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A las 13.36 horas de un 29 de agosto de 1996, Tiger Woods pegaba su primer golpe como profesional en el Brown Deer Golf Course de Wisconsin. Ya nada sería igual en el golf. Ahora, el hombre que revolucionó el deporte, el que fue número uno del mundo a lo largo de 625 semanas, el que ganó 15 Majors, 82 torneos oficiales y más de US$ 130 millones solo en premios está cerca de su retiro.
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En el último Masters de Augusta debió abandonar la competencia tras la tercera vuelta. Fue preocupante verlo notoriamente mermado en lo físico, caminando con dificultad, con precauciones, por ejemplo, para descender por la gran pendiente que tiene el fairway del hoyo 10 de Augusta.
Sumado a esta salida, el pasado miércoles 19, Tiger fue operado en su tobillo derecho, buscando “estabilizarlo”, de acuerdo con lo que expresó el propio Woods en sus redes sociales. “Espero con ansias comenzar el proceso de rehabilitación”, finaliza su comunicado, sin dar fecha alguna de posible regreso a la actividad.
Dentro de su grupo de trabajo se especula que no jugará por el resto de la temporada, perdiéndose los tres Majors que aún faltan por jugar, el PGA Championship, el US Open y el British Open. Los medios especializados estiman que el Masters de Augusta del año próximo sería su gran objetivo para el regreso, por lo que representa este torneo para el ex número uno del mundo.
Según un informe de la revista Golf Digest, el período de fusión tras la operación será de entre seis meses y un año, por lo cual Woods perderá con el paso de ese tiempo cierta movilidad tanto del pie como de la cadera. De acuerdo a dicho artículo, el problema se centra en su pierna derecha porque, de ser en la izquierda, se estaría hablando ya del fin de su carrera golfística.
El grave accidente automovilístico sufrido en febrero de 2021, donde casi pierde su pierna derecha al quebrarse tibia y peroné, le dejó además serias lesiones en los huesos de su pie y tobillo derecho. Este hecho ha sido determinante en todo un proceso de ausencias de las canchas, tratamientos y rehabilitaciones. Los números muestran que desde ese momento estuvo 17 meses con muy poca actividad, donde jugó apenas cinco torneos y completó los 72 hoyos en solo dos de ellos.
Un retiro prolongado.
Para el mundo del golf no es sencillo desprenderse de su máxima figura. Ante cada presentación llegan las frases y comentarios: “Está como nunca”, “su swing es el mejor de todos”, “físicamente está impecable”, y hasta las casas de apuestas lo dan entre los favoritos.
Sin embargo, Woods ha dado en todo este tiempo señales claras de que el fin de su carrera está cerca. En una conferencia de prensa previa al Masters, por ejemplo, dijo: “Sinceramente no sé cuánto más queda, esta es mi realidad, por lo tanto, solo me queda apreciar cada momento aquí en Augusta y disfrutar mis recuerdos”.
En cuanto a sus lesiones agregó que “la movilidad y fortaleza” de su pierna derecha no volverán nunca a ser las mismas y por ello no podría plantearse disputar tantos torneos como quisiera. “Este es mi futuro y tengo que aceptarlo. Es mi pierna derecha, con tornillos y clavos pero es mi pierna; ha sido duro, siempre lo será, ya nunca será lo mismo”, dijo.
Reconoció que ya no era capaz de competir al más alto nivel o de hacer las cosas que hizo durante años anteriores. En esa misma conferencia, sin embargo, no respondió ante una pregunta concreta sobre su retiro. Condicionado por sus problemas físicos, ha repetido a lo largo de la última década hasta el cansancio que solo juega los torneos en que siente que puede ganar.
Pocos atletas en la historia de todos los deportes lograron lo que Woods logró, convirtiéndose en la gran referencia del golf más allá del paso del tiempo. A eso responde la actitud de los fanáticos, quienes todavía piensan, esperan y todavía creen que sigue siendo el mismo Tiger Woods del año 2005.
En julio del año pasado en ocasión del Abierto Británico disputado en el Old Course de Saint Andrews al pasar por el emblemático Swilcan Bridge, lugar donde se detienen a saludar aquellos golfistas para anunciar su retiro, Woods nunca se detuvo, siguió caminando ante el delirio del público. Fue una clara señal del coraje y la determinación que siempre caracterizaron al mejor golfista de todos los tiempos.
Aun así, es una incógnita saber hasta cuándo el golf no aceptará que el fin de su carrera está cada vez más cerca, cuándo el golf en definitiva permitirá que Tiger se retire.
Testigo directo.
El argentino Mark Lawrie es el director del The R&A para Latinoamérica y el Caribe. Ha estado presente en más de 20 Masters de Augusta y fue testigo del espectacular triunfo de Jon Rahm en la última edición. También pudo ver allí de primera mano a Woods, y no le quedaron dudas de que es un jugador “cerca del final” de su carrera.
“Lo vi en la zona de práctica, donde solamente se limitó a practicar el juego corto. Luego en la cancha, es clara la dificultad para caminar, el frío y la lluvia también fueron determinantes para su accionar. La gran pregunta es saber si él querrá continuar jugando con dolor, haciendo ese sacrificio enorme para terminar una ronda”, dijo consultado por Búsqueda.
El trazado de Augusta es particularmente desafiante, matizó, por sus grandes desniveles. Lawrie cree que el tipo de cancha será uno de los elementos que considerará Woods si decide otra vez volver. Las de estilo links, más planas, sin tanta demanda física, podrían permitirle jugar sin que el desgaste físico sea tan alto.
De todas formas, cree que será difícil que Woods decida no jugar torneos como el Masters de Augusta. “Tiger es Tiger”, dijo.
“Como conclusión lo que se ve es difícil de aceptar, es una realidad muy dura por lo que Tiger representa para el golf”, finalizó Lawrie.