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Son alrededor de 170 las obras que participarán de una nueva edición del Festival de Cine Nuevo Detour. Lo cierto es que podrían ser más. Para empezar, se batió un récord de inscripción en la historia del evento cinematográfico, un festival que se acerca a cumplir una década de exhibición, promoción y formación en torno al audiovisual uruguayo. Casi 270 obras, entre largometrajes, cortometrajes, series y videoclips, se inscribieron para participar de esta novena edición. La cifra, según los responsables del Detour, corresponde a una tendencia clara: en Uruguay cada vez se filma más. Así lo consideraron Juan Andrés Belo, director del festival, y Martín Wozniak, uno de sus programadores, en conversación con Búsqueda.
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“Se está filmando muchísimo”, reafirmó Belo, quien fundó Detour en 2013. “Me consta que hay obras que no se postularon y que todavía están en la vuelta. Por otro lado, el festival cada año crece más, llega a un mayor público, y esas personas están mostrando mayor interés en exhibir sus obras. No le encuentro otra razón”, señaló el director sobre incremento en las postulaciones, que en 2020 recibió alrededor de 200 trabajos.
La cosecha de 2021 del 9° Detour se verá a partir del lunes 11 de octubre, día del puntapié oficial del festival, que tendrá un acto de apertura el martes 12 y una clausura y entrega de premios el sábado 16.
Al igual que el año pasado, Detour contará con exhibiciones y eventos aledaños desperdigados a lo largo de un circuito cinéfilo en el Centro de Montevideo, que incluye a la Sala Zitarrosa, la Sala B del Auditorio Nelly Goitiño y las salas de la Cinemateca Uruguaya. También se sumará una función en el Cine Universitario, lugar donde tuvo su origen el festival.
La programación global fue lanzada el domingo 12. La selección mantiene, en sus secciones, similitudes con la programación de la edición pasada, aunque también hay cambios sustanciales. Además de una exhibición de 16 películas uruguayas, que incluyen ficciones y documentales, también se seleccionaron 51 cortometrajes, que estarán presentados bajo la división Cortometrajes y Cortometrajes emergentes, una categoría orientada a las obras de realizadores incipientes. La sección de videoclips se presenta con 42 piezas y la exhibición de obras estudiantiles fue dividida en dos clases, separando las postuladas por alumnos de secundario de aquellas realizadas por quienes cursan el bachillerato.
La atención al trabajo estudiantil es uno de los rasgos característicos del Detour, en donde se programan bloques que mezclan trabajos de realizadores profesionales con las propuestas de índole amateur. Tanto para Belo como para Wozniak, que trabajan dentro del ámbito educativo, la divulgación de estas obras permite ver, de antemano, las inquietudes de las próximas generaciones abocadas al sector audiovisual. Por su parte, Belo también espera que el público estudiantil pueda encontrar en el festival una ventana que permita estimular la creatividad de los participantes actuales y futuros.
“Creo que todavía seguimos lidiando con estudiantes que tienen una gran expectativa de poder reproducir géneros, obras que ven y deciden ejecutar manteniendo sus mismas características”, señaló Belo. “Eso es un problema. O no, no lo sé. Estamos peleando una producción antihegemónica y puede ser un buen ejercicio ver qué más quieren contar además de intentar narrar, por ejemplo, cómo una niña entra al mundo de Harry Potter”.
En ese sentido, al momento de encontrar rasgos identitarios y conexiones dentro de la programación —específicamente en el campo de los cortometrajes— Wozniak, quien se incorporó como programador del Detour el año pasado, detalló una característica en particular dentro del abordaje general de las obras.
“Se empieza a armar un imaginario nacional”, expresó Wozniak, quien también ha trabajado como realizador audiovisual. “Se empiezan a utilizar pequeños detalles dentro de la narrativa, como que en una obra se escuche la música del camión de la garrafa. Aunque el camión no vaya a aparecer, sí suena de fondo y todo el público local va a reconocerlo. El empezar a integrar esas cositas, que uno ve en películas de otros países que ya tienen un imaginario desarrollado, abre las puertas para ver mayores costumbres, determinadas muletillas del lenguaje, profesiones y una visión que se escapa un poco de lo urbano y se escapa de Montevideo. Hay también en una parte de nuestra programación una visión que sale de la ciudad y tiene mucho más del interior”, señaló.
El Detour también presentará un compendio, al igual que en 2020, de trabajos audiovisuales que reflexionen sobre la pandemia vivida en el último año. Bajo el título El (2do) año que vivimos con coronavirus, el Detour presentará siete nuevas obras. “Hay una demostración más cercana al hastío con el asunto”, remarcó Wozniak. “El primer año hubo una tendencia a mostrar los lugares cerrados y cómo se lidiaba con eso. Ahora hay una presencia del afuera pero también de cierta confusión con la convivencia de esos dos mundos”.
La apertura del Detour contará con el estreno nacional de Años luz, la primera película del realizador Joaquín Mauad como director en solitario. Mauad, un cineasta polifacético que dirige, escribe y produce, codirigió junto con Oscar Estévez el drama El sereno, estrenado en 2017. Años luz significa su desembarco oficial como cineasta y llegará a Uruguay tras su pasaje por el Festival de Málaga y la reciente obtención del primer Premio IILA-Cinema dirigido a cineastas, casas de producción e instituciones de formación cinematográfica de América Latina.
Esta road movie es protagonizada por Gabriela Freire, Federico Repetto y Virginia Farías, quienes interpretan a tres hermanos distanciados que deben reencontrarse para concretar la venta de la casa donde vivieron su niñez y adolescencia. La película está producida por Anfibia Cine, responsable de Carmen Vidal, mujer detective, que también contó con un preestreno en el Detour.
Entre otros estrenos nacionales, la sección Medios y Largos del festival también proyectará Así pasamos, una nueva película del director Diego Parker Fernández Pujol. El documental, que retrata la vida del artista plástico Javier Gil a través de un archivo de décadas compuesto por filmaciones hogareñas, formará parte de un foco especial sobre la obra de Fernández Pujol. Se verá, en 35 milímetros, su cortometraje Nico y Parker, recordado por ser programado junto con 25 Watts y con Pi, de Darren Aronofsky, en diferentes festivales y exhibiciones nacionales a lo largo del 2000.
“El festival tiene una impronta asociada al under o a lo que no alcanza al circuito comercial”, acotó Belo sobre el estreno de Así pasamos. “Mientras Parker tiene La teoría de los vidrios rotos en cartel, que está siendo un éxito y gana cada vez más funciones, nosotros intentamos darles un lugar a las otras inquietudes del artista que no tendrían vida en el circuito comercial”, agregó.
La selección de largometrajes y mediometrajes también aventura una nueva camada de realizadoras uruguayas. De Flavia Quartino, directora de cortometrajes y videoclips para bandas como Buenos Muchachos, se verá Extrañamiento del mundo, una serie de ensayos audiovisuales “sobre el ir extrañando la mirada”. La realizadora Camila Rizzo, en tanto, exhibirá Generaciones venideras: aquí un documental, un retrato del músico indie Paul Higgs. También se verá el mediometraje documental Como el agua, Clara, de Eliana Gonnet y Delia, de Victoria Pena.
Vale destacar, también, la presencia de La muerte de un perro, la ópera prima de Matías Ganz, quien también participa del festival con el cortometraje Martín se cayó de un techo, realizado enteramente en Francia. La muerte de un perro, que propone un relato criminal en torno a la familia de un veterinario, tuvo un estreno breve en el pasado festival de Cinemateca, en 2020, y ha eludido, debido a la pandemia, las salas comerciales.
Con un pantallazo que reúne obras estrenadas en los dos últimos años, el festival también promueve la oportunidad de volver a ver producciones y coproducciones recientes que han pasado por la cartelera local. Entre las películas seleccionadas se encuentra la comedia musical Explota explota, de Ignacio Álvarez; el drama surreal Chico Ventana también quisiera tener un submarino, de Álex Piperno; el suspenso familiar El cumple, de Carlos Morelli; y el ejercicio costumbrista de Historias de verano, de Gabriela Guillermo e Irina Raffo, entre otras.
A futuro, Belo y el equipo del Detour esperan seguir ampliando las instancias de formación del festival, que este año vuelve a realizar laboratorios de guion y producción dirigido a realizadores uruguayos, así como una expansión del circuito de exhibición que ha acogido al Detour fuera de Montevideo.
“Es un festival que busca la descentralización”, apuntó Belo. “Uruguay es un país descentralizado y a veces es difícil generar, construir o tener funciones en paralelo en diferentes departamentos. Tenemos funciones itinerantes, pero es insuficiente todavía. El circuito céntrico tiene su lado positivo porque genera, debido a la cercanía de las salas, esa sensación de estar viviendo un festival de cine”.
Por lo pronto, ese encuentro tendrá lugar también bajo un propósito inherente al origen y motivación del Detour, que tanto Belo como Wozniak expresaron con fervor. Ante la pregunta de qué se puede esperar de la edición inminente del festival, Belo tuvo una respuesta clara: “El hecho de poder encontrarnos, hablar de películas, las que se hicieron y las que se están haciendo y que se desmitifique de una vez que el cine uruguayo es todo lo mismo. De eso, hay mucho. Y cada vez más”.