Nº 2178 - 16 al 22 de Junio de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUn líder político frente a cámaras y micrófonos, con gesto serio, voz pausada y la intención de mostrarse lo más convincente posible. “No son tiempos electorales”, dice. “Ya llegarán esos días y hablaremos pero ahora estamos concentrados en otros asuntos”, apunta. Luego cambia de tema, lleva la conversación a otros terrenos y sigue evadiendo todas las preguntas referidas a las futuras elecciones.
Pocas escenas se repiten tanto como esa. Año tras año, período tras período, siempre hay alguien diciendo lo mismo, casi con las mismas palabras. Cambian los protagonistas pero el contenido es igual. Absolutamente invariable. Y mentira. Hay pocas mentiras en política tan grandes como esa.
La dicen desde el oficialismo y también desde la oposición, aunque suelen ser los opositores los que más adelantan la campaña. Los que tienen la responsabilidad de gobernar tratan primero de hacer y después de mantenerse. Pero los otros, desde el llano, tienen más tiempo para concentrarse en las urnas. No importa quién esté en el poder, eso trasciende a los partidos. Al menos en Uruguay y en muchos países con democracias sólidas.
El problema es que esa es una cuestión de los políticos y no tanto de los ciudadanos. Los segundos, los que luego tendrán que ser convencidos y definirán las elecciones, suelen tener prioridades muy distintas. De a quién votar se preocupan unos meses antes, salvo los muy militantes, que ya tienen el voto definido desde siempre.
En esta oportunidad es el Frente Amplio el que está en la oposición, que dice que todavía falta mucho para los tiempos electorales, pero que no hace otra cosa que buscar la forma de sumar la mayor cantidad de votos posibles día tras día. Los otros partidos también lo hacen pero de una forma todavía desordenada y no generalizada. Ni se sentaron a la mesa mientras sus adversarios ya están degustando el plato principal.
A las pruebas me remito. Prueba 1: el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, inició semanas atrás una gira por cientos de pueblos y localidades del interior uruguayo, una actividad típica del año electoral. A su vez, instaló un grupo de seguimiento de la actual administración para dejar en evidencia los “incumplimientos de campaña”, según informó Búsqueda hace dos semanas. Como si eso fuera poco, en la mayoría de sus apariciones habla del “modelo fracasado” que aplica el gobierno. Por más que todavía resta la mitad del período, el presidente de la principal fuerza opositora ya está dando como un hecho el fracaso, como forma de hacer crecer electoralmente a la alternativa.
Prueba 2: todos los últimos movimientos del sector más socialdemócrata o de centroizquierda dentro del Frente Amplio parecen pensados para el 2024. Según lo difundido por varios medios, los dirigentes de los grupos que antes conformaban el Frente Liber Seregni han estado muy activos las últimas semanas, con varias reuniones en paralelo, y en todas ellas el tema de la próxima campaña electoral estuvo arriba de la mesa.
Públicamente, varios de ellos dicen lo contrario. No son tiempos electorales, repiten mientras siguen contando votos. El “astoribergarismo”, como les denominó con inteligencia el líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, está en un dilema. Varios de ellos quieren promover a un candidato presidencial propio en las elecciones internas del Frente Amplio pero temen que eso implique favorecer a una de sus principales oponentes, la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, en detrimento de alguien con el que sienten más afinidad: el jefe comunal de Canelones, Yamandú Orsi. Dilema más electoral que ese, difícil.
Prueba 3: los comunistas suelen tener un rol importante dentro del Frente Amplio. Electoralmente no están en los primeros lugares en las elecciones nacionales pero sí cuentan con mucho peso en la estructura y lo hacen sentir. Siempre es bueno fijarse en ellos cuando se quiere saber en qué situación se encuentra la coalición de izquierda. Y los comunistas también están en campaña.
En los hechos, de ellos depende en gran medida que haya elecciones internas dentro del Frente Amplio y la cantidad de postulantes en esa instancia. Para poner como ejemplo un escenario hipotético: los comunistas acuerdan con Orsi postular a uno de sus principales dirigentes, Óscar Andrade, a la intendencia de Canelones y no apoyar una candidatura presidencial de Cosse. La intendenta de Montevideo decide entonces sellar la fórmula presidencial de antemano, sin competencia en las urnas, como segunda de Orsi y en compensación todos ellos promueven a Mario Bergara como candidato único a intendente de la capital. De esa forma se evitan las elecciones internas y ahorran dinero y energía para las nacionales. Tan lejos de la realidad no está esa jugada porque la he escuchado de algunos dirigentes políticos de primera línea durante los últimos días.
Prueba 4: tanto Orsi como Cosse se muestran juntos y en sintonía cada vez que una actividad pública se los permite. Llegaron incluso a darle una entrevista conjunta a la diaria cuando varios comentaban por lo bajo sobre la supuesta mala relación que había entre ambos. Empezaron a cuidarse, a retroalimentarse, a mostrarse como alternativa. Iniciaron además rondas de contactos con representantes de distintos sectores y partidos políticos como forma de ir preparando el terreno para el largo 2024 que les espera.
Prueba 5: más allá de algunos episodios y legisladores puntuales, son muy pocos los dirigentes de primera línea del Frente Amplio que critican a Cabildo Abierto y al Partido Colorado. Casi todos los cuestionamientos se centran en el Partido Nacional y sus figuras principales. Es más, luego del episodio del campo vinculado al Instituto de Colonización y perteneciente a Manini Ríos, a su esposa, la ministra de Vivienda, Irene Moreira, y a su suegro, todavía muy confuso y sin resolución, el Frente Amplio ha resuelto hacer un llamativo silencio. Es raro porque si el involucrado fuera otra persona, de otro partido, lo más probable es que ya hubiera habido instancias parlamentarias, denuncias públicas y capaz que hasta alguna judicial. Pero el Frente Amplio parece haber definido otra estrategia, está cabildante (valga la redundancia), pensando en la posibilidad de ganar las próximas elecciones sin mayoría parlamentaria y cuidando eventuales aliados.
Hasta ahí los hechos dentro de la oposición. En la vereda de enfrente, algunos de los generales oficialistas empezaron a hablar públicamente y también entre ellos sobre 2024 pero en la tropa hay mucho ruido. Todavía parecen como perdidos y por eso están quedando atrás, por varios cuerpos. Deberían tener en cuenta que esto es una maratón, no una carrera de 100 metros.