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    Una hazaña antártica olvidada

    A cien años del intento uruguayo de rescate en Isla Elefante

    Esta es una historia de barcos y exploradores, de hombres aventureros y de incursiones por mar en los territorios helados de la Antártida a comienzos del siglo XX. Uno de sus protagonistas es el más conocido: el capitán anglo-irlandés Ernest Henry Shackleton, un explorador que en 1909 había llegado muy cerca del Polo Sur, que recién se descubrió en 1912, y que en 1914 se propuso atravesarlo a pie.

    Para ello comandó una expedición en el barco Endurance, pero no pudo cumplir su objetivo porque quedó atrapado en medio del hielo. Después de sobrevivir con su tripulación, primero en un témpano movido por la corriente y después en la Isla Elefante, alejada de todas las rutas marítimas, recién en 1916 el capitán pudo llegar en bote a las Malvinas y enviar una señal de auxilio. En ese momento Inglaterra estaba en la I Guerra Mundial y no podía acudir al rescate, pero sí lo hizo Uruguay.

    Es entonces que aparece el otro protagonista de la historia, un uruguayo audaz y con el tesón de un vasco: el teniente de navío Ruperto Elichiribehety. Tenía 28 años cuando comandó en forma voluntaria el vapor Instituto de Pesca Nº 1 en la Expedición Nacional al Sur, que tuvo como objetivo rescatar a Shackleton y su tripulación. La misión estuvo a punto de tener éxito, pero las condiciones climáticas y las averías en el barco impidieron el rescate.

    De todas formas, tanto la partida del pesquero el 8 de junio de 1916, como su regreso el 14 de julio se festejaron con fervor popular por el riesgo que habían asumido aquellos hombres y porque era la primera vez que los uruguayos llegaban a la Antártida. Pasado el entusiasmo, el nombre de Elichiribehety quedó opacado por la historia mayor, que terminó en agosto de 1916 con el rescate con vida de Shackleton y la totalidad de su tripulación por un barco chileno al mando del marino Luis Pardo.

    La Armada Nacional uruguaya no olvida aquella expedición ocurrida hace cien años, a la que considera la primera misión naval humanitaria del país. El 8 de junio hubo una ceremonia de homenaje que incluyó la instalación de un monolito en la Plaza del Museo Naval, además del descubrimiento de un mural en la plaza infantil ubicada en el predio contiguo, realizado por el arquitecto y dibujante Alejandro Rodríguez Juele.

    Para este mural, el autor utilizó una de las viñetas en blanco y negro de su historieta Isla Elefante. La aventura de los pioneros uruguayos en la Antártida (2011). Ahora sus personajes Shackleton­ y Elichiribehety miran hacia la Rambla en medio de un paisaje de hielo.

    “Me encontré con esta historia leyendo un libro sobre la experiencia antártica del Uruguay, y pensé que era muy raro que no hubiera trascendido la expedición de 1916. Después investigué la historia de Shackleton­, una de las más grandes aventuras de la edad de oro de la exploración, y entonces me vinieron ganas de contarla en su totalidad”, explicó a Búsqueda Rodríguez Juele, quien ganó un Fondo Concursable del MEC para publicar su libro.

    Para el autor es un misterio por qué no trascendió esta historia. “Puede ser porque los uruguayos valoramos algo cuando alguien de otro país le da importancia. Pero esta es una historia que quedó aquí y de hecho Shackleton cuando escribió un libro sobre su expedición minimizó la actuación uruguaya”.

    En 2011, Rodríguez Juele creó Bandas Educativas, un sello editorial que cuenta la historia a través del cómic. “Me di el gusto de hacer dos historietas navales del Uruguay. Nuestra historia tiene pocos barcos, curiosamente vive de espaldas al mar. Hay otros pueblos que se tiran al agua, pero nosotros salimos del agua. Para mí el mar es el territorio de la aventura por excelencia”.

    Además de la historieta, Rodríguez Juele realizó un clip, Pioneros uruguayos en la Antártida, que se puede ver en YouTube, en el que resumió la travesía uruguaya con animación, fotografías de época y una voz en off que va contando la trama central. Para completar su trabajo, el autor viajará a fin de año en un barco de la Armada hacia Isla Elefante, donde se realizará un homenaje por los cien años de la expedición. “Mi idea es ir con mi equipo de filmación y registrar cómo es hoy el lugar y cómo es el viaje, para después contar la historia con dibujos y filmación”.

    En el Museo Naval una exposición temporal recuerda los hechos de 1916. Allí está la bandera que ondeó en el pesquero uruguayo, varios recortes de diarios, fotos de la época y también el telegrama que envió uno de los tripulantes a su esposa para decirle que todos estaban vivos. Además se reeditó el libro La expedición de Uruguay a la Antártida de 1916, de Juan José Mazzeo.

    Para el director del Museo, Héctor Yori, lo más importante de esta expedición fue su carácter humanitario. “Fue la precursora de otras misiones de paz. La Armada tiene un libro con la historia de estas misiones y el primer capítulo está destinado a la de 1916. El barco pesquero fue el primero en ir a la Antártida y se lo alistó en tres días, algo que no sé si hoy se podría hacer”, explicó Yori a Búsqueda.

    Además del rescate, la misión del barco comandado por Elichiribehety tenía un fin científico. Los tripulantes llevaban las instrucciones de Hamlet Bazzano, entonces director del Instituto Nacional para la Previsión del Tiempo y primer científico antártico del país, para tomar muestras del agua y medir la velocidad de las corrientes, algo que se hizo incluso cuando el barco quedó atrapado entre el hielo.

    El pesquero partió con 34 tripulantes, todos voluntarios, y víveres para ellos y también para los 24 del Endurance. “El barco llegó a vela a las Malvinas porque se le habían roto las máquinas. Allí se encontraron con Shackleton, pero no podían avanzar porque una masa de hielo lo impedía. Hicieron varios intentos y Elichiribehety propuso ir a remo a rescatar a la tripulación. Fue el propio Shackleton quien se lo impidió. Elichiribehety tenía un tesón impresionante que después resaltó a lo largo de su carrera, y los marinos confiaban en él. En las Malvinas les dijo que el barco podía hundirse y les dio la opción de desembarcar, pero nadie lo hizo”. Yori recuerda una de sus frase famosas, que se colocó en una placa en la Isla Elefante: “Imponer a la dura impenetrabilidad de los hielos la tenacidad perseverante de nuestra sangre”.

    Cuando la tripulación regresó a Montevideo, una multitud la esperó en el puerto, como se recibe a los héroes. Para el historietista Rodríguez Juele, el entusiasmo se debió a varios motivos, entre ellos, la promoción que el gobierno de Feliciano Viera (padre de la artista plástica Petrona Viera) le dio a la expedición y también la difusión en los medios de prensa. “Además porque fue casi un éxito, algo en lo que pensé cuando estaba haciendo la historieta en 2010, en pleno Mundial de Fútbol en Sudáfrica. Tanto en la expedición a Isla Elefante como en la selección uruguaya el éxito estuvo en haberlo intentado y en lo que dejó para el futuro. Lo que Uruguay ha hecho en la Antártida es también gracias a lo que se originó en esa expedición de 1916”.

    Ernest Shackleton murió de un ataque cardíaco a los 48 años en medio de una de sus expediciones hacia el Polo. Iban a enviar su cuerpo a Inglaterra, pero su esposa quiso que lo enterraran donde murió, en una isla de Georgia del Sur, donde está su tumba.

    Ruperto Elichiribehety murió a los 41 años, poco después de haber sido nombrado capitán. En su homenaje, el Instituto Antártico Uruguayo tiene una base con su nombre: Estación Científica Antártica Ruperto Elichiribehety. Y a cien años de su hazaña, su nombre regresa y se une al de otros pioneros que desafiaron el mar con la fuerza de la aventura.

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