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    Un gobierno que reforma la seguridad social “no tiene ninguna virtud” porque las soluciones son “de responsabilidad a futuro”

    Para el presidente del BPS “todos” están de acuerdo en aumentar la edad de retiro y discutirlo es “más de hinchada que de fondo”; jubilados “miran el tema en la tribuna”

    La reforma previsional que se prevé discutir en el Parlamento este año es una “oportunidad” que tiene el Banco de Previsión Social (BPS) de “barajar y dar de vuelta”. Alfredo Cabrera —el presidente del organismo desde octubre— cree que a partir de esa futura ley el instituto va a comenzar a “construir procesos” en torno a la gestión, para ser más “transparente” y cercano a los usuarios.

    Cabrera considera que “no hay nadie que pueda estar en contra” de aumentar la edad mínima de retiro a 65 años, como recomendó la comisión que elaboró propuestas de reforma. Y advierte: “Un gobierno que modifica la seguridad social no tiene ninguna virtud, excepto la responsabilidad porque no es nada que vaya a suceder en el corto plazo”.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista que el jerarca mantuvo con Búsqueda.

    —Planteó que el BPS tiene que ser “transparente” y “claro”. ¿En qué cosa nota que no lo es?

    —La falta de transparencia tiene que ver con la gestión. No es que el BPS no sea transparente por una decisión o por ocultar la información, sino porque muchas veces la burocracia y los procesos no son cercanos a la ciudadanía. No les puedo pedir a las personas que sean ellas las que se interioricen sobre cómo hacemos las cosas. Nuestra obligación es ser transparentes y que la persona tenga la certeza de que lo que hizo el banco es lo que tiene la potestad o la obligación de hacer. Eso se concreta con medidas de gestión (ver recuadro).

    — ¿El BPS llega tarde al uso de la tecnología?

    —La mayor inversión que realiza el BPS es en sistemas informáticos. La tecnología permite mejorar y optimizar recursos. Además, el BPS va a tener a todos sus usuarios nativos digitales, pero hoy no los tiene y el público es sumamente heterogéneo. Entonces, ¿hay un solo BPS? Sí, pero que atiende realidades muy diversas. La tecnología no soluciona todo. La cercanía muchas veces es física. Razonemos desde el interior: hay pueblos que no tienen ni Banco República ni red de pagos privada. Entonces, ¿cómo se paga una jubilación en ese lugar? Vamos a pagarla, hacemos giras de pago. Tenemos 11.000 personas que cobran mes a mes de esa manera. Uno se debe entusiasmar con la tecnología, pero sin perder de vista que muchos de nuestros beneficiarios son personas que no tienen cercanía con la tecnología.

    —El nuevo director por las empresas, José Pereyra, dijo que en las giras que hizo por el interior encontró que había una mala imagen del BPS y lo definió como un organismo “distante”, “frío” y de lo más “rancio” que tiene el Estado. ¿Qué le parecieron esas declaraciones?

    —Hubo una campaña electoral y, como es lógico, me mantuve al margen. Espero tener una gran colaboración de todos los directores para hacer, justamente, un BPS mejor. El objetivo es el mismo para todos: mejorar la atención del banco.

    —Pero la campaña ya terminó y es director del banco.

    —Tenemos (por el Directorio de ayer miércoles) un orden del día de 56 puntos. Son los temas que tenemos que resolver para adelante.

    —Esa mala imagen que Pereyra cree que hay, ¿la nota usted también?

    —El BPS, en algunos aspectos, tiene una imagen inferior, o peor, a la realidad del banco. Todos los temas se unen: por eso tenemos que ser más transparentes y cercanos. Las quejas que recibimos no necesariamente son representativas, pero no niego que tenemos mucho para mejorar. Es muy amplio el público que atendemos. El uruguayo da por bueno que el banco le va a pagar, no se cuestiona la posibilidad de que eso no ocurra, lo que es un valor. Nuestro sistema es fuerte, sólido, con desafíos en el horizonte a mediano y largo plazo, pero funciona.

    — ¿En el BPS hay “veneno” contra los empresarios, como Pereyra dijo?

    —No sé a qué se refería con esa expresión. El BPS actúa en el marco de la ley. No cobramos las multas y los recargos que alegremente define un director. Cobramos las que el Parlamento, democráticamente electo, fijó. En algunos aspectos es muy acotado nuestro accionar, lo que es lógico. Manejamos dineros públicos, ¿puedo yo hacerle una quita a usted en su deuda? Sí, si la ley me lo permite y en los términos que me lo indica.

    — ¿Es posible bajar el déficit en el corto plazo?

    —El déficit es por el desequilibrio del sistema. Para bajar el aporte que realiza el Estado se debe ir a medidas de fondo como es una reforma. El presupuesto (operativo) del BPS en relación al balance global es un 2%. ¿Se puede mejorar la gestión? Claro que sí, pero no tiene que ver con los grandes números del déficit de la seguridad social.

    — ¿Qué opina de las recomendaciones que hizo la Comisión de Expertos en Seguridad Social (CESS)?

    —En líneas generales las compartimos. Muchas de las recomendaciones que la comisión toma son fruto del intercambio con el banco.

    — ¿La de aumentar la edad también?

    —No hay nadie que pueda estar en contra del concepto porque es un dato a partir de las expectativas de vida y cómo han evolucionado desde que se fijó esta edad hasta hoy. Hay otra vida. Hay todo un fenómeno de la economía plateada, de las personas mayores haciendo cosas, siendo consumidores y productores. En los uruguayos, el promedio de retiro es a los 62,5 años. Me parece que son discusiones que terminan siendo más de hinchada que de fondo. De fondo estamos todos de acuerdo en que aumentar la edad jubilatoria es razonable y más de la forma que está planteado en la comisión, con un proceso de transición donde no se le toca ningún derecho a las personas que ya están jubiladas.

    —El PIT-CNT, la organización de jubilados y el Frente Amplio votaron en contra de las recomendaciones y uno de los argumentos fue que no se puede aumentar la edad “al barrer” porque algunos grupos —como trabajadoras domésticas y de la construcción— no están en condiciones de extender el tiempo de trabajo. En las recomendaciones no hay una diferenciación para estos grupos. ¿Qué opina sobre estas consideraciones?

    —Las consideraciones pueden ser bienvenidas si hay un proyecto con fundamentos que demuestre que eso es así. No hay a nivel internacional estudios de sistemas comparados que lleguen a soluciones de este tipo. Si hay una idea... las recomendaciones son recomendaciones y el proyecto se va a discutir en el Parlamento.

    —Las actividades son diferentes, no es lo mismo un trabajo de oficina que ese tipo de tareas.

    —La media, sin distinción, es 62,5. No es 60. Si se demuestra que hay un tipo de trabajo al que lo afecta, se puede analizar un sistema así. No existe hoy. Con esa lógica podríamos decir: ¿y por qué a los 60?

    —La edad de retiro a los 60 se fijó en 1925, cuando los trabajos eran distintos.

    —Pero nadie en estos años ha planteado que a los 60 deberían jubilarse unas personas y otras antes. No existe eso. Es una discusión más de tipo dialéctica que sustancial, porque la vamos a discutir a los 65, 60 o 55. Siempre va a haber personas que realizan tareas distintas. Si porque hay una tarea distinta, hay que jubilarse a edades distintas, sería válido en cualquier corte. De todas maneras, la jubilación no es un problema para los que estamos en la edad mía. Los jubilados, a este tema, lo miran en la tribuna. Ya se jubilaron, y no tienen nada para ganar ni para perder en la modificación de la edad jubilatoria. En todo caso tienen para ganar, si el sistema tiene más solidez a futuro. El problema de la seguridad social a largo plazo es para las personas jóvenes y de mediana edad, que son las que tienen que tener certeza que dentro de 30 años el sistema va a ser tan fuerte como hoy. Seguridad social parece un tema de viejos, de veteranos, y en realidad tiene prestaciones de pasividad y de actividad. Es un sistema que corta a la sociedad en todo el conjunto, pero en la esencia, la jubilación tiene que preocupar a los activos, que son los que tienen que tener una cobertura a futuro. Un gobierno que modifica la seguridad social no tiene ninguna virtud; son soluciones para adelante, de responsabilidad a futuro.

    — ¿Cómo va a trabajar el BPS en la implementación de la reforma?

    —Todos estos procesos son un desafío y una gran oportunidad. En vez de modificar, vamos a construir procesos nuevos a partir de la ley. Lo veo con responsabilidad, porque seremos un actor principalísimo. Si (los sistemas) se van a unificar, vamos a tener un rol de asesores previsionales y que mejorar enormemente nuestra capacidad de asesoramiento. En vez de emparchar y arreglar procesos que ya están corriendo, vamos a hacer procesos y desarrollos nuevos.

    —Un tema que había planteado el anterior presidente del BPS, Hugo Odizzio, fue el de ir hacia una “fiscalización del futuro”, ¿se avanzó en este asunto?

    Contratamos una consultoría con el Banco Mundial y estamos por llegar a la entrega de sus conclusiones. La fiscalización del futuro ya llegó. Yo fui inspector general de Trabajo en la década del 90 y no hay punto de comparación entre los medios tecnológicos y la información que tiene el Estado hoy con lo que tenía 30 años atrás. Aquella vieja práctica de hacer actuaciones conjuntas, de que saliera gente corriendo con un librito abajo del brazo donde anotaba lo que pagaba en negro ya no es real. Hay una nueva inspección, hay algoritmos, inteligencia artificial; desviaciones que te permiten saber dónde pudo haber fraude y evasión. Lo que tenemos arriba de la mesa es que empiezan a haber nuevas formas de trabajo, de relaciones laborales o de trabajadores independientes y el desafío es llegar a esas formas, no para inspeccionarlas sino para incorporarlas al sistema si no se incorporaron.

    —El año pasado el BPS hizo una denuncia a El Tanque Sisley por maniobras con los “seguros de paro”. ¿Han encontrado situaciones similares?

    Sí, hemos hecho denuncias penales, aunque no en el deporte. Hubo algunas gestorías en Cerro Largo, en las que hubo procesamientos por la creación de empresas ficticias para cobrar “seguros de paro”. Cuando estamos ante un fraude, nuestra posición es irreductible. No nos interesa el dinero, no hay un convenio que solucione el problema.

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