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Uruguay no tendrá “muchas oportunidades” como la actual, con un crecimiento sostenido del país y bajo desempleo, para atacar algunos de los problemas sociales que lo aquejan. Por eso debe tomar medidas de manera “urgente” para mejorar la situación de pobreza en la infancia, implementar planes para realizar un seguimiento de unos 25.000 niños que nacen año a año en situación vulnerable y superar el “estancamiento” que hay en la educación, donde el tema se ha “politizado” y los dirigentes solo se echan la culpa unos a otros.
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Estas son algunas de las conclusiones del representante de Unicef (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) en Uruguay, Egidio Crotti, luego de presentar el martes 30 el “Observatorio de los Derechos de la Infancia y Adolescencia en Uruguay 2012”.
En el trabajo, realizado por Álvaro Arroyo, Gustavo de Armas, Alejandro Retamoso y Lucía Vernazza, se destaca el descenso de la pobreza y la indigencia, que se ubican entre los guarismos más bajos en los últimos 30 años. En 2004, había 39,9% de pobreza y 4,7% de indigencia (personas que no pueden cubrir sus necesidades básicas), mientras que en 2011 bajó a 13,7% y 0,5%, respectivamente.
Sin embargo, los autores indican en el documento que la “brecha de inequidad en el acceso al bienestar social entre los niños y adolescentes y el resto de la población (en especial, los adultos mayores) no ha variado sustancialmente. De hecho, es posible incluso apreciar un leve aumento: mientras en 2008 el porcentaje de pobreza entre niños de 0 a 5 años era 4,9 veces mayor que el correspondiente a las personas mayores de 64 años, en 2011 —en contexto de menor incidencia de la pobreza en ambos grupos de edad— fue 6,2 veces superior”. “La probabilidad de ser pobre, y más aún la de ser indigente, sigue siendo considerablemente más alta para un niño que para una persona de 65 años o más de edad”, afirman los autores.
Crotti —un italiano con una maestría en Geografía Humana— dijo a Búsqueda que es destacable la baja de la pobreza y la indigencia alcanzados en los últimos años, el descenso de la mortalidad infantil (aunque tuvo un “pequeño aumento” en la última medición) y la ampliación de la educación preescolar.
No obstante, advirtió que el país debe generar salidas para la pobreza. “Salir de la pobreza por un tema de ingresos no implica mecánicamente decir que la gente está del otro lado. Es más fácil terminar con la pobreza, si lo miro por ingreso, con la asignación familiar; ahora, ¿la pobreza se puede medir solo por ingresos? Acá hay un gran desafío. No solo hay pobreza, hay marginalidad económica, cultural, que en algunos casos ya tiene dos o tres generaciones de transmisión y eso lo hace más complicado. Entonces, no es suficiente con tener mejores ingresos, sino que hay que permitir el acceso a patrones culturales, de educación y prácticas de crianza que no sean repetidoras de violencia”.
Crotti advierte que Uruguay no tendrá “muchas oportunidades como esta”. “Estamos arrastrando un período de crecimiento económico, más allá de la crisis en Europa, con una tasa histórica de baja de desempleo, hay recursos públicos —no podemos decir que sea un Estado pobre— y hay pocos niños. En primera infancia no se tiene que reinventar mucho. Los que necesitan un seguimiento particular serán 25.000 niños” de los 47.000 que nacen cada año.
“Hay una oportunidad y una urgencia. Si no hacemos algo ahora, después cuesta más caro. La intervención en los primeros meses de embarazo y en los primeros años de vida es donde más conviene hacerlo. Hay que ocuparse de este número reducido de niños”, afirmó.
Según Crotti uno de los problemas principales del país en materia de infancia pasa por la situación de la educación. En este tema dijo que ve un “estancamiento”. “Me gustaría que la clase política que lo ha puesto como central al tema, salga de echarle la culpa el uno a otro. Pienso que ha sido una negligencia histórica del Uruguay no ocuparse de la educación media. Lo que dijo (José Pedro) Varela de que la educación primaria fuera universal se planteó a fines del siglo XIX y se logró 70 años después. Hacerlo hoy con Secundaria sería lo mismo. Unicef ve que el debate se ha politizado en el sentido negativo y vemos que se busca sacar viejas recetas para resolver problemas nuevos”.
En el documento, una de las ideas que se plantea es revisar la validez de la repetición del alumno como algo generalizado para todo el sistema. Crotti dijo que en los países con buenos índices educativos no hay repetición o se utiliza poco. “Hay alternativas posibles, como por ejemplo Cuba, donde la prueba de evaluación en Primaria se hace después de los primeros tres años, porque no todos los niños de corta edad tienen el mismo tiempo de aprendizaje”.
Crotti señaló que en Uruguay “no solo a los pobres les va mal. El 40% de los adolescentes repite en Montevideo, y no todos son de familias desestructuradas, donde la madre consume pasta base. Entonces, el problema es con el tipo de oferta y la pedagogía”.
Menores infractores.
El documento también aborda los problemas generados con los adolescentes infractores. Este es uno de los temas “más preocupantes”, ya que Uruguay tiene un alto índice de menores encarcelados según el total de los jóvenes del país: 1 cada 1.963 (en la actualidad hay unos 450 adolescentes privados de libertad). Irlanda tiene 1 cada 4.000, España 1 cada 50.000 y Finlandia 1 cada 100.000.
Unicef rechaza en el trabajo que se endurezcan las penas. “El delito adolescente es apenas una porción lateral del problema. Sin subestimarlo, creemos haber aportado información suficiente para demostrar que, si lo que se pretende es solucionar los problemas de inseguridad, poco se logrará endureciendo la respuesta frente a los delitos cometidos por adolescentes, y sí se impactará negativamente sobre su futuro”.
“Los políticos deben ir más allá de las justificadas reacciones de tripa”, reclamó Crotti y dijo que tiene la esperanza de que la discusión de la reforma constitucional para bajar la edad de imputabilidad sirva para discutir a fondo sobre estos problemas.