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Mordiéndose los labios, María Auxiliadora Delgado apenas logró aguantar las lágrimas cuando la llamaron al frente del auditorio para sacarse una foto con su esposo. Tabaré Vázquez sostenía la flamante distinción de Héroe de la Salud Pública de las Américas y su mujer, luego de tomarlo por la nuca en un improvisado abrazo, miraba abrumada el premio. Fue el punto más emotivo de una ceremonia alejada de lo diplomático y próxima a lo familiar, dentro de una gira oficial por Estados Unidos marcada por los homenajes y los discursos sobre la salud, el tema que a Vázquez más lo personifica y entusiasma.
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El presidente admitió que había llegado hasta ese momento y ese lugar por “una combinación que parece imposible” entre política y medicina, su pasión original. Por eso, aunque asistieron tres ministros de Estado, al viaje oficial lo acompañaron también Delgado, que suele ser muy escueta en sus salidas públicas individuales y en las conjuntas con Vázquez, y dos de sus mejores amigos, su médico personal Mario Zelarayán y su exsocio Álvaro Luongo, con quien creó el Centro Oncológico y de Radioterapia y quien hoy dirige el Instituto Nacional del Cáncer.
La distinción que el lunes 24 en Washington DC recibió de la OPS fue la primera de varias actividades relacionadas con la salud que Vázquez tuvo en Estados Unidos, donde esa materia volvió a predominar sobre la política.
“Todos los procesos necesitan un líder, es muy difícil encarar una lucha desde un país pequeño y solo, y en esto se largó solo”, dijo Luongo sobre las acciones de Vázquez contra el tabaco, en el video homenaje que el lunes 24 la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió previo a su distinción como Héroe de la Salud Pública de las Américas. “Yo siempre lo defino a Tabaré como un pescador: tiene esperanza, tiene fe y tiene paciencia. Ahora, cuando el pez está en el anzuelo, lo saca. Un abrazo al amigo, al médico y al presidente”, agregó Luongo con los ojos enrojecidos. En el video también habló uno de los hijos del presidente, el oncólogo Álvaro Vázquez Delgado, para quien “el convencimiento personal de toda la vida en relación con la lucha contra el tabaco” fue el eje fundamental del trabajo de su padre.
Las caras conocidas, al igual que en su mujer, hicieron mella en Vázquez. “Comprenderán la emoción que me embarga. Si en algo falla mi voz, sepan disculparlo”, anunció al inicio de su discurso. Aunque la voz no le falló, para evitar entrecortarse Vázquez sí debió alargar sus silencios unos segundos más de lo habitual, en un acto nada común en sus alocuciones. Fue especialmente notorio cuando se refirió a sus más íntimos. “Gracias a quienes me trajeron hasta aquí: mi esposa, mi familia, mis docentes, mis condiscípulos y colegas, mis colaboradores y, por qué no, también, mis pacientes, fundamentales anónimos. Sin ellos no lo hubiera logrado”, admitió en una oratoria de 15 minutos que culminó con el auditorio nuevamente de pie y Vázquez tocándose el corazón.
Afán indiscriminado.
La distinción que el lunes 24 en Washington DC recibió de la OPS fue la primera de varias actividades relacionadas con la salud que Vázquez tuvo en Estados Unidos, donde esa materia volvió a predominar sobre la política. El jueves 28 cerró su viaje como orador en Nueva York durante una reunión en el marco del 73er período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Hablará sobre la prevención de enfermedades no transmisibles, tema en el que copreside una Comisión Independiente de Alto Nivel de la ONU.
Además de las políticas contra el consumo de tabaco que desarrolló desde el inicio de su primera administración en 2005, el “liderazgo” de Vázquez en el control de las enfermedades no transmisibles fue una de las razones para que la OPS decidiera condecorarlo. Entre otras cosas su directora, Carissa Etienne, destacó la decisión del gobierno uruguayo de incorporar etiquetas frontales de advertencia en los productos alimenticios con contenido alto de azúcar, sal y grasas.
Tanto el tabaco como las enfermedades no transmisibles fueron además parte común del resto de las actividades de Vázquez. El martes 25 recibió al ministro de Salud de Malasia, Dzulkefly Ahmad, junto a sus amigos Luongo y Zelarayán. “Fue una reunión que nos deja orgullosos como uruguayos, porque estamos marcando novedades a nivel internacional”, dijo Luongo a la Secretaría de Comunicación de la Presidencia, al remarcar el interés de Malasia por las acciones vanguardistas antitabaco de Uruguay. También el martes, Vázquez se reunió con Tedros Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a quien dentro del Poder Ejecutivo describen como uno de los jerarcas internacionales que más confianza y trato generaron en Vázquez durante su segundo período de gobierno.
El miércoles 26, el presidente habló en la Asamblea General de la ONU con su mujer mirándolo en la primera fila del espacio reservado para la delegación uruguaya, delante de Luongo y Zelarayán. Mencionó ciertas discrepancias con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la transformación de la matriz energética de Uruguay, la agenda digital nacional liderada por el Plan Ceibal, el mandato de no intervenir en asuntos internos de otros Estados y la necesidad de que los países cumplan los acuerdos sobre cambio climático. Y, como se esperaba, no pudo evitar referirse también a la salud. “Este mundo sufre del afán de lucro indiscriminado de industrias que matan a la humanidad, como lo hace la tabacalera, que no tiene consideración de sus consecuencias. Es deber de los Estados luchar por la vida de sus habitantes”.