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    Uruguay dio algunos “pasos importantes” para atacar su inflación “estructural”, aunque el entorno mundial actual es “desafiante”

    La inflación en los últimos 12 meses cerrados a febrero volvió a subir y se aproximó al 9% según el índice oficial (ver recuadro). Nada sorprendente dado lo que está pasando en otras partes del mundo y que Uruguay absorbe, como economía relativamente abierta. Nada sorprendente, también, dados ciertos marcos que condicionan la formación de precios domésticos.

    Es que, más allá de las presiones inflacionarias que ahora llegan desde afuera, factores internos, estructurales, hacen que el país cargue con un “historial de inflación relativamente alta, que tiende a perpetuarse”, observa Natasha Che, economista del Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, según ella, recientemente hubo algunos “avances importantes tanto en materia de disciplina fiscal como de apuntalamiento al marco de política monetaria y su credibilidad, que deberían ayudar a reducir la inflación estructural a futuro”.

    Pero, en torno a la institucionalidad relacionada con la política de ingresos —como los Consejos de Salarios—, hay aspectos a mejorar. Estos mecanismos “centralizados” tienden a ser menos flexibles y no toman en cuenta la “diversidad de situaciones y niveles de productividad de las distintas empresas” o sectores, afirma la economista, que integró por tres años el equipo de seguimiento al país.

    Che profundizó con Búsqueda sobre su estudio Determinantes estructurales de la inflación publicado por el FMI en enero, junto con otros análisis del staff técnico referidos a Uruguay, cuando el Directorio Ejecutivo del organismo aprobó la revisión anual del país.

    —Aunque es menor que hace algunas décadas, la inflación es alta en Uruguay en una comparación internacional. ¿Qué efectos no deseables tiene eso para la economía? 

    —En países donde la inflación es relativamente alta, las personas tienden a evitar el uso de la moneda doméstica y prefieren otras con un valor más estable. Esto es lo que se vio históricamente en Uruguay, con la alta dolarización. Y esto hace que el trabajo del banco central de controlar la inflación y apoyar el crecimiento sea más complejo. La dolarización también tiende a desalentar el crédito doméstico, porque la mayoría de las personas y empresas no tienen ingresos en dólares que les permitan pedir prestado en esta moneda. Y, en última instancia, esto también afecta el crecimiento económico. Las reformas al marco de política monetaria que el Banco Central de Uruguay ha implementado recientemente y su compromiso firme con bajar la inflación son pasos importantes para ir reduciéndola y de esa forma revertir la dolarización y los efectos adversos asociados.

    —¿Qué factores, cíclicos, monetarios y estructurales, explican que en Uruguay la inflación sea persistentemente elevada? 

    —Cíclicamente, estamos en un entorno de alta inflación global que reflejaba, hasta hace poco, problemas en la cadena de suministros por el impacto de la pandemia así como condiciones monetarias laxas en todo el mundo. La reciente escalada del precio de petróleo y otras materias primas producto de tensiones geopolíticas va a sumar a estas presiones inflacionarias globales. Esto contribuye a la inflación en Uruguay a través de precios más altos de bienes y servicios importados. Del lado estructural, el país tiene un historial de inflación relativamente alta, que tiende a perpetuarse a través de las expectativas de una mayor inflación futura y de la fijación de salarios ligada a la inflación pasada. Nuestro estudio sugiere que, históricamente, los déficits fiscales persistentes y la débil credibilidad de la política monetaria en el control de la inflación también contribuyeron a una inflación estructuralmente alta. Es relevante recalcar que recientemente ha habido avances importantes tanto en materia de disciplina fiscal como de apuntalamiento al marco de política monetaria y su credibilidad, los cuales deberían ayudar a reducir la inflación estructural a futuro.

    —En su estudio relaciona datos sobre la institucionalidad vinculada al mercado de trabajo, a la política monetaria que lleva adelante el BCU y a la responsabilidad fiscal, con la inflación. ¿Qué muestra ese análisis?  

    —El estudio examina el impacto de los factores estructurales en el nivel de inflación y su persistencia en América Latina. Encuentra que los mercados laborales con fijación de salarios y esquemas de negociación descentralizados conducen a una menor inflación. Asimismo, políticas fiscales más disciplinadas (especialmente vinculadas a la implementación de reglas fiscales) y la transparencia e independencia del Banco Central también ayudan a reducir la inflación estructural.

    —En el documento señala que las autoridades uruguayas han expresado una “clara intención de reducir la inflación”, si bien “hasta ahora los esfuerzos se han centrado principalmente en acciones del Banco Central”, por la vía del aumento de la tasa de interés de referencia y cambios en la comunicación de la política monetaria. ¿No hubo contribución de otras políticas, como la fiscal o de ingresos, vía menor gasto público y baja del salario real? ¿Persisten inconsistencias entre algunas políticas macro?   

    —Tanto la política monetaria como la fiscal en Uruguay se calibraron adecuadamente durante la pandemia para respaldar la economía, que era lo prioritario. A medida que avanza la recuperación, la retirada tanto del apoyo fiscal como monetario debería ayudar a mitigar las presiones inflacionarias. La política prudente de pautas salariales también ha contribuido a contener las presiones inflacionarias, así como a apoyar al empleo en los sectores más golpeados durante la pandemia.

    —Diversos análisis muestran que un banco central con mayor independencia y transparencia contribuye a una baja inflación. ¿Cómo está Uruguay en ese aspecto? ¿En qué podría mejorar? 

    —El estudio utilizó dos indicadores de independencia y transparencia de bancos centrales para medir el marco institucional de los países. El puntaje de Uruguay en estas medidas es inferior al promedio de los países de América Latina para el período 2010-2018. Sin embargo, es importante tener en cuenta que esta comparación se basa en datos históricos. Estos datos aún no reflejan los esfuerzos recientes del Banco Central para mejorar la comunicación, la transparencia y la credibilidad de la institución.

    —Respecto de la institucionalidad del mercado laboral, ¿cómo debería ser el funcionamiento de los Consejos de Salarios, según su planteo? ¿Qué ventajas tendría darles más flexibilidad por sobre la dinámica actual? 

    —Lo que el estudio encuentra para una muestra de países es que, en general, los mecanismos centralizados de fijación de salarios tienden a ser menos flexibles porque no tienen en cuenta la diversidad de situaciones y niveles de productividad de las distintas empresas e industrias. Esto lleva a que los esquemas centralizados tiendan a utilizar más la indexación a la inflación pasada para establecer ajustes salariales, lo que tiende a perpetuar la alta inflación.

    —Dadas las presiones inflacionarias globales actuales y el aumento de la cotización de algunos commodities relevantes, como el petróleo, ¿Uruguay seguirá con niveles de inflación altos al menos a corto y mediano plazo?  

    —El entorno de inflación global actual es desafiante. La inflación en economías avanzadas, como Estados Unidos y la Unión Europea, ha resultado ser más alta y persistente de lo esperado. La inflación estadounidense en enero fue del 7,5%, la más alta en 40 años; y los precios también estaban acelerándose en regiones que son grandes exportadoras, como Asia. El fuerte aumento del precio de las materias primas, producto de las tensiones geopolíticas, probablemente exacerbará estas presiones inflacionarias globales. En el corto plazo, mientras los cuellos de botella de las cadenas de suministro y las tensiones geopolíticas continúen, es probable que también continúe la inflación global alta. Sin embargo, con unas expectativas de inflación de mediano plazo moderadas, un probable endurecimiento de la política monetaria por parte de la Reserva Federal y otros bancos centrales, y a medida que se resuelvan los problemas en las cadenas de suministro y se estabilicen los precios de las materias primas, cabe esperar que las presiones inflacionarias globales se disipen a mediano plazo. Uruguay es una economía relativamente pequeña y abierta al mundo y, por ende, el entorno global tiene mucha influencia sobre las condiciones domésticas. El endurecimiento de la política monetaria, en la medida que la actividad económica continúe a paso firme, junto a las mejoras de comunicación y transparencia que está llevando adelante el Banco Central, son claves para anclar expectativas y contener las presiones inflacionarias.

    Economía
    2022-03-09T19:06:00