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Más allá de la “buena suerte” que supuso un contexto mundial benévolo, durante la última década Uruguay vivió un “cambio muy relevante en la configuración macroeconómica” que diferencia al actual ciclo de expansión de otros registrados en el pasado. De todos modos, el país muestra aún “niveles muy significativos de ineficiencia” en la asignación de los recursos —maquinaria, instalaciones productivas, trabajadores y calificaciones acumuladas, entre otros—, que hacen mover la economía.
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Ese es el diagnóstico elaborado por expertos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en una investigación titulada “Uruguay: análisis macroeconómico de los flujos de investigación y crecimiento”. Se trata de un minucioso estudio que forma parte de la documentación que estuvo a disposición de los miembros del Directorio Ejecutivo de dicho organismo financiero para la aprobación, la semana pasada, de la mayor operación crediticia en las relaciones con el país (U$S 550 millones).
Además de un repaso del desempeño económico reciente, que juzga positivo, el BID compara con otros ciclos de crecimiento que atravesó Uruguay durante el siglo pasado, aborda los factores que explican la etapa actual y plantea las acciones que se requieren para hacer la misma sostenible en el tiempo. Intenta dilucidar cómo podría el país consolidar los “favorables resultados alcanzados hasta aquí y tomar ventaja efectiva de las oportunidad”, una interrogante que aparece como de “fundamental importancia habida cuenta de la tradicional volatilidad que ha exhibido la economía de Uruguay y las dificultades que ha mostrado en el pasado para sostener una trayectoria de rápida expansión sin sobresaltos”.
El nuevo ciclo
“La elevada inestabilidad de orden macroeconómico fue un factor de crucial relevancia para explicar el magro dinamismo de largo plazo” que mostró Uruguay en gran parte del siglo XX, se señala en el documento.
Eso cambió en los años recientes, y tras la crisis de 2002 la economía uruguaya ingresó en un “sendero de desempeño caracterizado por un muy elevado dinamismo”, agrega. Así, la tasa de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) pasó de “apenas 2,2%” en la segunda mitad de la centuria pasada a 5,9% en 2004-2011.
“Parece bastante obvio que durante la última década se ha verificado un cambio muy relevante en la configuración macroeconómica del país” y uno de los rasgos más notorios “ha sido el relajamiento de la denominada “restricción externa” al acceso de divisas, uno de los factores de peso que tradicionalmente tendió a limitar el crecimiento de largo plazo de muchas de las economías de la región, incluida la de Uruguay”, afirma el organismo.
Al momento de buscar explicaciones para este cambio, el BID sostiene que “es difícil, sin duda, no atribuir parte de los desarrollos observados a la vigencia de un entorno internacional ampliamente beneficioso caracterizado (...) por elevados precios de las commodities de exportación del país, condiciones financieras externas sumamente favorables y un elevado crecimiento tanto en la región como en las economías de otros nuevos socios comerciales de extra-zona”. La “buena suerte” que supuso ese marco externo ayudó a Uruguay a “relajar de manera importante la restricción externa que durante años condicionó el desempeño económico de Uruguay”, remarca. Pero “las acciones de política interna encaradas por las autoridades parecen haber cumplido un rol igualmente significativo en las mejoras observadas. El compromiso con la estabilidad macroeconómica y de las reglas del juego, las políticas prudenciales (...) y la implementación de un conjunto de reformas dirigidas a la atracción de inversiones se han traducido en una mejora de los fundamentos macroeconómicos, contribuyendo a reducir el grado de vulnerabilidad de la economía frente a la ocurrencia de shocks adversos”, agrega en el informe.
Test ácido.
Para el BID, lo “inteligente sería tomar rápida ventaja de las oportunidades mientras éstas están presentes. El track record de la mayoría de las economías de la región no es encomiable en este sentido. En instancias previas, los países latinoamericanos se equivocaron muchas veces al adaptarse en forma permanente a entornos que se revelaron finalmente transitorios”. Agrega que el “verdadero test ácido acerca de la naturaleza de los logros alcanzados (...) radica en la capacidad de las instituciones internas (y las elites dirigentes) para administrar en forma adecuada el contexto favorable”.
Los expertos del banco identifican al menos tres razones que “podrían determinar la mayor sostenibilidad del actual ciclo de acelerado crecimiento que vive Uruguay respecto de lo observado en el pasado —cuando las fases de mayor expansión de los setenta y los noventa culminaron en fuertes detenciones súbitas y en una marcada contracción posterior de la actividad y el empleo y en graves deterioros de los indicadores sociales—”. La primera de éstas se vincula a una mayor diversificación de los destinos de exportación en los años recientes. Segundo, los “avances significativos” en el frente fiscal, monetario, financiero y externo, que redujeron “la vulnerabilidad de la economía a la ocurrencia de shocks adversos”. El tercer factor se asocia a la recepción por parte del país de “montos muy importantes de inversión extranjera directa” que se distinguen de las etapas previas de crecimiento, cuando una “proporción mayoritaria” de los flujos recibidos eran de “naturaleza financiera”, sostiene el BID.
Factores
Ha habido en el último bienio “varias manifestaciones y restricciones de escasez en diversos sectores de la economía que sugieren la existencia de presiones de demanda a nivel agregado y que indicarían la necesidad de que las políticas macroeconómicas actúen gradualmente para ayudar a moderar y tornar sostenible la expansión” económica del país, señala en el estudio. Un “mayor sesgo contracíclico en la calibración de las políticas macroeconómicas ayudaría, al mismo tiempo, a reforzar la resiliencia (...) frente a las perturbaciones adversas”, agrega.
Desde un punto de vista estructural, el “reto parece pasar por aquellos esfuerzos dirigidos a consolidar e incrementar la tasa de crecimiento potencial de la economía”, añaden, como pie para analizar el aporte relativo de los factores de producción y de acumulación de conocimiento. Para ello los autores efectuaron una serie de ejercicios de “contabilidad del crecimiento y el desarrollo” desde los años setenta y hasta 2011.
A partir de ese cálculo —que descompone la evolución del PBI por habitante en lo ocurrido con la intensidad del capital, la tasa de participación laboral, la calidad del trabajo y la productividad total de los factores— concluyen que, salvo en el período de estancamiento de 1961-1973 —cuando el aporte principal provino exclusivamente de la mejora en la calidad del trabajo—, la evolución de la productividad” fue de gran importancia para explicar la dinámica agregada de la economía uruguaya.
Uruguay “adolece de un déficit importante de intensidad factorial” y hay “todavía mucho espacio” para avanzar de manera “extensiva” en la acumulación de capital (físico y humano) como mecanismo para “consolidar el proceso de crecimiento”, afirma el BID.
¿Cuánto más precisaría invertir el país para consolidar el reciente proceso de crecimiento? Según estimaciones presentadas en el estudio, el ratio de capital (físico y humano) a Producto y la tasa de inversión de equilibrio deberían situarse en 4,37 y 50,9%, respectivamente. “El cómputo parece indicar que la economía uruguaya (con un stock de capital físico y humano estimado en 4,14 y una tasa de inversión en capital físico y humano del orden de 48% del PBI —19% y 29% del Producto— se encuentra en la actualidad por debajo de esos valores. La economía debería encarar un esfuerzo de acumulación en el próximo período a fin de alcanzar en el tiempo esas dotaciones de equilibrio”, señala en la investigación.
Observa, no obstante, que más que un “problema de acumulación de capital físico y humano —y de los recursos de ahorro para financiar dicho aumento del acervo— el desafío” pasa por promover políticas e instituciones capaces de garantizar la “eficiencia” del proceso con vistas a alcanzar elevados ritmos de crecimiento de la productividad agregada.
En la región en general el desfavorable desempeño de la productividad habría estado asociado a las “ineficiencias” generadas por numerosas “fallas de mercado” y la “intervención gubernamental” en la economía, asevera el organismo. Eso genera una “brecha de productividad” respecto a países más avanzados.
En referencia a Uruguay, el BID plantea que “aún cuando parece enteramente cierto que la brecha de productividad agregada denota niveles muy significativos de ineficiencia en la asignación de factores ya existentes”, el “mensaje principal” es que la evolución de la productividad y la acumulación de capital “tienden a ser complementarios” e “ir de la mano”.