La semana siguiente al inédito tiroteo en la Amsterdam se instaló una vez más la violencia en el deporte como el tema central de la agenda política y mediática. Se volvió a hablar de cámaras de reconocimiento facial, de si se hacen cacheos, de por qué la Policía no entra a los estadios, de tribunas de estadios como zonas liberadas, de dirigentes que facilitan entradas a hinchas peligrosos, de si se tiene que jugar el clásico sin público. Y cuando el eje estaba puesto en todo lo que desnudó ese enfrentamiento de barras, a los tiros en pleno partido, cayeron detenidos los hinchas de Nacional que balearon en Santa Lucía un mes antes. El tema se amplificó. La Justicia procesó a 15 parciales tricolores con prisión. Y el fútbol siguió. Peñarol jugó a puertas cerradas como sanción automática a los incidentes en el Centenario y el Ministerio del Interior comenzó a anunciar medidas para mejorar los controles en los estadios. Pero en la noche del viernes 4 de noviembre murió uno de los hinchas de Peñarol baleados en Santa Lucía. Y entonces aquellos disparos de la madrugada del 28 de setiembre hicieron que el fútbol se suspendiera otra vez.
Lo inexplicable y lo instalado.
El Ministerio del Interior está haciendo un trabajo de inteligencia en las barras del fútbol uruguayo. Lo hace desde al menos dos años. Y el centro de su investigación está puesto en integrantes de la hinchada de Peñarol a los que, según expedientes judiciales a los que tuvo acceso Búsqueda, se define como “banda de matones” que usan al club aurinegro como “fachada delictiva”. Informantes de la Policía y del Ministerio del Interior explicaron a Búsqueda que no ocurre lo mismo en Nacional, donde la seguridad interna ha sabido “controlar mejor” a las facciones más radicales de su hinchada.
Para la Policía el episodio de Santa Lucía, que terminó con un joven asesinado y dos heridos graves, es algo “menos explicable” y “aislado”, una situación que se desencadenó de manera espontánea. No lo atan a una práctica usual o sistemática de las barras tricolores. “Lo de la hinchada de Peñarol es algo del día a día, está instalado”, señaló una fuente policial. En el Ministerio del Interior tienen un organigrama de las barras de la Amsterdam. Consideran que hay dos referentes “fuertes” que encabezan a distintos grupos de hinchas: uno es Walter Gastón Sánchez, con al menos 15 hombres que le responden, y el otro es Fernando Rodríguez, alias “El Nandito”. Hace poco se sumó un tercer barra que está reclamando espacio, cuyo grupo aún es menor, y que tiene una “fuerte enemistad” con “El Nandito”.
La balacera fue parte de un ataque aún no resuelto por las autoridades, pero que se dio semanas después del episodio de los balazos en el baño de la Amsterdam. El herido en la tribuna es Bolívar Falero, “El Boli”, integrante de la barra Los Feos. Ese grupo, Los Feos, tiene buena relación con la facción que lidera “El Nandito”.
Una de las líneas de investigación de la Policía es la de una lucha interna entre barras para adueñarse del mayor espacio de poder en una tribuna donde “obviamente se cruza el tema del tráfico de drogas”. Además, ser visto como principal referente de toda la hinchada es un elemento de presión extra ante la dirigencia y los propios jugadores de Peñarol, admitió a Búsqueda un alto dirigente del club.
El terremoto en la hinchada de Peñarol determinó la renuncia de Julio Luis Sanguinetti a su cargo al frente de la Comisión de Seguridad del club. El presidente de Peñarol, Juan Pedro Damiani, evalúa ahora contratar al ex presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Ruibal.
El Comcar sin rejas o las FARC en Colombia.
El dirigente de Peñarol habla con Búsqueda pero no quiere que su nombre aparezca publicado. Lo primero que cuestiona es el sistema de barras a cargo de la seguridad en las tribunas, que surgió en el 2010 como iniciativa del Ministerio del Interior para que los propios hinchas controlen su tropa. En ese momento se resolvió retirar a la Policía de los estadios.
La primera experiencia de un referente de la barra a cargo de la seguridad en Peñarol estuvo en manos de Jorge Rivero, alías “Jorgito”, hoy alejado de la hinchada. Durante una reciente interpelación del senador colorado Pedro Bordaberry al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, se cuestionó el vinculo de “Jorgito” con la diputada frenteamplista Susana Pereyra, esposa de Bonomi.
“Encontré declaraciones de la señora del ministro contando entre risas que ella es amiga de Jorgito”, dijo durante la interpelación del jueves 27 de octubre. “Y resulta que dice: ‘Íbamos con una barra de amigos del Frente a un partido, y estaba ‘Jorgito’ que nos vio. Y le dije si nos dejaba entrar. Me dijo que sí. Pero le dije que venía con 20. Pasan los 20 porque son amigos de Susana’”. A Pereyra también se le ha cuestionado haber recurrido a su contacto con “Jorgito” para acarrear gente y lograr una mejor votación en una interna del sector Movimiento de Participación Popular (MPP). Sin embargo, durante la interpelación, Bonomi demostró que este barra integró listas de los partidos Nacional y Colorado. “No es un militante mío”, dijo Pereyra a Búsqueda. Y destacó que en su momento “Jorgito” fue “un referente positivo” para terminar con algunas situaciones de violencia en las barras.
El dirigente de Peñarol da fe de esta relación entre la diputada y el barrabrava. Y dice que le hace algo de “ruido”. “Siempre se habló de que “Jorgito” era una especie de ahijado de Susana, que ella intermediaba cuando había algún problema”, afirmó. Pereyra no tiene un cargo formal —nunca lo tuvo— en la institución pero “está en todos lados, aparece siempre”, acotó el dirigente, que siguió criticando la medida de darles protagonismo a los barras. “Al darles la seguridad lo que hiciste fue darles poder. Y ahora tienen un ejército. ¿Y cómo los parás?”, se preguntó. Dijo que “la cosa se desmadró” y estimó que hay una decena de grupúsculos de barras pugnando por su cuota de poder. “Esto es como las FARC en Colombia, que tenían terreno liberado para hacer lo que quisieran. Bueno, en Uruguay esa zona liberada está en la Amsterdam”, afirmó el dirigente, que insistió en que no le cierra la seguridad a cargo de los propios hinchas que generan líos. “Si yo quiero meter a un tipo de seguridad en el baño, no dura ni 15 segundos. Lo sacan volando de una patada en el culo. Si meto una cámara, ¿cuánto demora la cámara antes de que la rompan?”.
Un ex funcionario de Peñarol, que trabajó de cerca con las hinchadas, coincidió en que este sistema alimenta una “mafia básica”. “Les estás pagando y les das entradas a tipos para que te mantengan el orden, pero si no les pagás arman quilombo o arman un quilombo ficticio para demostrar que solo ellos lo pueden controlar”.
Pero no solo en la tribuna Amsterdam se centra el problema. En el flamante Campeón del Siglo, el estadio de Peñarol, también hay zonas liberadas. La tribuna Cataldi es la nueva Amsterdam. “Los afanan, los aprietan, hacen transas de falopa ahí adentro”, lamentó el dirigente aurinegro.
Un diputado, integrante de la Comisión Especial de Deporte y que también prefirió el anonimato, graficó a esas tribunas donde manda la hinchada de Peñarol y no entra la Policía: “Son un Comcar sin rejas”.
Armas y drogas en sillas de bebé .
El secretario general de la Asociación de Funcionarios de Recaudación de la Asociación Uruguaya de Fútbol, José Luis Otero, estuvo como invitado en la última sesión de la Comisión de Deporte. Y fue contundente: “Hoy los partidos donde va la parcialidad de Peñarol, llámese tribuna Amsterdam, una cancha chica o el Campeón del Siglo y su tribuna Cataldi, son de riesgo”, dijo, y advirtió que “hay disputas por ejercer la mayor autoridad posible dentro de las barras, por los liderazgos”. Otero agregó que eso trae aparejado “otro tipo de cosas que no están relacionadas con el fútbol”. “Lamentablemente, el mejor lugar para negociar y comercializar cosas es una tribuna”.
El funcionario agregó que el día de la balacera en el estadio “hubo movimiento de parciales debajo de la tribuna Amsterdam a una hora en la que todavía ni siquiera estaba el personal citado ni las puertas habilitadas”. Los vieron jugadores de Rampla que estaban concentrados en habitaciones que están en esa zona. “Ese tema se lo planteamos puntualmente al Ministerio del Interior. Se les planteó en su momento que debajo de la tribuna Amsterdam era tierra de nadie y que era conveniente reforzar la seguridad en esos sectores. Hubo un compromiso del Ministerio en ese sentido, pero nunca se hizo nada”, lamentó. Dijo que varias veces avisó a la Policía que parciales de Peñarol que no obtienen la entrada de la Amsterdam terminan ingresando por la Olímpica. O hinchas que ya saben que pueden estar siendo esperados en el ingreso por la Amsterdam —porque hubo una denuncia de algún hecho delictivo— ingresan por la tribuna Olímpica y después, por pasajes internos, terminan llegando a la Amsterdam.
Otro reclamo del secretario de los recaudadores fue que los cacheos en las puertas de ingreso sea realizado por efectivos policiales y no por personal de empresas de seguridad que “hoy no tiene la experiencia necesaria”. Argumentó que cuando empieza a venir un volumen importante de público, van determinando en función de la apariencia de una persona que consideran más sospechosa que otra. “Nosotros, que participamos en esto desde hace muchos años, hemos visto que entran o pretenden entrar armas o drogas en coche de un bebé o en una silla de ruedas de un minusválido”.
Las entradas y la lista.
En abril de 2015, el subsecretario del Interior, Jorge Vázquez, recibió de parte de Peñarol una nómina de colaboradores en la seguridad de la tribuna Amsterdam en todos los partidos disputados por el club. La lista está firmada por el ex encargado de Seguridad aurinegro, Washington Vega. Hay 24 nombres ahí. Unos meses más tarde, en junio de ese año, se disputó un clásico que terminó con incidentes en la tribuna Amsterdam. Fue el partido en el que Nacional ganaba por 3 a 2 y se suspendió faltando siete minutos porque la hinchada de Peñarol comenzó a arrojar butacas.
La Justicia interrogó a 19 de los 24 hinchas que aparecían como referentes de la seguridad. De esos 19, tres manifestaron que pese a estar incluidos en la nómina “nunca” realizaron tareas de seguridad ni las realizan, y que Peñarol les daba entradas para que toquen bombos y redoblantes. Otros ni siquiera estuvieron presentes en ese clásico o fueron a otra tribuna. Otros estuvieron solo para garantizar “que no les tiren piedras” o “roben” a los vendedores. Muy pocos asumieron que trabajaron efectivamente ese día de clásico para contener los desmanes.
Según el expediente judicial, en el interrogatorio se comprobó que los hinchas de esa nómina recibían entradas —unas 75, que eran repartidas entre todos— y algunos hasta dinero —desde $1.000 hasta $12.000 por partido— por parte de Peñarol. Algunos de ellos aseguraron que entraban gratis a todos los partidos con carné de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF).
En la actualidad Peñarol mantiene el sistema de poner a 25 referentes de la barra como seguridad, quienes disponen a 300 hinchas más como voluntarios. Los directivos dicen, sin embargo, que ya no les dan entradas. Pero los hicieron socios, y así ingresan libremente en los partidos en los que Peñarol es local. Cuando Peñarol es visitante, los 325 hinchas están incluidos en una lista de la empresa de seguridad privada que trabaja con Peñarol.
Información Nacional
2016-11-10T00:00:00
2016-11-10T00:00:00