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    Una locura detrás de otra

    Mercedes vivió el 13 Encuentro Jazz a la Calle

    Los dos bañistas montevideanos disfrutan del río Negro en el muelle del Club Remeros, el mejor sitio para refrescarse en Mercedes, frente a la playa del balneario Arrayanes, en la ribera opuesta. Allí es posible tirarse al agua desde la gran plataforma de ocho metros o, si no da el cuero, desde la de tres. Los niños se lanzan desde la más alta como si fuera el borde de una piscina. Juegan a una variante local de la mancha, difícil de comprender para un forastero, que incluye manchar al otro en el aire, mientras cae al agua. En el medio del río se divisa un grupo de nadadores bien equipados, con lentes, patas de rana y salvavidas. Es uno de los equipos de veteranos que cruza el río a diario. Hacen los 400 metros de travesía, ida y vuelta, dos veces: 1.600 metros por día, de enero a diciembre. A la tercera pregunta de los capitalinos, llega la invitación: “Si quieren, mañana los cruzamos. Les damos todos los implementos, los acompañamos a su ritmo, vamos con un kayak para estar más tranquilos, y al llegar tenemos pronto el asado”.

    La escena no está directamente vinculada al Encuentro Internacional de Músicos Jazz a la Calle, cuya 13ª edición tuvo lugar en Mercedes desde el sábado 11 al domingo 19, pero está emparentada con lo que allí sucede. Esa insospechada y hasta desproporcionada buena onda es el perfecto reflejo del espíritu hospitalario que caracteriza a este festival, cuyos organizadores prefieren no denominar como tal. Y hacen bien, porque encuentro es exactamente lo que sucede desde enero de 2007 en las calles, escenarios y, como quedó claro, hasta en las aguas de la bella ciudad litoraleña.

    En su versión número 13, Jazz a la Calle mantuvo sus tradicionales toques callejeros (tres en cada atardecer, durante ocho días seguidos) por los que pasaron más de 150 intérpretes, sus trasnoches de jam session hasta el amanecer, su completa propuesta académica con más de 20 clínicas (tres por día) de composición, arreglos e interpretación en una muy amplia gama instrumental, y sus múltiples oportunidades de encuentros de camaradería (ver recuadro). También tuvo lugar en el marco del encuentro un foro organizado por el colectivo montevideano Más Músicas, dedicado a promover la mayor participación femenina en las grillas de los festivales de música popular, especialmente en los que son estatales o departamentales, y en los que cuentan como en este caso con apoyo estatal. Allí, ante unas 50 personas, sus promotoras anunciaron la intención de promover un proyecto de ley con el objetivo de fijar una cuota.

    Jazz a la Calle volvió este año a su feudo natural, la Manzana 20, que el año pasado fue tapada por una de las habituales inundaciones que sufre la ciudad, que forzó a instalar el escenario principal en la Plaza del Encuentro. Ahora creció sensiblemente la oferta gastronómica, con una muy variada plaza de comidas y una amplia gama de cervezas artesanales. Pese a que esta vez se redujo al mínimo la presencia de artistas del hemisferio norte (solo un dúo franconorteamericano), se mantuvo la alta calidad artística en escena, con una excelente muestra de jazz contemporáneo de la región. Entre la nutrida delegación brasileña brillaron el Dúo Clavis, que plasmó un notable maridaje entre el piano y el vibráfono; el Quarteto Fios de Choro, con su enérgica fusión entre el gypsy y el folclore nordestino; el virtuoso trío del pianista paulista André Grella (piano, contrabajo y batería); el muy contemporáneo cuarteto del trombonista Josiel Konrad, y el Nenê Kinteto, comandado por el veterano exbaterista de Hermeto Pascual llamado Realcino Lima Filho, pero conocido en Brasil por ese apodo. De Argentina también hubo buenas noticias, como el trío del pianista Lautaro Moreno, el cuarteto del pianista Julián Solarz y el trío del pianista Nicolás Boccanera, con una sorpresiva formación que sustituyó el contrabajo con un chelo, y que estiró la paleta de estilos del festival hacia un free jazz que se fue transformando en una intensa y muy creativa performance de música de cámara contemporánea. Otro de los platos fuertes de este año fue el arpista paraguayo Juanjo Corbalán, quien plasmó la por aquí muy poco difundida fusión jazzera con base en la música tradicional paraguaya. Su deslumbrante despliegue en el instrumento de las mil cuerdas se ensambló a la perfección con el trío de piano, batería y saxo tenor, a cargo de la también cantante Lara Barreto.

    Entre los uruguayos se destacó Ósmosis, el ambicioso proyecto instrumental del tecladista Ignacio Labrada, y una atípica sucesión de bateristas con proyectos bien distintos: del bien jazzero Martín Mugüerza al jazz-candombe contemporáneo de Juan Ibarra, pasando por la fusión jazz-rock de Felipe Badaró. En todas estas formaciones coincidieron varios músicos ya treintañeros que comenzaron a foguearse en las primeras ediciones de Jazz a la Calle y que hoy son figuras consagradas en Mercedes, como los mencionados Badaró, Labrada e Ibarra, el vibrafonista Maxi Nathan, el guitarrista Martín Ibarra, el saxofonista Gonzalo Levin y el baterista Mateo Ottonello.

    Música, salida laboral

    Entre las tres escuelas de música gratuitas que existen en Mercedes, hay más de 500 estudiantes. El festival dura solo una semana, pero la Escuela que mantiene en funcionamiento Jazz a la Calle desde hace 14 años cuenta con unos 400 alumnos, “de cuatro a 77 años”, señalan sus responsables. “En realidad el encuentro es la excusa para poder mostrar los patrocinantes”, dice Horacio Macoco Acosta, uno de los mentores del movimiento. En 2020 egresará la primera generación de estudiantes de la Tecnicatura en Jazz y Músicas Creativas de la UTEC (de tres años lectivos, que en breve sumará un año y pasará a ser licenciatura), dirigida por el trompetista y compositor argentino Federico Lazzarini, a la que asisten unos 50 alumnos. “Ahora el desafío es que los músicos que egresan tengan trabajo”, afirma Acosta con determinación, y desgrana un proyecto en ciernes que está comenzando a desarrollar Jazz a la Calle: “Estamos armando un paquete turístico en Mercedes y sus sitios cercanos, con paseos fluviales y visitas a estancias de la zona para turistas uruguayos y extranjeros. La idea es que en los hoteles, restaurantes y sitios de visita toquen bandas con músicos locales”, anuncia Acosta, y retruca antes de la obvia repregunta: “Tenemos muy afinados los números y con una cifra estable de paquetes vendidos es posible sostenerlo. Vos podés pensar que es una locura, pero hace 15 años nos decían que promover el jazz en Mercedes era un delirio, que pusiéramos cumbia. Y acá estamos”.

    Recuadro de la nota

    Sobre adoquines calientes

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