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Uruguay transitó por una “franca tercerización” productiva
Según una investigación académica sobre los “perdedores” y “ganadores” por sus transferencias intersectoriales de ingresos desde mediados del siglo XX hasta las primeras décadas de los años 2000
A lo largo de la segunda mitad del siglo pasado la economía uruguaya se caracterizó por su bajo crecimiento, la alta inflación —hasta los 90— y un deterioro en la distribución del ingreso. Estos indicadores tuvieron una mejora en el inicio del siglo XXI. En toda esta larga trayectoria Uruguay no abandonó un “proceso de franca tercerización”, con los servicios —el sector terciario— representando en torno al 70% del Producto Bruto Interno (PBI) desde fines del siglo XX.
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Durante las seis décadas analizadas, la distribución del ingreso entre actividades “estuvo lejos de mostrar una tendencia definida, aunque los ‘empujes’ al alza de la desigualdad terminaron por pautar una trayectoria de deterioro”, señalan Carolina Román y Henry Willebald, investigadores del Instituto de Economía (Iecon) de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, en el estudio Transferencias de ingresos entre actividades productivas en Uruguay (1955-2019). Estabilidad, cambio y creciente dispersión.
Ese análisis de “perdedores” y “ganadores” lo basaron en el concepto de las transferencias intersectoriales de ingresos (TRI). Son el valor monetario real que expresa las diferencias entre el poder adquisitivo del valor agregado bruto (VAB) de un sector respecto al quantum de su Producto (valor real) expresado en unidades monetarias del año base. En consecuencia, las TRI dependen tanto del valor agregado bruto real como de los términos de intercambio de sus precios en relación con la economía. De este modo, el efecto de las variaciones en precios relativos cuantifica ganancias o pérdidas a precios constantes y en términos del Producto. Ello implica que las ganancias de unos sectores serán pérdidas de otros y, en consecuencia, el agregado neto será nulo.
La evolución de las TRI según grandes sectores —primario (la agropecuaria, básicamente), secundario (industria, construcción, etc.) y terciario (comercio, transporte, comunicaciones, finanzas, etc.)— muestra señales claras de cambio en el patrón de distribución de los ingresos hacia los 90. Hasta entonces, el primario captaba ingresos —aunque en forma decreciente—, el secundario perdía ingresos —cada vez en menor cuantía— y los servicios presentaban una evolución neutral, según el estudio. En cambio, desde principios de los 90 y hasta el primer quinquenio de los 2000, únicamente fueron los servicios los captadores de ingresos, quedando las actividades más asociadas a la producción material como emisoras netas de recursos. En el siglo XXI la evolución “se altera completamente”, subrayan los investigadores. La captación de ingresos del sector secundario aumentó sustancialmente, y lo contrario ocurre con las actividades terciarias. En tanto, los sectores primarios completaron un ciclo para cerrar el período en registros negativos.
El entorno
El estudio del Iecon plantea que las oportunidades para captar ingresos desde otros sectores productivos habrían resultado más favorables en etapas de alta inflación, mayor incertidumbre y condiciones de relativa alta desigualdad, especialmente alentadas por la existencia de segmentos de la sociedad más vulnerables. Según sus autores, ese habría sido el escenario predominante durante la segunda mitad del siglo XX. Por otro lado, luego de los años 90, hubo una moderación en el proceso de transferencias intersectoriales conducidas por dispares evoluciones de precios. “De todos modos, entre una y otra etapa, las condiciones que no se vieron alteradas fueron aquellas relacionadas con la consolidación de una economía fundada en el sector terciario, razón por la cual habrían sido los servicios los grandes ‘ganadores’ en esta larga marcha de la economía desde mediados del siglo XX hasta la actualidad”.
Los servicios
A pesar de la “consolidación de una economía fundada en el sector terciario, eso no transformó a los servicios en los grandes ganadores en esta larga marcha de la economía. Hasta principios de los 90, el sector terciario tuvo un comportamiento próximo a neutral en términos de transferencias, captó ingresos desde otras actividades en los 90 y, desde comienzos del siglo XXI, fue un emisor neto de recursos hacia las otras actividades. Sin embargo, los servicios conforman un agregado económico muy heterogéneo”, apuntan Román y Willebald.
En el sector terciario, hasta finales del siglo XX, la actividad comercial y de transporte —y, hasta los tempranos 90, la administración pública— fueron predominantemente captadores de ingresos, en tanto que la actividad inmobiliaria, financiera y de otros servicios fueron emisores de recursos. Sin embargo, desde comienzos del siglo XXI, comunicaciones inició una trayectoria muy marcada de traslación de recursos hacia otras actividades que estuvo ligada, fundamentalmente, al abatimiento de precios (–8% promedio anual entre 2005 y 2019) asociada a factores de tipo tecnológico y aumentos de productividad que llevaron a un abaratamiento “sustancial” de los servicios considerados globalmente. Así, dejando de lado esa trayectoria excepcional de las comunicaciones, el sector terciario habría sido el “ganador” desde los años 90.
Por fuera de este trabajo académico, los datos de Cuentas Nacional al cierre del 2021 informados hace pocos días por el Banco Central reafirma la idea de una economía con fuerte sesgo hacia los servicios, más allá del peso relevante de rubros primarios como el Agropecuario, pesca y minería (7,1%), la Industria manufacturera (10,7%) y la Construcción (5%). El año pasado, los Servicios financieros contribuyeron con un 4,5% al conjunto del PBI; la Salud, educación, actividades inmobiliarias y otros servicios con 23,6%; y el Transporte y almacenamiento, información y comunicaciones con 8,1%. A su vez, el Comercio, alojamiento y suministro de comidas y bebidas aportó otro 13,9%.