La Junta Pública de Ética y Transparencia (Jutep) era un organismo que pasaba casi desapercibido. Todo cambió cuando, bajo el mando de Ricardo Gil Iribarne, tomó el caso del ex vicepresidente Raúl Sendic y las compras que realizó con la tarjeta corporativa de Ancap. En pocos meses y sobre la base de fallos contundentes, la “junta anticorrupción” se ganó el lugar de policía de la ética en la administración pública.
Esa exposición les ganó a los directores de la Jutep sus primeros “enemigos”, declaró Gil Iribarne ayer miércoles al programa Rompekbzas, de El Espectador. Dirigentes oficialistas indagaron en su pasado para ver si encontraban algún episodio que comprometiera su ética, informó Búsqueda la semana pasada. “Mucho no encontraron”, aseguró.
En el caso del vicepresidente de la Jutep, Daniel Borrelli, la situación es otra. Durante las últimas semanas, Búsqueda analizó documentos que arrojan dudas sobre gastos en los que incurrió Borrelli cuando fue jefe de Policía de Salto (1995-1999) y viceministro del Interior (1999-2003). Así, cuando encabezaba la Policía en el ámbito departamental, se aprobó viáticos a sí mismo y luego no rindió cuentas de los gastos, mientras que la Secretaría de Estado le pagó la factura de una línea de teléfono de su casa de Salto, donde vivía los fines de semana, en ocasiones por montos que superaban los US$ 600 de aquella época.
En su rol de jefe debía tomar decisiones sobre seguridad y también sobre cuestiones administrativas.
El hoy vicepresidente de la Jutep autorizaba con su firma viáticos para sí mismo, de acuerdo a documentos a los que accedió Búsqueda. Además, de sus rendiciones de cuentas se desprende que no justificaba en qué gastaba gran parte del dinero que recibía ni hacía devoluciones cuando no tenía comprobantes.
Por ejemplo, el 8 de diciembre de 1995 viajó a Montevideo para una reunión en el Ministerio del Interior y para participar en otros encuentros. Le entregaron $ 2.500, unos US$ 354 de aquel entonces, cuando el salario mínimo nacional rondaba los $ 600 mensuales. A su regreso Borrelli informó en su rendición de cuentas que la habitación y una serie de llamadas telefónicas le costaron $ 776 y adjuntó el comprobante. Y agregó que también había gastado los restantes $ 1.724, pero que no tenía las facturas.
El 31 de octubre del mismo año viajó a Montevideo, también por reuniones en el Ministerio del Interior. Otra vez recibió $ 2.500. En su rendición dijo que gastó todo. Presentó comprobantes por $ 846 que correspondían a sus gastos en el Hotel Presidente de la avenida 18 de Julio. Dos noches de hospedaje a $ 291 cada una, tres llamadas por teléfono a $ 74 y tres compras en el bar que sumaron $ 190. Los restantes $ 1.664 declaró que los gastó, pero no presentó comprobantes.
Entre los documentos también hay viáticos autorizados por Borrelli. Y el destinatario era el propio Borrelli. Un pago de $ 1.500 (US$ 139) el 15 de diciembre de 1998. El jefe de Policía estampó su firma, el 26 de noviembre de 1998, en un comprobante por $ 49.364 (US$ 4.604 tomado al precio del dólar de la fecha) que recibió él mismo del ministerio por concepto “Viáticos varios a Montevideo”.
Sobre la falta de comprobantes para sus gastos de viáticos, Borrelli dijo que “no se precisaba rendir cuentas en ese momento”. Aunque minutos antes había dicho que rendía cuentas ante el Ministerio del Interior porque era quien le daba el dinero.
El hecho de que fuera él quien autorizara sus viáticos no es algo irregular, según Borrelli, ya que el ordenador de gasto en las jefaturas de Policía es el propio jefe. Interrogado acerca del viático que autorizó con su firma por más de US$ 4.600, el jerarca dijo que no lo recordaba en detalle, pero que se explicaba porque junto a él iban otros tres funcionarios.
En otro de los recibos a los que accedió Búsqueda, aparece la firma de Borrelli en la autorización de un viático de $ 255,50 sin indicar motivo. Quien recibió el dinero fue Gloria Spinelli, su esposa.
Al respecto, aseguró que “una funcionaria” de la Jefatura que militaba en el Frente Amplio había fraguado esos documentos para poner el nombre de su esposa y “comprometerlo”. Borrelli dijo que ese tema lo denunció Raúl Sendic, entonces diputado, ante el ministro del Interior, Guillermo Stirling.
Borrelli añadió que presentó una denuncia contra la funcionaria, que “se hizo un sumario, se pasó a la Justicia y la Justicia no hizo nada”.
La línea directa.
La buena gestión en materia de seguridad en el departamento lo llevó a convertirse en el subsecretario del Interior en 1999, durante el último año del gobierno de Julio María Sanguinetti, y continuar en el cargo por los cuatro primeros de Jorge Batlle.
El abogado cambió su despacho en Salto por la oficina del ministerio en Montevideo. De lunes a viernes estaba en la capital y los fines de semana volvía a su ciudad.
El Ministerio del Interior quedó a cargo de pagar una línea de teléfono de la casa de Borrelli en Salto desde el 17 de marzo de 2000 hasta el 17 de octubre de 2003, según se desprende de la documentación en poder de Búsqueda.
Algunas facturas superaban los $ 5.000 y hubo casos que excedieron los $ 10.000. A comienzos de la década del 2000, el salario mínimo rondaba los $1.000.
En diciembre de 2000, por ejemplo, el gasto en esa línea telefónica fue de $ 6.066 (unos US$ 490 de aquella época). Incluyó decenas de llamadas a celulares, otras de larga distancia a Montevideo y a España.
En otro caso, febrero de 2001, la factura fue de $ 8.528 (US$ 676). La mayoría de llamadas eran a celulares, aunque hubo también a Brasil. Al mes siguiente, gastó $ 6.398 (US$ 500). Además de los contactos con teléfonos celulares y a Brasil, ese mes en la casa de Borrelli hicieron consultas al 0900 2020, un servicio de consulta que cobraba $ 15 el minuto.
En marzo de 2002, el gasto a cargo del Ministerio del Interior fue $ 10.621 (US$ 697 de aquella fecha). Además de un centenar de llamadas a celulares locales, se realizaron decenas de contactos con España, Dinamarca y Argentina. Y también llamadas a El Juego de la Cédula, un sorteo de la época que costaba $ 20.
Borrelli dijo que se trataba de una línea extra que se sumaba a la que ya tenía en su hogar “como tenían todos los subsecretarios y ministros”. El vicepresidente de la Jutep dijo que “la utilizaba estrictamente para razones de servicio”.
“Es correcto, porque a todos les pagaban. Todos tenían la línea porque el Ministerio del Interior era el más urgente. Si el presidente quiere comunicarse conmigo no me iba a llamar al celular, no tenía en mente Batlle el celular mío y hablaba muchas veces. Él levantaba el teléfono en su casa de Presidencia y decía: Comuníqueme con el doctor Borrelli y, pum pum, el doctor Borrelli estaba en línea inmediato”, insistió.
Sobre la llamada a El juego de la cédula, el ex viceministro dijo que seguramente haya sido su empleada.
Borrelli dijo que cuando era subsecretario tenía cuatro teléfonos. Un celular para el trabajo, otro para uso familiar y las dos líneas en su casa —una que fue la que tenía en su hogar y la que colocó el Ministerio del Interior.
Borrelli trabajaba de lunes a viernes en Montevideo, por lo que los días en que se encontraba en Salto, y que podría hacer uso de esa línea, eran los sábados y domingos. Sin embargo, la investigación de Búsqueda indica que se realizaban llamadas tanto los fines de semana como entre semana, que superaban el centenar y que aparecen contactos con otros países como España, Brasil, Argentina y Dinamarca.
Búsqueda contactó a más de una decena de los números que aparecían en los registros de llamadas. En su mayoría se trataba de casas de familia y celulares de personas particulares. También aparecía el teléfono directo de la Secretaría General del Ministerio del Interior. Integrantes del gobierno de Batlle sobre el tema dijeron que la “línea directa” con el presidente era un teléfono para usar en casos extremos.
Información Nacional
2018-05-24T00:00:00
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