• Cotizaciones
    sábado 21 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Una voz inmensa que surgió tras las puertas

    Amalia de la Vega en su centenario

    Suenan las guitarras criollas a ritmo de milonga, lideradas por Mario Núñez, y surge una voz gruesa y profunda que canta: Mate amargo que naciste / en la rueda de un fogón / derramando tradición / entre un estilo y un triste. El texto de Mate amargo es de Tabaré Regules; la voz y la música son de Amalia de la Vega, una de las figuras más representativas del folclore uruguayo. La suya fue una voz difícil de definir y de comparar, una voz inolvidable para quienes alguna vez la escucharon. “Era como el sonido que parece surgir desde las entrañas de la madre tierra con la autenticidad de los grandes artistas”, dijo de ella Atahualpa Yupanki, uno de los tantos artistas que acudieron a metáforas y comparaciones para elogiarla.

    Amalia de la Vega nació en Melo el 19 de enero de 1919 con el nombre de María Celia Martínez Fernández, aunque en su familia la llamaban Perla. Pero fue su nombre artístico, una sugerencia del poeta y letrista de tango Víctor Soliño, el que trascendió la historia y quedó ligado a su figura de señora sobria y reservada de voz profunda.

    Amalia fue compositora de algunos temas, pero principalmente interpretó canciones y poemas de otros artistas a través de gatos, cifras, milongas, vidalitas o estilos. Y, como dice la milonga Mate amargo, con su canto fue “derramando tradición” desde muy joven. A los 23 años debutó en la radio El Espectador y luego en Carve. “Siempre me gustó cantar en grupos familiares y con amigos. Intervine con ellos en algunos beneficios, en audiciones que se hacían en colegios o hospitales. Muchas personas que me escucharon me empezaron a insistir para que trabajara en radio. Yo me resistía, pero como me gustaba tanto cantar fui cediendo”, dijo Amalia a propósito de sus inicios en una entrevista con Emir Suárez Silvera en el programa Musicanto de Carve a fines de los 90, que la radio recordó el viernes 8.

    En su trayectoria la acompañaron varios guitarristas, algunos de ellos tocaron luego con Zitarrosa, y pianistas como Walter Alfaro. En su repertorio se nutrió de las investigaciones de Lauro Ayestarán y de composiciones de Eduardo Fabini. Grabó discos para Sondor, Orfeo, Antar, Telefunken y para la RCA Víctor de Argentina. En Durazno fue la artista destacada en los festivales folclóricos, y allí la distinguieron con el Charrúa de Oro en 1974, cuando hacía 10 años que no cantaba.

    Una de las personas que entabló una relación muy estrecha con Amalia es el dibujante y caricaturista Rodolfo Arotxarena (Arotxa). Él no olvida la primera vez que la vio cuando era un muchacho en el Teatro Solís, en 1975. Había ido con su padre a escuchar a alguien “que no se podía perder”. “Vi en el escenario”, dijo a Búsqueda, “a una señora muy austera, con un vestido oscuro, unos zapatos de taco bajo y el pelo corto color ceniza”. Recuerdo que cuando empezó a cantar quedé petrificado. Había que verla en el escenario”. Así la dibujó en una caricatura en blanco y negro: con su figura retacona, de medias de nylon por la rodilla y una sonrisa apenas esbozada.

    “Pasaron muchos años y un día hablé de Amalia con mi suegra. Ella me dijo que era la voz más grande que habíamos tenido. Le pregunté si la conocía y me dijo que me la podía presentar porque era muy amiga de una amiga suya. Me consiguió el teléfono y la llamé. Le expliqué quién era, me dijo que había visto algunos de mis dibujos. Entonces la fui a visitar”.

    A partir de ese momento, comenzó una amistad que continuó hasta la muerte de Amalia. “Para mis hijos era casi como una tía abuela. Para mí fue el ser humano más puro que conocí. Muchas veces la invité a almorzar. Era absolutamente puntual, tanto, que si le decías que fuera 11.30 y ella se bajaba del taxi 11.25, se quedaba parada en la puerta cinco minutos hasta que fuera la hora”.

    Arotxa está de acuerdo con todos los elogios que Yupanki, Zitarrosa y Mercedes Sosa —que la consideraba un “Gardel hecho mujer”— hicieron a la voz de Amalia. “Su dicción era única, cantaba sin esfuerzo y nunca estudió canto. Era muy tímida, prefería cantar con un papelito en la mano y tenía horror a olvidarse de la letra. En familia siempre se dijo que cantaba atrás de las puertas, por timidez. Pero tenía un temperamento fuerte, se hacía valer. Ella me contaba que a los guitarristas los tenía al trote, porque era muy exigente y los hacía ensayar las veces que fueran necesarias. Quería que la guitarra fuera lisa, sin firuletes, porque los consideraba cursis”. Esa sencillez era la que aplicaba en su canto, y Gardel era su gran maestro.

    Por qué una artista de su talento fue olvidada durante décadas es la pregunta que se han hecho quienes siempre la admiraron. Y han surgido algunas especulaciones políticas, por ejemplo, que quedó relegada por no ser de izquierda, o la peor, que apoyó a la dictadura. “Era prima hermana de Martínez Moreno, y creo que era colorada, pero nunca fue militante de nada. Se centró en el canto”, dice Arot­xa. “Un profesor de la Escuela de Música llegó a decir barbaridades de ella, como que había sido colaboradora de la dictadura, y eso fue una gran canallada y una gran mentira. Nadie dice que Gardel fue colaborador por haberle cantado a Gabriel Terra en su casa. Lo que pasa es que Amalia no cantaba panfletos, cantaba tradición, con letras extraordinarias”.

    Arotxa

    Arotxa colaboró para que le dieran una pensión graciable y para que se reeditaran sus discos. “Yo estaba muy enojado con la sociedad uruguaya que no reconocía algunas cosas, era ingenuo lo mío porque era lo mínimo frente al desgranamiento cultural. Hubo algo propio de nuestro país que se dio en los 70. Por un lado, la colonización que llegó con la música disco norteamericana; por otro, que el canto de protesta consideraba al folclore como algo anacrónico. Por ahí creo que vino el desconocimiento con Amalia. La tradición fue tratada de forma muy frívola por la izquierda en su momento”.

    Amalia nunca se casó y no se le conoció ningún romance. Vivió siempre protegida por sus sobrinos. Para Arotxa era una mujer con un “halo de misterio” que generaba aún más admiración. “Incluso para atender el teléfono, ponía una voz de contralto fabulosa. Cuando le preguntabas por qué cambiaba la voz, decía: ‘Es para que piensen que atiende un hombre, para que vean que no estoy sola’”.

    Mi tierra, Gaucho sol, El gaucho oriental, A mi rancho, Tajo a tajo y Mate Amargo, son algunos de los temas que Arotxa selecciona en la discografía de Amalia. Algunos de ellos le sirvieron de inspiración cuando estaba pintando su serie Caudillos, que expuso en 2001. “En ese momento estaba deprimido y me puse a pintar. Ponía los discos de Amalia y puedo decir que conduje mi pintura a través de su canto. Lamentablemente, ella no pudo ver terminada mi obra”. La cantante murió en Montevideo el 25 de agosto de 2000.

    Para Arotxa, por detrás del aspecto tranquilo de Amalia vivía una paisana pícara, que aparecía en su sonrisa y su mirada. Como la sonrisa que muestra en su fotografía en el campo de San Carlos, cuando era muy joven. “Te estaba midiendo siempre, y te sacaba la ficha”.

    ?? Doce para Amalia

    // Leer el objeto desde localStorage