien que los reciba”, insistió Bonomi, aunque fuentes relacionadas con el caso aseguran a Búsqueda que el ex canciller Luis Almagro se vio obligado a firmar un compromiso secreto de permanencia de dos años en el país, que se cumple a fin de este año.
Por su parte, un funcionario estadounidense dijo a Búsqueda que su gobierno está “al tanto de la información de que puede haber viajado de Uruguay a Brasil”. El funcionario agregó que “estamos en contacto directo con autoridades de Brasil y Uruguay sobre este asunto”.
El propio Bonomi, a la salida de un almuerzo en ADM, confirmó a la prensa que el gobierno estadounidense le había demandando información.
“La administración de Obama está llevando detenidos peligrosos a países que sabe que no pueden manejarlo. Lo vimos en todo el planeta, desde Afganistán, una zona activa de guerra, a Ghana, un país con recursos de seguridad limitados. Y ahora, en Uruguay, un yihadista desapareció en la vecina Brasil”, dijo el senador republicano Ed Royce, según informó Montevideo Portal.
El caso de este ex preso con muletas fue siempre diferente. Desde el comienzo, explicó Leonardo Duarte, designado por el Pit-Cnt para acompañar a los ex reclusos durante los primeros meses, Diyab se aisló del resto.
Eso explicaría, según fuentes de organizaciones de derechos humanos, que hubiera desaparecido cuando comenzó el Ramadán.
Jorge Voituret, integrante de la directiva del Museo de la Memoria, explicó que en la cultura de Diyab el contacto con musulmanes en el Chuy o Rivera, donde aseguran sus allegados que se encuentra en estos días, ayudaría a su recuperación física y psíquica.
Mientras las autoridades uruguayas guardan un severo silencio, varios medios brasileños, entre ellos “O Globo”, “Isto E” y “Veja” llamaron la atención acerca del viaje del ex preso a Brasil.
“Veja” informó a sus lectores que el ex preso que cumplió pena por sus vínculos con Al Qaeda “está viviendo en Brasil”. La revista había informado que Diyab había sido detenido en Pakistán luego de haber tomado parte en operaciones de Al Qaeda en África y actuado como reclutador en Europa.
“El ex presidente José Mujica se comprometió a cuidar a los terroristas. Pero su populismo explosivo ayudó a un extremista a ingresar en territorio brasileño” sostuvo el artículo de Veja.
Voituret, sin embargo, está convencido de que el ex preso de Guantánamo no representa ningún peligro, que está en Rivera y que regresará a su apartamento de Montevideo, dispuesto para recibir a su familia que espera en Turquía, una vez terminado el Ramadán, que finaliza el 6 se julio.
Dos versiones de la inserción.
La responsabilidad directa en el trato a los ex presos de Guantánano fue asignada al Ministerio de Relaciones Exteriores. Este a su vez delegó en la ONG Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (Sedhu). La directora de Derechos Humanos de la Cancillería, Alejandra Costa, y el nexo y punto focal del gobierno con los seis ex detenidos, Chistian Mirza, dijeron a Búsqueda que están conformes con el trabajo que realiza la organización en el cumplimiento del contrato para asistir en materia de salud, vivienda y medios de vida a los seis ex detenidos. Sin embargo, para Voituret, el Sedhu retacea los recursos del gobierno y los distribuye de manera no equitativa.
“No ha habido un acompañamiento, no se cumplió con el convenio”, explicó este ex preso político uruguayo que a su vez destacó la solidaridad recibida de parte de profesionales de la salud y de diferentes personas para solucionar los múltiples problemas que afrontan los ex reclusos.
El ex presidente Mujica, principal promotor de la llegada de los ex presos, quiso entusiasmar a otros gobiernos del continente con la idea pero salvo El Salvador, ningún otro país latinoamericano aceptó correr el riesgo.
Información Nacional
2016-06-23T00:00:00
2016-06-23T00:00:00