La deuda pública no siempre fue un lastre para Uruguay, aunque sí en varios momentos de su historia. De hecho, se trata actualmente de un asunto de atención asociado a un déficit en las cuentas públicas persistentemente elevado.
La deuda pública no siempre fue un lastre para Uruguay, aunque sí en varios momentos de su historia. De hecho, se trata actualmente de un asunto de atención asociado a un déficit en las cuentas públicas persistentemente elevado.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la convulsionada década de 1970, por ejemplo, el gobierno central enfrentaba pasivos que representaban menos de 10% del Producto Bruto Interno (PBI). Eso se compara con el 47% en que estuvo estabilizado el endeudamiento desde 2015.
Por su parte, el sector privado uruguayo —las empresas y los particulares— tenía deudas equivalentes a 15% del PBI en el año que los capitaneados por Obdulio Varela conquistaron el Mundial de fútbol de Brasil, mientras que ese ratio cayó a guarismos de un dígito en los setenta. En décadas más recientes el endeudamiento privado trepó hasta 77,5% en 2002 —cuando el Producto tuvo una fuerte contracción—, aunque después se fue reduciendo. Desde 2015 y hasta 2017 estuvo en torno a 33%.
Una nueva base de datos que acaba de ser publicada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) permite analizar esa evolución para Uruguay y para otras 189 economías. La serie se inicia en 1950, aunque no hay información para la totalidad de los años. Uruguay atravesó varias crisis de deuda en ese período, como la de comienzos de los ochenta y principios de los 2000.
Datos más recientes del Ministerio de Economía cuantifican la deuda del gobierno central en US$ 28.970 millones al cierre de junio de 2018, lo que representa 47,8% del Producto a esa fecha. Son pasivos más diversificados que en el pasado tanto en monedas como tasas de interés, además de con mayor plazo de repago.
Según la serie del FMI, en 2017 Uruguay estaba menos endeudado —en relación con el tamaño de su economía— que Argentina y Brasil, pero casi el doble que Chile. Respecto a Costa Rica, un país con el que se suele comparar por presentar ciertas similitudes económicas, los números no diferían sustancialmente (49%).
La deuda del sector privado uruguayo se mantuvo en torno a 33% del PBI desde 2013.
La serie estadística del FMI da un panorama del endeudamiento —público y privado— a escala mundial, y lo que muestra es una tendencia al aumento tras la última crisis global de 2008 iniciada en Estados Unidos (EE.UU.). Sin embargo, los datos de 2017 son de signo mixto, según con qué momento se compare. En ese año el endeudamiento en relación con el PBI mundial fue 225%; eso es cerca de 1,5 puntos porcentuales menos que en 2016, aunque aumentó en 11 puntos frente al pico de 2009.
Aún no está claro si la baja que se dio respecto a 2016 “es un hiato en una tendencia ascendente” o si los países han comenzado un proceso de desendeudamiento, escribieron Samba Mbaye y Marialuz Moreno Badia, dos economistas del FMI, en un artículo publicado el domingo 2 en el blog del organismo. Con el endurecimiento de las condiciones financieras en muchos países —lo que incluye el aumento de las tasas de interés internacionales—, las perspectivas de reducir la deuda “siguen siendo inciertas. Los altos niveles de deuda corporativa y gubernamental acumulados a lo largo de años de condiciones financieras globales fáciles, constituyen una posible falla”, añaden.
Explicaron que, en general, la imagen de la deuda global ha variado a medida que el mundo ha cambiado, en el siguiente sentido: los datos muestran que una gran parte de la disminución en el ratio de endeudamiento a escala planetaria es el resultado de la importancia decreciente de las economías avanzadas, muy endeudadas en la economía mundial. Los países ricos, como EE.UU. (256% del PBI) y Japón (395%), son de los más endeudados, aunque China, una economía emergente, está en la misma categoría con un ratio de deuda de 254% de su Producto pese a que en 2017 desaceleró considerablemente el ritmo de acumulación de pasivos por parte de su sector privado. Otro cálculo presentado por Mbaye y Moreno Badia que da la dimensión de la deuda pública mundial en 2017: representó US$ 86.000 por habitante, lo que es más de dos veces y media el ingreso promedio.
El alto nivel de endeudamiento tras la última crisis global —que se generó principalmente para financiar paquetes de rescate a empresas y reactivación de las economías— ha sido señalado como un factor de alerta. Bajo el título ¿Hay una nueva crisis de deuda en el horizonte?, Zhu Ning, un profesor de finanzas de la Tsinghua University de China se refirió a eso en un artículo publicado en setiembre por el Foro Económico Mundial: “Al final, las economías emergentes tienen que abandonar el modelo de crecimiento a corto plazo impulsado por la deuda y encontrar sus propias formas de aumentar la productividad laboral en un momento determinado. Solo cuando eso suceda (…) podrán finalmente superar su dependencia de los ciclos económicos mundiales y la exposición sensible a las decisiones de tasa de interés de la Reserva Federal de los EE.UU.”, señaló.