Los niños y adolescentes tienen hoy acceso a Internet desde edades tempranas y con mucha facilidad. Gracias a la masificación de los celulares, pueden navegar por la web y contactarse con amigos sin demasiado control de los adultos. Así, la comunicación digital comenzó a tener incidencia en el desarrollo de la sexualidad de los adolescentes —y adultos— y dio lugar a la aparición de prácticas nuevas, como el sexting.
El sexting —la práctica de crear, compartir o reenviar a través de medios electrónicos mensajes de texto, fotos o videos sexualmente explícitos o sugerentes— se ha convertido en un comportamiento más frecuente entre los jóvenes, pero el fenómeno todavía ha sido poco estudiado en la región y en el mundo. Por eso, un grupo de académicos uruguayos y chilenos se propuso investigar una práctica asociada al sexting: la recepción de mensajes sexuales por parte de niños y adolescentes de ambos países.
El trabajo La recepción de mensajes sexuales entre jóvenes chilenos y uruguayos: factores predictivos y percepción de daño, elaborado por el uruguayo Matías Dodel y los chilenos Amaranta Alfaro y Patricio Cabello y divulgado el pasado 30 de diciembre como parte de la publicación The Politics of Technology in Latin America, plantea que es necesario abordar el fenómeno sin “pánico moral”, evitando enfoques que lo vean como algo “riesgoso, dañiño o desviado”.
Los autores se basaron en datos de encuestas realizadas en Chile y Uruguay en el marco del programa Global Kids Online. Su objetivo fue analizar la incidencia del género y la edad en la recepción y la reacción a los mensajes sexuales y los potenciales efectos negativos de recibir tales mensajes.
De acuerdo con la investigación, que contó con apoyo de los fondos Clemente Estable de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, de la red Kids Online América Latina y del Ministerio de Educación chileno, el uso de Internet y de teléfonos inteligentes está extendido entre la juventud uruguaya y un “número significativo” de adolescentes usan esas tecnologías para interacciones sexuales.
En la encuesta Kids Online, que en Uruguay se realizó entre agosto y diciembre de 2017 y abarcó una muestra de casi 1.000 niños y adolescentes, 25% dijo que había recibido mensajes sexuales en el último año. Si se divide por grupos de edades, entre los jóvenes de 13 y 14 años 23% respondió que recibió ese tipo de contenidos, mientras que el porcentaje creció a 28% en la población de 15 a 17 años. En Chile los porcentajes fueron 14% en el primer grupo y 31% entre los más grandes.
En el caso uruguayo especialmente se observó una diferencia significativa según el género: la recepción fue casi el doble entre los varones (33%) en comparación con las mujeres (18%).
Peligros y mensajes no deseados
En la encuesta realizada en Chile también se preguntó a los jóvenes cómo se sintieron luego de ver esos mensajes, lo que permitió identificar a un grupo de menores que fue “victimizado o afectado” por la recepción de esos contenidos. Más de un cuarto respondió que se sintió “molesto” o “muy molesto” (27%).
“Los jóvenes victimizados presentan un patrón claro y diferenciado de vulnerabilidad en cuanto a sexo y edad”, señalan los investigadores. En este sentido, la cantidad de niñas que declaró sentir molestia (46%) cuadruplicó a los niños (10%); y los preadolescentes más jóvenes, entre los 11 y los 12 años, reportaron sentirse molestos o muy molestos más del doble que el grupo de entre 13 y 17 años.
“Estos resultados concuerdan con estudios similares que mostraron que las niñas tienen más probabilidades de sentirse molestas por recibir mensajes o imágenes de contenido sexual que los niños”, indica la investigación.
Aunque esa pregunta no formó parte de la encuesta local, “los resultados son aplicables” a Uruguay, dijo Dodel a Búsqueda. “Mientras los adolescentes son los que más reciben estos mensajes, cuando pasamos a la parte de daños, es al revés. Los que dicen que les molestó son en mayor medida las mujeres y los niños pequeños”.
Dodel explicó que si el mensaje que se recibió, por ejemplo, no fue consensuado, puede provocar molestia. El consentimiento en la recepción de estos mensajes es un tema “clave” a investigar en futuros trabajos, afirmó. “Si uno conoce a una persona en Internet y la persona envía una foto sexual no consensuada puede molestar. No es un tema solo de niños, es un tema de violencia de género que afecta también a adultos y que es común que pase”.
Dodel, que tiene un doctorado en Sociología y es investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica, dijo que se necesitan “más estudios sobre estos temas” porque “no hay suficiente información”.
“Los niños se merecen políticas públicas basadas en evidencia y no en el miedo. Por más que sean temas tabú nos merecemos una discusión más seria”, indicó. En ese sentido, insistió en la importancia de educar a niños y jóvenes sobre los riesgos que conllevan estas prácticas, por ejemplo, en términos de privacidad. “Muchas veces está la idea de que es privado, que es una comunicación entre dos, pero si el otro no lo piensa así o viola la privacidad y lo comparte, o alguien intercepta esa comunicación, el contenido se puede hacer público”, indicó.
Hay que “concientizar” sobre los peligros y también “sobre la ilegalidad de compartir con terceros” contenido privado, afirmó. “Cuando no hay consentimiento es una agresión”. Dodel también destacó la importancia de dar herramientas a los jóvenes para que sepan qué hacer cuando son víctimas de este tipo de agresiones. “Dado que la regulación corre de atrás es importante que padres y docentes tengan un diálogo con niños y adolescentes sobre esto, y que cuando reciban contenidos no deseado tengan las herramientas para saber cómo reaccionar, para reducir el daño y el malestar”.
Educación sexual
El trabajo también analizó los factores que pueden predecir la recepción de mensajes con contenido sexual. Ser niño, en comparación con una niña, aumentó las probabilidades de recibir o ver este tipo de mensajes 4,28 veces en Uruguay y 3,69 veces en Chile. “Los estereotipos culturales de masculinidad podrían estar detrás de estas sorprendentes disparidades”, señalan los autores. También los niños que ven contenido sensible o de riesgo en línea tienden a recibir más mensajes en ambos países (en Uruguay aumentó las posibilidades 26%). Ser víctima de ciberacoso aumentó de manera significativa las probabilidades de recibir mensajes digitales con contenido sexual en Chile (3,81 veces), pero solo 1,42 veces en Uruguay.
Las aplicaciones que usan los jóvenes no mostró ser una variable significativa en ninguno de los dos países. “Sin embargo, la relevancia de apps específicas no puede ser completamente desechada”, ya que en Uruguay se observó más frecuencia en redes como WhatsApp e Instagram, dice el estudio. Otro factor significativo en el caso uruguayo es que los jóvenes que tuvieron comportamientos problemáticos offline tuvieron 104% más posibilidades de recibir mensajes con contenido sexual.
Los investigadores concluyeron, con base en sus hallazgos, que recibir mensajes con contenido sexual no es inusual entre los jóvenes uruguayos y chilenos. “Coincidiendo con estudios previos sobre sexting, la edad y el género tienen una estrecha relación con la práctica de recibir mensajes sexuales”.
Además, el estudio valida literatura previa que indica que las niñas y los adolescentes más jóvenes expresan niveles de daño sustancialmente mayores cuando reciben mensajes con contenido sexual. Según análisis sobre sexting citados en el trabajo, el mayor daño en las niñas se explica debido a que están expuestas a otras vulnerabilidades, como ser objeto de juzgamiento y críticas —víctimas de pornovenganza o de slut-shaming— cuando se involucran en prácticas de sexting.
“Los presentes resultados subrayan la relevancia de abordar las prácticas de sexting en el marco de iniciativas de educación sexual y salud pública dirigidas a los adolescentes para promover una actitud reflexiva y responsable”, concluyen los investigadores. “Estas iniciativas deben comenzar, idealmente, desde una etapa temprana y abordar la perspectiva de género”.