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    Víctor Rossi cree que Carámbula tiene que ser el próximo presidente del Frente Amplio, al que ve desarticulado, sin voz ni rumbo claro

    “Cuando Seregni salía a la opinión pública era la opinión del Frente Amplio. Cuando salía Brovetto incluso era la opinión del Frente Amplio. En este momento nunca sabemos, nunca queda totalmente definido si lo que se expresa es la opinión del vocero o la de la fuerza política”, dice el exministro de Transporte, a quien Vazquez había propuesto para suceder a Javier Miranda

    Sentado bajo la parra del fondo de su casa en el Paso Molino, con doble tapaboca, Víctor Rossi cuenta que su ritmo de vida cambió desde que en marzo de 2020 se concretó el cambio de gobierno. Luego de haber sido ministro durante 10 de los 15 años de gobierno frenteamplista, asegura —entre los ladridos de su perro y el sonido de las chicharras— que hoy su actividad política es muy poca. Que apenas intercambia algunos mensajes de WhatsApp en un grupo del viejo gabinete en el que le reprochan su escasa intervención o mantiene algunas conversaciones con allegados. Poco más.

    Más allá del orgullo que le genera el hecho de que Vázquez le haya ofrecido esa “gran confianza” al mencionarlo, Rossi quiere despejar cualquier duda: no será candidato a nada y, además, considera que Marcos Carámbula debe ser el próximo presidente del Frente Amplio.

    Por sus antecedentes, lo considera la mejor solución para encauzar un panorama complejo, con varios desafíos a superar. Entre ellos, en la víspera de los 50 años de la fuerza política, ve a un Frente Amplio desarticulado, sin voz ni rumbo claro, con un ala socialdemócrata debilitada, y en el que los perfilismos le ganan la pulseada a la cohesión.

    —¿Tabaré Vázquez habló con usted sobre la posibilidad de que presida el Frente Amplio?

    —Nunca lo hablé con él. Ni antes ni después de que mencionara mi nombre. Él lo habló con otras personas y esas otras personas lo comentaron públicamente. La verdad, es que yo me sentí orgulloso, pero a su vez no creí que tuviera que tomar ninguna iniciativa respecto a su comentario. Pero el hecho fue público y como consecuencia de eso hubo algunas opiniones acerca de qué necesita el Frente Amplio y de qué manera debe abordarse ese relevo en la presidencia para tener el mejor resultado.

    En ese sentido, tengo el convencimiento de que Marcos Carámbula es una persona que por su trayectoria, su experiencia, su calidad de frenteamplista, puede ser una solución muy buena. Tal vez de las mejores. Frente a eso, yo no quiero que el hecho de que Tabaré Vázquez me haya mencionado se transforme en un obstáculo. Coincido con Marcos en que lo mejor en estas instancias, donde hay tantas cosas por resolver y definir, es que la presidencia no solo sea elegida con un amplio consenso si no que efectivamente su rol principal sea el de seguir construyendo y cohesionando las expresiones que se dan dentro del Frente Amplio. Como coincido en esa valoración, y ante las decisiones que pronto van a tener en sus manos los frenteamplistas, no quiero que se genere ninguna duda respecto a mi opinión. Yo no soy candidato a nada, no voy a ser candidato a nada ni a disputar espacios, y menos con Marcos que desde el 1971 en adelante mostró una trayectoria destacada. Me consta lo que trabajó y empujó en esos primeros años; su aporte a la salida de la dictadura desde el Sindicato Médico del Uruguay. Después en los dos períodos en la Intendencia de Canelones que generó un cambio tan grande en la realidad del departamento que hoy resulta un Canelones completamente distinto; la gestión que hizo posteriormente en el Senado; y la responsabilidad que asumió en la Presidencia de ASSE en un momento complicado. Su gestión en ASSE fue la confirmación del respeto y la tranquilidad que en esas condiciones complejas transmitió a toda la sociedad, empezando por la propia oposición. Desde el punto de vista del funcionamiento del gobierno, un elemento que permanentemente hacía ruido salió del orden del día de los problemas. Entonces, una persona que tiene todos esos antecedentes acumula una experiencia que, en la medida en que sea respaldada por un amplio espectro, nos va a dar a todos la garantía de que vamos a tener a uno de los mejores frenteamplistas asumiendo la responsabilidad de la presidencia.

    —¿Si Vázquez lo señaló como un posible candidato a cumplir bien ese rol, por qué decide desmarcarse?

    —En primer lugar, porque hay un tiempo para las cosas. En segundo lugar, porque no solo se requiere la voluntad y el empeño de uno de llevar adelante esas tareas sino de que los demás compañeros visualicen que uno es capaz de llevarlas adelante. Eso no ha aparecido, más allá de la opinión de Tabaré. Creo además, que es absolutamente juicioso porque estamos en un momento de transición y yo no soy un eslabón de esa transición. Yo soy parte de los destacamentos que van siendo relevados y es importante que ese proceso se consolide. Ojo, no me morí. Voy a seguir teniendo opinión y voy a procurar seguir defendiendo lo que considero mejor. Pero una cosa es una opinión y otra asumir esta responsabilidad que no es de presente sino que es de construcción de futuro. Yo lo que digo es que ahora, en la etapa en la que estamos entrando, mi opinión es que el presidente tiene que ser Carámbula, que es una muy buena propuesta y que nos da garantías a quienes pensamos muy parecido a él, pero también a la totalidad de los frenteamplistas.

    Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda

    ¿Cómo ve al Frente Amplio? ¿Se acomodó a este rol de oposición o todavía está medio perdido?

    —Desde hace algún tiempo, el Frente Amplio se expresa en forma desarticulada. Esto es, en parte, expresión de lo que siempre fue: un frente que une un conjunto de expresiones con su historia, sus valoraciones, sus líderes, sus perfiles. Pero estas expresiones se unían en función de sintetizar lo fundamental que con cohesión después se llevaba adelante. Eso faltó antes de la elección y durante el período electoral, y falta actualmente, en los primeros meses del nuevo gobierno. Al Frente Amplio todavía le falta esa segunda parte, esos elementos que le permiten levantar sus banderas principales. Tal vez por viejo, recuerdo roles de los grandes presidentes del Frente Amplio. En particular, Seregni. Y mirá que no era que Juan Pablo Terra, Rodney Arismendi, Francisco Rodríguez Camusso o Zelmar Michelini pensaran igual ni que fueran líderes dóciles... Pero en los temas fundamentales había una posición que todos llevaban adelante. No aparecía cada uno explicando sus matices y sus dudas. Bueno, cuando hablamos de la necesidad de cohesionar la fuerza política es eso. No es que nadie deje de pensar. Es que en la medida en que decidimos avanzar en un camino tenemos que ofrecer las banderas, las metas que sinteticen la opinión del conjunto.

    —¿Al Frente Amplio le faltan los temas que unen o los líderes que priorizan la cohesión?

    —Los temas no faltan. Los temas están presentes. Algunos son los mismos de siempre, otros son nuevos. Pero los temas están. Lo que hay, evidentemente, son problemas de funcionamiento, de instrumentación. Hay problemas que también quizás obedezcan a cambios del último tiempo, donde la expresión de rumbo del Frente Amplio no siempre está claramente definida en los distintos voceros que la expresan. Cuando Seregni salía a la opinión pública era la opinión del Frente Amplio. Cuando salía Brovetto incluso era la opinión del Frente Amplio. No salía a decir Brovetto lo que le parecía a él. En este momento nunca sabemos, nunca queda totalmente definido si lo que se expresa es la opinión del vocero o la de la fuerza política. Eso, se quiera o no, debilita, genera confusión… También el hecho de que no haya una posición privilegiada de un representante de las opiniones comunes facilita que se subrayen los perfiles particulares.

    —¿Hubo una mala gestión de Miranda y su equipo para encauzar la variedad de expresiones que conviven en el Frente Amplio, o es que el perfilismo le empezó a ganar a la cohesión?

    —No es Miranda y su gente. Lo que sucede es que desde hace un tiempo ha ido ganando espacio esto de perfilar posiciones en vez de priorizar los acuerdos. Eso se expresa en esto que decía: teníamos un presidente como Seregni, pero teníamos una Mesa Política en la que participaban habitualmente aquellos representantes tan notorios y de tanta importancia. Por lo tanto, cuando se reunía la Mesa Política del Frente Amplio, y basta ver la foto del 5 de febrero de 1971, de ese lugar —en el que seguramente no estaban todos de acuerdo— salían decisiones que definían un camino. Algunos saldrían más contentos, otros menos. Pero había un rumbo. En este momento, ¿quiénes son los representantes de las distintas fuerzas? Los que participan ¿son las figuras más representativas de los distintos sectores? ¿Cuántas expresiones se dan en la Mesa Política del Frente?

    —Parece haber una desarticulación grande también dentro de los distintos grupos. Salvo por el Partido Comunista y quizás alguna otra expresión, después, sobre todo en el ala socialdemócrata aparece un panorama muy disperso de sectores y liderazgos.

    —Ese es parte del trabajo que tiene por delante el Frente Amplio. Yo no dije eso que usted dijo, pero lo comparto. Efectivamente. Y ni el Partido Comunista tiene una única opinión en este momento (se ríe). Ni eso.

    —¿Ve entonces una carencia en el área socialdemócrata del Frente Amplio?

    —Claro que sí. No quiero hacer comentarios y anécdotas de chusmerío porque no ayudan y no es el objetivo. Pero hay muchas anécdotas desgraciadas en ese sentido. En todo lo que sería el ala socialdemócrata, donde el Frente tiene importantes adhesiones, y que es un sector sin el que no se puede ganar una elección, no se ha podido sostener una razonable articulación. Y una razonable articulación ni siquiera quiere decir que vayan todos en una misma lista. Simplemente que haya una relación de respeto, de complementación, de equidistancia. En cada instancia electoral, salvo en esta, el Frente Amplio, por un camino o por otro, encontró un instrumento capaz de convocar a ciudadanos y sectores que van incluso más allá de la socialdemocracia —porque hay grupos que no se consideran socialdemócratas pero pueden confluir en una propuesta progresista— y que le permitieron fortalecer el proyecto, sin que fueran integrantes del partido. En esta elección, no tuvimos Encuentro Progresista, la única alianza que se hizo fue con (Fernando) Amado y en unas condiciones muy particulares. Todo lo demás se fue deshojando... Y la contracara de un Frente Amplio pobre de aliados fue que todos los demás lemas, hasta el PERI, estuvieron del otro lado. Es casi imposible que te pase eso. A alguien tenés que poder convencer para que no sean todos goles en contra. No podés quedarte sin aliados y con todos los contrarios unidos. Como mínimo tendríamos que haber logrado que alguno se diferenciara del otro proyecto político, evitar que hubiera una acumulación tan contundente del otro lado. Es increíble que no hayamos metido una.

    Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda

    —En otra entrevista con Búsqueda en el marco de la elección usted decía que los liderazgos no se inventan. ¿El Frente Amplio no se cerró demasiado a apuntalar la renovación de sus liderazgos? ¿No dejó demasiado solas a las figuras emergentes?

    —Los relevos no son fáciles para nadie. Igualmente, creo que hay un camino avanzado de renovaciones. En el Frente Amplio se vienen destacando algunas figuras nuevas. En el Parlamento es muy destacada la labor de (Charles) Carrera, la de (Mario) Bergara, la de (Alejandro) Pacha Sánchez, la del propio (Óscar) Andrade. Hay renovación. La elección en Canelones y en Montevideo también creó nuevos referentes: la confirmación de Orsi, que ni siquiera tuvo discusión, y también la elección de Carolina (Cosse) en Montevideo. A Carolina la vengo siguiendo y me parece que se afirmó una vez electa y está muy bien parada. Es una referente que en el futuro va a pesar en las decisiones del Frente Amplio. El proceso de renovación tiene las dificultades que da en cualquier lugar, pero no va a ser un gran problema para el Frente Amplio.

    —¿Hay en Cosse algo de Tabaré Vázquez? En el último tiempo ella ha hecho referencias constantes a la figura de Vázquez. ¿Se puede ver a Carolina como sucesora de algo de la impronta del “Vazquismo”?

    —Es una nueva expresión Carolina, que a lo mejor se fortaleció en el período en que trabajó junto a Vázquez. Afirmó sus rasgos y eso es lo que ella expresa: el valorar la influencia que recibió de alguien que le mostró algún camino. Carolina tiene una formación de izquierda. No es un descubrimiento. Y ha demostrado persistencia y capacidad de comunicación y de relacionamiento. Todas esas características las está confirmando ahora en la gestión, que es donde se ven los pingos. Me da muy buena impresión.

    • Recuadro de la entrevista

    El “respiro brutal” de UPM y la aprobación “evidente” de la cuarta planta de celulosa

    Información Nacional
    2021-02-03T20:43:00

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