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    Un “paraíso” en seguridad de donde el jefe de Policía no quiere irse

    Flores, el departamento con menos hurtos, rapiñas y homicidios del país

    Antes de iniciar todos los días a las 14:30 su jornada laboral, el comisario general retirado Walter Menéndez recorre uniformado las calles de Trinidad. Aunque fuera del horario de trabajo está autorizado a vestir de civil, prefiere que los vecinos lo reconozcan como el jefe de Policía de Flores en un cara a cara que realiza rutinariamente para “andar por los mismos lugares” y “no estar ajeno de lo que le pasa” a la población. Con la misma naturalidad recibe a quien lo desee en la Jefatura, donde el camino hasta su despacho es corto y libre de porteros o recepcionistas que funcionen como filtro antes de golpear su puerta. “Si yo no me siento seguro acá, ¿qué queda para la gente de afuera?”, argumenta Menéndez para explicar la falta de funcionarios policiales a su alrededor.

    “Están todos en la calle”, agrega al mencionar lo que personalmente considera que es la principal razón para que el departamento tenga los índices más bajos de homicidios, rapiñas y hurtos de todo el país, de acuerdo al informe cerrado del año 2018 presentado por el Observatorio nacional sobre violencia y criminalidad del Ministerio del Interior. Aunque a nivel ministerial atribuyen esas bajas cifras al tamaño de Flores (5.144 km² de superficie y 26.513 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística basados en el censo de 2011), Menéndez cree que lo básico pasa por desplegar más del 90% de los policías en la calle.

    Asumió el cargo el 1º de abril de 2017 y su objetivo inmediato fue profundizar la reorganización operativa ordenada desde el Ministerio para expandir la mayor cantidad de móviles y personal en todo el territorio del departamento, con el objetivo de lograr una mayor disuasión de los delitos y auxilios más rápidos a las emergencias de los ciudadanos. De esa forma se estableció en Flores un Grupo de Respuesta Táctica (GRT) y una unidad de respuesta policial similares a las que funcionan en Montevideo.

    “Nuestra estrategia contra la inseguridad es sacar el máximo del personal a la calle porque el problema lo tenemos en la calle. Hay que estar en la calle y hacer control, control y control”, dijo Menéndez a Búsqueda. En esa línea, la Jefatura del departamento se caracteriza por un constante monitoreo de personas, vehículos y locales comerciales, dentro de los parámetros de la Ley de Procedimiento Policial y del nuevo Código del Proceso Penal, al que Menéndez no critica, al contrario que la mayoría de los estamentos policiales. “Todo el mundo lo culpa y yo entiendo que no, porque con el código igual pedimos documentos de identidad, igual hacemos controles de centros nocturnos, de automóviles, de motos...Nada de andar a los palos, todo de acuerdo a la ley, pero si hay gente que pide plata ya se la identifica, y si hay autos que no se conocen también se identifican”, dice.

    Con nueve comisarías en todo el departamento, el patrullaje se desarrolla individualmente en Andresito, Cardona, Ismael Cortinas, Juan José Castro y La Casilla, y se divide por zonas en Trinidad, organizado por un mapa que establece los barrios y los horarios calientes para no patrullar sin “ton ni son”. El mapa arroja que desde las 16:00 y hasta las 0:00 es cuando se cometen más delitos y que existen dos zonas conflictivas de contexto crítico ubicadas a la entrada de la ciudad desde Montevideo, detrás del Parque Centenario.

    La Jefatura del departamento cuenta con un total de 262 efectivos, de acuerdo al último informe sobre vínculos laborales en el Estado elaborado por la Oficina Nacional del Servicio Civil. Aunque no está claro cuántos de ellos prestan servicios administrativos o técnicos y cuántos tareas de seguridad, el número arroja 988 policías cada 100.000 habitantes, una tasa superior si se compara con las Jefaturas de Montevideo (190 policías cada 100.000 habitantes) y la de Treinta y Tres (798 policías cada 100.000 habitantes), el departamento que lo sigue en cantidad de población.

    Las joyas de la abuela

    El año pasado Flores fue el lugar con menos homicidios del país: cero. Fue además el que más los redujo respecto a 2017 (de tres a cero), el que tuvo menos rapiñas (15) y el único que logró disminuirlas luego de tener 19, en 2017.

    Una de esas rapiñas tuvo alcance nacional: el robo hace poco más de un año de US$ 28.655 y $ 503.800 a una sucursal del Scotiabank, ubicada a metros de la Jefatura, bajo la amenaza armada de dos hombres al gerente del banco y al guardia de seguridad. Menéndez admite que “gracias a Dios” no tuvieron más episodios similares y que la Policía del departamento no ha permitido la creación de grupos criminales vinculados a la droga o los grandes robos de dinero. “A nosotros nunca nos han podido dar en los cajeros automáticos porque se hizo un sistema donde continuamente los patrullajes salen y entran en los cajeros. Algunos dicen que es una pérdida de tiempo tener un móvil ahí, pero cada cinco o diez minutos lo tenemos”, esgrime.

    Flores sí ha sufrido con los hurtos, que aumentaron 28,6% de 2017 a 2018 y se ubicaron en 783, aunque aún lejos de Florida y Río Negro, los departamentos que lo siguen en menor número de hurtos, con 1.583. El problema de inseguridad más importante que tiene el departamento es justamente el hurto de bicicletas, principalmente bicicletas de carrera o de montaña cuyo valor supera los US$ 1.000.

    La hipótesis de la Policía es que las roban y las trasladan a Durazno, un departamento lindero al noreste que las autoridades locales observan con preocupación: están atentos al movimiento del delito que puede desembocar en Flores —como las bicicletas o el abigeato— y a los prisioneros que son liberados de su cárcel departamental.

    Para combatir el abigeato se creó un departamento de seguridad rural que con camionetas 4x4 y visores nocturnos trabaja en zonas rurales. Con un mayor patrullaje destinado además al robo de bicicletas, en los primeros cuatro meses del año Flores logró reducir el 25% de los hurtos y el 44% del abigeato respecto al mismo período de 2018.

    Las cifras animan a Menéndez y reafirman su posición de que se trata de un sitio único en Uruguay. “Esto es un paraíso, es un paraíso”, dice sobre Flores y su seguridad. Tiene con qué confrontarlo: entre otros cargos, fue jefe de la zona operativa 2 de Montevideo y director general de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas. A sus 62 años de edad y con 44 de trayectoria, cree que “capaz como premio” le ofrecieron ser jefe de Policía en Flores, departamento de donde no piensa irse cuando en febrero de 2020 se retire del puesto. “Sinceramente, es un lugar que tiene que cambiar mucho, mucho, mucho para que se transforme en algo bravo”, razona.

    Pone como ejemplo lo sucedido en la Semana de Turismo en el ecoparque Tálice, uno de los sitios más visitados del departamento. “Hubo siete mil personas por día y no hubo ni un hurto, ni una denuncia, y los vidrios de los autos abiertos, y los bolsos a la vista...”. Añade que en lo que va del año el único robo que se “salió de lo común” fueron “unos cuchillos y unas joyas de la abuela”.

    “Son cosas menores, pero hay problemáticas más graves que al apretar Montevideo pueden salir para el interior”, advierte sobre el asalto al Scotiabank. “En el interior no podemos quedarnos dormidos porque en cualquier momento te la pegan”.

    Información Nacional
    2019-05-09T00:00:00

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