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Existe un concepto muy manido y tan viejo como los primeros excrementos de la humanidad, que dice que hay solo dos o tres historias y luego montañas de variaciones sobre esas historias. En realidad, todo se trata de cierta forma de amor, odio y conquista en una clave que alterna las proporciones líricas y épicas, que incluye aventuras por agua, mar y tierra, algún momento de gloria y, por supuesto, la inevitable caída o la muerte. Y así fue desde “La Ilíada” en adelante, por tomar uno de los primeros best sellers de la biblioteca universal.
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Saltando unos milenios hacia acá, las películas policiales o de ciencia ficción también hablan de una forma de amor, de odio y de conquista. Y el resto son variaciones. En “2001, odisea del espacio” (1968), los monos en primer lugar y el hombre después demuestran un profundo amor por el conocimiento, simbolizado en ese monolito negro. Y se lanzan a la conquista primero de un charquito de agua, después de la Luna y finalmente de Júpiter, que contiene la posibilidad del infinito e incluso más allá. Otro tanto ocurre con “Blade Runner” (1982) y con los escarceos de amor y odio entre humanos y replicantes. Y así con todos los ejemplos que se puedan recordar.
Por eso no es necesario buscar algo estrictamente nuevo en Looper: asesinos del futuro. Como en todos los órdenes de la vida, están los buenos y los malos, los tiros y las explosiones, las adicciones (esta vez son gotitas mágicas para los ojos), las motos que vuelan, las armas de inusitado calibre y la gente rara, un diez por ciento de la población, que ha desarrollado el poder de la telequinesis y mueve monedas o encendedores para su propia diversión.
Nuestro héroe —a quien acompañaremos hasta el final en su apasionante gesta, que incluirá momentos líricos y en especial épicos y violentos— es un asesino a sueldo, pero esta vez debe aniquilar la escoria que le envían desde el futuro, porque estamos en un mundo donde ya se han inventado los viajes a través del tiempo, aunque son ilegales.
Que podamos viajar al pasado implica una serie de situaciones delicadas por aquello de que si variamos lo más mínimo, si cortamos el pastito o si pisamos la hormiguita, luego se desencadenará una tormenta de ADN que afectará al futuro todo, y así los pastitos se convertirán en selvas agresivas y las hormigas gigantes someterán al hombre a la más terrible de las esclavitudes.
Además, los viajes en el tiempo provocan curiosos encuentros metafísicos, donde uno puede hablar con uno mismo y darle consejos, porque es viejo y tiene delante a un joven rebelde sin experiencia que cree saberlo todo.
Lo que no varía es el amor: por más asesinos y más dinero que haya en juego, siempre una veta afectiva terminará guiando nuestras acciones, ya nos pongamos en el lugar de Joseph-Gordon Levitt o de Bruce Willis, dos sujetos de armas tomar.
También en Looper... hay sorpresas y efectos especiales, que sin ser originales están muy bien dosificados. Los niños pueden estar más evolucionados de lo que uno cree, pueden ser más inteligentes que los adultos e incluso más malignos. Hace tiempo que Freud y Bradbury lo vienen advirtiendo.
Y todo este tablero onírico está narrado como si fuese un thriller o un western, con las solitarias casas al costado de los maizales, con los individuos que vemos avanzar a lo lejos pero de un modo incuestionablemente amenazante, con el temor a que no puedas cumplir con tu trabajo y que las consecuencias sean nefastas, con el miedo a que te disparen o a que asesinen a tus seres queridos.
Con predilección por el diseño futurista en algunos momentos o por el clasicismo de las imágenes en otros, Looper... posee un buen ritmo, una muy cuidada y atractiva ambientación, actores de fuste (Bruce Willis tiene experiencia en esto de viajar en el tiempo) y una propuesta que, más allá de lo descabellado, mantiene en vilo al espectador como lo hacen las buenas historias que contienen los buenos libros o las buenas películas.
“Looper: asesinos del futuro” (“Looper”). EEUU-China, 2012. Dirección y guión: Rian Johnson. Con Joseph-Gordon Levitt, Bruce Willis, Emily Blunt, Jeff Daniels, Piper Perabo, Paul Dano, Noah Segan, Pierce Gagnon. Duración: 119 minutos.