Para llegar hay que bajar al sótano del edificio de Misiones esquina Sarandí y caminar por las entrañas del Sodre. Allí, después de un laberinto de pasillos largos con paredes deterioradas, está la Fonoteca Histórica, un archivo que conserva cintas y viejos acetatos con audiciones de la Ossodre o de solistas y orquestas extranjeros que en su mayoría nunca fueron difundidas ni editadas. En ese lugar trabaja Gabriel Souto, un técnico en sonido que durante años estuvo “al aire” en la radio del Sodre, pero desde 2010 asumió la tarea de rescatar del polvo y del olvido estas cintas históricas para digitalizarlas.
El archivo tiene un orden que solo quienes trabajan en un archivo conocen. Hay varios anaqueles con cajas chatas que guardan las cintas y están a la espera de que las abran y salte alguna sorpresa. Y también muchos discos de diferentes tamaños en sobres amarillos acumulados en los estantes, o en las mesas.
La Fonoteca funciona allí desde hace cuatro años. Primero se la ordenó cronológicamente y por género, después por música sinfónica y de cámara. Hasta el 2010 ese archivo “estuvo donde pudo estar“, pero ahora tiene un lugar seco y aclimatado a una temperatura entre 20 y 22 grados.
Es milagroso que algunas grabaciones se hayan conservado durante tantos años. Souto abre una caja y saca una de los años 50 y empieza a extender la cinta. A diferencia de la mayoría, esa es de papel muy fino y casi transparente, en lugar de plástico. Parece estar en buen estado, pero eso se sabrá al escucharla.
Algunas cintas están hechas un nido porque no tienen carrete y se salieron del rollo. “No sé cómo hacían para manipularlas. Uno de mis primeros trabajos fue pasar esas cintas grandes a carretes más chicos y después a digital”, dice Souto al explicar un trabajo que tiene mucho de artesanal. Estas cintas se grababan en una máquina enorme, del tamaño de una lavadora.
En el Estudio Auditorio del Sodre se hacían grabaciones de muy buena calidad, algunas mucho mejor que las de hoy. Una de las cintas rescatadas es un concierto en vivo de Nibya Mariño de 1958, en el que interpretó piezas de Bach, y para Souto suena mejor que la que se hizo en el nuevo Auditorio poco antes de la muerte de la pianista, en setiembre de este año.
Si bien tiene quien lo ayude a ordenar, en la tarea de digitalizar Souto está solo. “La idea es en algún momento pasar estas grabaciones al aire para que se difundan. Ya se está haciendo informalmente, pero me gustaría que fuera algo más armado, que se informe de qué se trata, no simplemente que se pase como otra música de la radio”. Él calcula que el archivo tiene unas 2.300 cintas, pero aún están haciendo el recuento y siguen apareciendo grabaciones de todas las épocas que se podrían difundir sin gastos para el Sodre porque por su antigüedad ya no tienen derecho de autor.
La digitalización comenzó con las audiciones en vivo de la década de los 50 y está llegando a la de los 70, pero la tarea parece interminable. “Me voy a jubilar y todavía va a faltar digitalizar”, comenta Souto. Además de las cintas, hay discos de todos los tamaños y materiales, incluso algunos de vidrio. Los más llamativos son los de grandes dimensiones. “La púa se movía de adentro hacia afuera. Aunque parezca mentira se pueden escuchar en un tocadiscos normal, si se le corre unos milímetros el brazo, llegan a entrar”.
Otros discos son pequeños, de 12 pulgadas y 78 revoluciones, con muy pocos minutos de grabación. Era complicado grabar en ellos obras extensas, como una ópera, porque había que usar dos máquinas: cuando terminaba un disco, se grababa en otro. Y en ese pasaje a veces se perdían algunos compases.
Perlitas.
Por el Estudio Auditorio pasaron figuras como Igor Stravinsky y su hijo Soulima al piano, el pianista Friedrich Gulda, el director y compositor Aaron Copland, el chelista Pablo Casals, la soprano Marian Anderson, el director y compositor Aram Khachaturian, los violinistas Leonid Kogan e Isaac Stern, los directores Erich Kleiber, Howard Mitchell y Jean Martinon. Y en el archivo hay material que solo conserva el Sodre.
“Cuando apareció la página de Facebook, nos empezaron a llegar pedidos de Argentina, de Estados Unidos, de Europa. Incluso algún sello discográfico del exterior nos ofreció regalarnos el equipo para leer los discos grandes a cambio de que les enviáramos los másters ya editados. Pero todo esto es del Estado y en el Sodre no hay una política en ese sentido. Tampoco sé si tendría que tenerla”, dice Souto.
El intercambio de material con radios estatales como La Voz de América, la BBC o Radio Moscú era habitual y algunas de esas grabaciones solo las conserva el Sodre. Souto cuenta que la Radio Nacional de Argentina suele pedirle grabaciones porque no ha conservado prácticamente nada de muchos músicos que venían a Montevideo y Buenos Aires. “Hay un director de orquesta argentino muy conocido, Juan José Castro, del que no les queda nada y nosotros tenemos temporadas enteras de sus conciertos”.
En el Sodre hay otros archivos sonoros, como el Archivo de la Palabra, con registros de voces, de poetas, locutores o radioteatros. También está la fonoteca que alimenta la Radio Clásica con discos editados en diferentes épocas y que se siguen recibiendo para su difusión.
Vía la página de Facebook, la Fonoteca difunde algún material ya digitalizado y también recibe lo que la gente envía. Así han aparecido algunas curiosidades, entre ellas, un disco que llegó desde Europa con una audición pirateada al Sodre. Es un concierto del director Erich Leiber con la Ossodre, y si bien en la etiqueta figura correctamente la fecha, 12 de agosto de 1939, y el director, cambiaron la Ossodre por la Orquesta Sinfónica del Ecuador y el nombre de los músicos. “Es pirata, pero recuperamos algo que pensábamos estaba perdido”, apunta Souto.
Toses y soplidos.
Hoy el software que se utiliza para “limpiar” las cintas permite borrar ruidos eléctricos y sonidos ambiente que interfieren con la música. Souto cuenta que ha sacado muchas toses del público en los conciertos en vivo. “Habría que hacer un estudio porque en todas las épocas la gente empieza a toser cuando la música se hace más suave. ¿Por qué será? Algunas las dejo porque son parte de un concierto en vivo. Hay que balancear: cuanto más sacás, más riesgo corrés de llevarte parte de la música”.
Además de las toses, los otros ruidos molestos son los “soplido de cinta”, una especie de silbido por detrás de la música. El criterio de Souto es el de pensar la música clásica con auriculares. “Es como ver la música con microscopio. Pienso en el que se sienta a escuchar hasta el mínimo detalle que no aparece con los parlantes”. Separa las sinfonías por movimientos y deja algunos aplausos finales. “Encontré una pieza con cuatro minutos de aplausos, que parecen nada, pero es un montón. A veces se escucha al director hablando con el solista, aunque no se entiende bien qué se dicen”.
La máquina hace girar las cintas y en la pantalla de la laptop aparece el audio como si fueran las líneas de un electrocardiograma con barras de colores. En la grabación que se está digitalizando se escucha de fondo un sonido molesto, como una especie de grillo. El software permite divisar el sonido, seleccionarlo y borrarlo. Y eso es lo que hace Souto. Una hora de grabación le lleva más o menos una hora de limpieza, pero depende de las cintas. “Algunas han envejecido peor que otras, a pesar de ser del mismo año. A veces hay cintas anteriores al 50 que parecen de compacto”.
Un archivero de metal guarda los programas originales de papel de los conciertos, una documentación invalorable por sus datos y sus avisos publicitarios. Si se entra a la página de Facebook, se pueden ver las publicidades de la casa Acle, de la malta Montevideana, de los refrigeradores General Electric, entre otras. También se pueden escuchar algunas cintas ya digitalizadas. La última es un concierto del Conjunto de Música Antigua de Munich, que interpretó en Montevideo en 1965 cantos medievales del siglo XIV. Una de las maravillas que salen de las profundidades del Sodre.