Cuando Tabaré Vázquez asumió el poder por primera vez, en marzo de 2005, Uruguay salía de una crisis e iniciaba uno de los períodos de crecimiento económico más prolongados de su historia, de la mano del cual vinieron mejoras sociales. Diez años después, el comienzo de su segundo mandato se dará transitando por una fase de desaceleración de la actividad, y con la inflación y los números fiscales desalineados como desafíos.
Una similitud entre el primer y el segundo gobierno de Vázquez —que comienza el domingo 1º— es que, otra vez, Danilo Astori será el timonel de la economía.
En la campaña electoral y luego del triunfo en el balotaje, ambos han garantizado la continuidad de la política económica actual, que lleva por lo menos 10 años en vigor en sus ejes centrales.
El contexto internacional será algo más desafiante que el que se verificó en los años recientes. Por un lado, las economías de algunos de los principales socios comerciales —como China, Argentina y Brasil— están frenadas o crecen menos. Por otro, se espera que en 2015 o 2016 Estados Unidos comience a subir su tasa de interés de referencia, lo que entre otros efectos podría limitar la atracción de capitales y hacer más caro el acceso al crédito. Además, algunas economías de Europa, como Grecia, arrastran problemas que están trayendo incertidumbre a los mercados financieros. También los precios de la leche, los granos y otros productos que exporta Uruguay ya no son tan buenos como hace unos años, si bien el petróleo está mucho más barato.
“Estamos viviendo en una situación de incertidumbre regional e internacional muy marcada. No sé para dónde va a encaminarse todo esto. Aparentemente, Estados Unidos parece estar despegando. Pero si eso se confirma, puede ser, a la vez, una buena noticia y una mala noticia para Uruguay. Pero en ese caso el dólar se va a fortalecer y las tasas de interés pueden subir. Y si las tasas de interés suben, las inversiones se pueden ir para allá otra vez. Por eso es que hay que mirar con mucha prudencia esta situación”, analizó el presidente electo entevistado por Búsqueda en enero pasado (ver Nº 1.800).
Balance y herencia
Vázquez instalará su segundo gobierno con un panorama macroeconómico distinto al del primero; entonces el Producto Bruto Interno (PBI) estaba rebotando tras la recesión de 1998-2003, pero la deuda pública era muy abultada en relación al PBI (95,7%) y el déficit fiscal representaba el 4,1%. La inflación, en cambio, no ocupaba tanto la atención de las autoridades como ahora, y superaba ligeramente el 5% anual.
Un ciclo de altos precios de las materias primas en el mundo y bajas tasas de interés internacionales que atrajeron capitales al país, sumado a políticas en favor de la inversión, ambientaron un ciclo de crecimiento económico que perdura hasta hoy. Sin embargo, el ritmo de expansión de la actividad tendió a moderarse en este tramo final de la administración de José Mujica.
Aún no se dispone de las cifras al cierre de 2014; hasta setiembre el PBI fue 3,5% mayor que en el mismo lapso del año anterior. Indicadores relevados por Búsqueda muestran un panorama diverso por sectores en el último trimestre, con algunos creciendo y otros retrayéndose (ver pág. 24).
Las autoridades estiman que la expansión rondará el 3% en todo 2014; de confirmarse será la menor desde 2009 (2,4%), cuando Uruguay acusó el impacto de la más reciente crisis económica mundial.
“Los fundamentos de la economía uruguaya están absolutamente sólidos”, declaró a la prensa el martes 24 el saliente ministro de Economía, Mario Bergara.
Comercio.
Durante el mandato de Mujica el comercio exterior fue uno de los motores de la economía y se marcaron récords en montos. También se consolidaron algunos cambios en su estructura, como el creciente peso de la soja en la canasta exportadora y el ascenso de China a las primeras posiciones como destino de las mercaderías.
Sin embargo, el comercio exterior se encaminó hacia un virtual estancamiento en 2014 (con aumento de 1% en las exportaciones y las importaciones bajaron 1,2% frente al año anterior, según el Banco Central). La misma tónica se vio en enero.
El saldo de la balanza de pagos —que además del intercambio de bienes y servicios con el mundo refleja el flujo de capitales desde y hacia el país— empezó siendo deficitario al inicio de la gestión de Mujica, pero luego cambió de signo.
Empleo e ingresos.
La administración de Vázquez encontrará al asumir un mercado laboral que no muestra signos de tensión.
Al cierre del año pasado (último dato oficial disponible) se dieron niveles máximos desde que hay registros de población activa y ocupada. El desempleo, aunque en el promedio de 2014 fue ligeramente mayor que en 2013, estuvo por cuarto año consecutivo por debajo de 7%, lo que constituye una tasa históricamente baja. Además, la cantidad de trabajadores subempleados y “en negro” se mantuvo en mínimos, lo que habla de niveles de precariedad laboral en retroceso.
La administración de Mujica mantuvo los Consejos de Salarios que en 2005 había restablecido Vázquez. Con ese marco fue que se dio una mejora del poder adquisitivo de los sueldos (y también de las pasividades).
No obstante, el aumento de los ingresos de los hogares en términos reales (por encima de la inflación) se moderó últimamente.
La mejora del empleo y de los salarios en los años recientes, de la mano de algunos programas de asistencia con financiamiento estatal, permitió una disminución de los niveles de pobreza en los dos primeros gobiernos del Frente Amplio. A mediados de 2014, la última estimación gubernamental conocida, los pobres eran unos 365.000 (10,6%) y los indigentes cerca de 13.000 (0,4%).
Los desafíos
La inflación (el alza sostenida de los precios de los bienes y servicios) se ubicó en torno a 7% y 8% anual en el transcurso del período de Mujica, aunque por momentos se acercó a los dos dígitos. En parte por las presiones por el gasto —público y privado— y un contexto de precios de las materias primas en el mundo que se trasladó al mercado interno, nunca llegó a alinearse con el rango que las autoridades económicas definieron como meta (3%-7% actualmente), al punto que estas lo identifican como el mayor problema a enfrentar.
Por otro lado, el resultado de las finanzas públicas tendió a deteriorarse en los últimos meses más de lo que calculaba el equipo económico. El déficit global llegó a U$S 1.882 millones en todo 2014, es decir 3,5% del PBI. Al final de 2010, cuando transcurrían los primeros meses del mandato de Mujica, el desequilibrio era mucho menor (1,1%).
El presidente saliente ha dicho que los números que dejará a su sucesor no son “ninguna sorpresa” y les quitó dramatismo: “No creo que sea una cosa insalvable. El próximo gobierno tiene capacidad de reserva y una credibilidad internacional que le da tranquilidad” para el manejo fiscal.
Ciertamente, la deuda pública en relación al Producto en este tramo final del período de Mujica está lejos de tener la magnitud que cuando Vázquez llegó por primera vez al poder; a setiembre pasado (último dato) ascendía a U$S 33.465 millones en términos brutos, lo que representa 60,1% del PBI, y a 21,6% si se descuentan los activos de reserva (neta). En marzo de 2005 esos ratios estaban en 95,7% y 64,6%, respectivamente.
El equipo que encabezará Astori asume que es necesario moderar el aumento del gasto para evitar que la deuda pública se transforme en un problema más adelante. La confección y discusión del proyecto de Presupuesto quinquenal que tendrá lugar este año será una primera prueba.