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El Poder Ejecutivo “mide” sus gastos “como si estuviéramos en tiempos normales”, se quejó el senador del Frente Amplio Mario Bergara, según consignó un titular de la diaria del 26 de mayo. Estamos de acuerdo, pero desde una concepción muy diferente, casi opuesta. Sus declaraciones siempre tienen intenciones electorales, aunque vale la pena rescatar esta frase en que se le escapó una concepción más liberal y realista. Es cierto que el gobierno, que ha sido ejemplarmente eficiente en el manejo de la emergencia sanitaria, parece no entender la dimensión de la crisis económica —y por ende social— que empieza a verse a todo nivel.
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Es probable que lo que le falte es convicción para romper con las limitaciones exageradas de las leyes estatistas —una verdadera telaraña de normas perversas— ideadas por legisladores que no imaginaron el efecto de la pandemia, lo más parecido a un escenario de posguerra.
La directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional ya anunció que esta pandemia provocará “la peor caída económica desde la Gran Depresión” de 1929. Otros líderes mundiales coinciden y así lo refleja la ayuda que están distribuyendo en sus países. El camino es fortalecer la actividad económica y rescatar el empleo a través de sus empresas, que son en definitiva las que mueven la aguja y las que pagan impuestos (por ley, no por eficiencia, en nuestro caso por lo menos) para mantener al Estado, que hoy debería estar pensando en devolver algo a sus contribuyentes.
Es cierto que el Poder Ejecutivo ha logrado implementar un régimen —algunos pretenden decir que es una ayuda— de préstamos más blandos para pequeñas empresas. Pero es muy discutible pensar que las pequeñas empresas quieran endeudarse más, en medio de esta incertidumbre. Se habla —hace ya un mes— de una línea para medianas y hasta grandes empresas. Por qué lleva un mes, ¡y qué mes!, decidir eso sería una buena pregunta.
Todo esto arrastra a una crisis social grave. Se dice que un gobierno debe velar por la felicidad de su gente. Nada ayuda para eso caminar por la calle en estos días y ver lugares que son desmantelados por sus dueños. Se habla de los esfuerzos con seguros de paro, como si fuera la panacea, pero en realidad suma desesperanza en la gente. Es además una posición defensiva apostando a lo que resista el Banco de Previsión Social.
Tomemos ejemplo de países que intentan adoptar la delantera y buscan soluciones propias, que no sean una sobrecarga para sus ciudadanos. En esta misma página editorial ya dijimos que el criticado presidente de los Estados Unidos firmó una ayuda de 2,2 billones de dólares (aprovechamos para corregir la cifra dada antes), pero la que se ha convertido en la voz a escuchar es la canciller alemana Ángela Merkel. Impulsada por ella, la Comisión Europea aprobó un plan de recuperación de 750 mil millones de euros, de los cuales 500 mil millones son subvenciones a fondo perdido. Para ello Merkel no dudó en revolucionar la cultura política y económica de su país, tuvo el coraje de hacerlo e inmediatamente consiguió el apoyo de sus ciudadanos. Y sigue respetando las leyes de mercado, aunque teniendo en cuenta la actual situación extraordinaria. “La misma Alemania tiene que estar interesada por poder dar un incentivo a las economías del bloque para que puedan comprar mercancía alemana”, dice Günther Maihold, subdirector del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y Seguridad.
Sabemos que esos países pueden emitir sin grandes consecuencias y que el actual gobierno uruguayo ha recibido un país endeudado y con un importante déficit fiscal, pero se deberían buscar formas creativas. Para la mayoría de los economistas es normal que los bancos del Estado tengan una gran liquidez y la actividad empresarial esté en agonía. Pero ¿es realmente normal? “Esta es una necesidad urgente y excepcional para una crisis urgente y excepcional”, como dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Las restricciones sanitarias seguirán al menos meses —como quedó demostrado en los países que intentaron abrirse—, demasiado tiempo para una economía que se quedó sin la movilidad del mercado. Por eso, el Poder Ejecutivo no debe medir los gastos como en tiempos normales. No hagamos lo difícil de levantar en algo sin levante.