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    Episodio VII: El despertar de la Fuerza, de J.J. Abrams

    Colaborador en la sección de Cultura

    La saga iniciada en 1977 con La guerra de las galaxias, más adelante titulada Star Wars-Episodio IV: Una nueva esperanza, quizás nunca haya pasado de moda. Y ahora, bajo los dominios de Walt Disney Pictures, que en 2012 compró Lucasfilms, la productora de George Lucas, el padre de la criatura, finaliza 2015 y comenzará 2016 con Episodio VII: El despertar de la Fuerza, dirigida por J.J. Abrams, la primera de una serie de tres películas cuyos planes de estreno son 2017 y presumiblemente 2019.

    El despertar de la Fuerza no puede empezar mejor. Después del icónico himno de John Williams, de las letras amarillas que sirven de prólogo —la primera oración es un puñetazo— y se pierden en el cosmos, las tropas de la llamada Primera Orden, la organización militar nacida de las cenizas del antiguo Imperio, siguen el rastro de Luke Skywalker (Mark Hamill), el último jedi, que se ha escondido en algún lugar. La invasión de los stormtroopers sobre una aldea en el desierto planeta Jakku es brutal, con los soldados de cascos blancos arrojando fuego en la oscuridad, es una muestra del estilo urgente y realista de Abrams, director ideal para la reinvención de esta saga. El realizador no solo revitalizó otra franquicia legendaria en el cine, Star Trek, con la que conquistó a espectadores que jamás en su vida irían a ver una película de Star Trek; también recibió la bendición de fanáticos de la serie que, como todos los seres de su condición, no son fáciles de convencer. Además: supo abordar las versiones más complejas y sinuosas de las relaciones paterno-filiales en las series Fringe y Lost. Y además: filma estupendamente, finamente, es muy hábil diseminando elementos de suspenso, dirigiendo escenas de acción y manejando acciones paralelas. Y además: tiene afinidad con los personajes oscuros y contradictorios.

    Abrams, junto con los guionistas Lawrence Kasdan (El imperio contraataca y El regreso del jedi) y Michael Arndt (autor de Pequeña Miss Sunshine y Toy Story 3) se arrimó a la fuente, al primer título estrenado de la franquicia. Allí se encuentran la estructura y los compuestos esenciales que convirtieron a la denominada “trilogía original” (a Una nueva esperanza se suman El imperio contraataca, de 1980, y El regreso del jedi —en un comienzo titulada La venganza del jedi, que Lucas decidió cambiar debido a que sonaba demasiado “oscuro”—, de 1983) en una obra perdurable. Todo empaquetado en un vistoso escenario de ciencia ficción, con máquinas que parecían del futuro, aunque la historia había sucedido “Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy lejana”. Y así como en la trilogía original Lucas contó una historia que ya había sido contada, con variantes, infinitas veces en mitos y leyendas de diferentes culturas del mundo a lo largo de los siglos —relatos milenarios y sagas medievales, con gestas que abarcan generaciones familiares enteras, incluyendo la historia del rey Arturo—, El despertar de la Fuerza vuelve sobre la estructura y los personajes arquetípicos de Una nueva esperanza y les confiere nuevas texturas y dimensiones. Abrams toma el molde de aquella película germinal y realiza tres operaciones simultáneas. El despertar de la Fuerza es en buena medida una remake de Una nueva esperanza, en menor grado una continuación de El regreso del jedi, y en cierto punto también un reboot, un reinicio de la saga completa. Los nuevos personajes asumen el puesto de los viejos, con algunas variantes, y los viejos, bueno, ahora son nuevos también, tomando la posta de los que no están. Las similitudes en cuanto a algunas formas y esquemas son varias (el planeta desierto, el droide que viaja con la información en su interior, el arma de destrucción masiva con forma de planeta, un personaje que es Yoda pero de color naranja y con lentes) y en la web los fanáticos se han tomado el tiempo y la energía de señalarlos con lujo de detalles.

    Disney, por medio de Pixar, viene apostando a las heroínas en sus últimas películas (véase Intensamente o Frozen), y este reinicio es una gran plataforma para seguir. Rey (Daisy Ridley, una maravilla), la joven y solitaria chatarrera de Jakku, planeta sobre cuyas arenas yacen restos de antiguas naves estelares y vehículos terrestres —los fans tienen un buffet de modelos para degustar—, se involucra en la lucha entre la Primera Orden y la Resistencia luego de que se topa con BB-8, el droide de forma esférica que buscan las tropas de asalto. Rey, una combinación de Leia Organa (Carrie Fisher, otra que vuelve) y Luke, se cruza con Finn (John Boyega), un soldado imperial que desertó luego del ataque inicial en la aldea, un soldado sensible que quiere “hacer lo correcto”, que pretende ser héroe aunque no sabe bien cómo es que hay que hacer. Que estos dos personajes —monumento a la corrección política— se conozcan y que luego escapen en una vieja nave que parece un montón de chatarra cósmica conducirá a un reencuentro celebrado ya desde el trailer: Han Solo, el vaquero intergaláctico, regresa al Halcón Milenario, eternamente recauchutado y capaz de viajar a la velocidad de la luz furgón espacial. Y con él viene Chewbacca, fiel copiloto. Han Solo no es el galancete cínico de hace 30 años. Ya no. El que no creía en los jedis y en la Fuerza. “Todo eso es cierto”, le dice a Rey, que lo mira con asombro y admiración genuina. Han Solo, ahora figura paterna sustituta que alguna vez fue Obi Wan Kenobi, conserva esa sonrisa partida, ese aire ganador, y todavía sigue arrastrando deudas por toda la galaxia, deudas que pueden costarle la vida. Y ahora lleva canas y arrugas, lo que significa: experiencia, algo de sabiduría, es como un jedi sin sable de luz, Han. Y le dice a cierto personaje un poquito mentiroso algo importante acerca de las mujeres.

    Como en la trilogía original, hay un villano que viste de negro, que usa máscara —también oscura— a través de la cual su voz emerge perturbadoramente deformada. Se sabrá que este villano no es el villano, sino que sigue las órdenes de un ser supremo, Snoke (repelente nombre, lo interpreta el camaleón digital Andy “Gollum” Serkis), que se ve muy poco y solo por medio de hologramas. Además del nombre repelente, Snoke tiene gusto a poco. Ocurre con otros personajes-borradores: como capitán Phasma (debajo del uniforme cromado se encuentra Gwendoline Christie), el insípido general Hux, y —una lástima— el de Leia.

    Kylo Ren, interpretado por Adam Driver, capo, el de la serie Girls, crece en el filme. Es uno de los primeros en aparecer en pantalla, irradia ira y maldad. Sigue los pasos de Darth Vader —uno de los villanos más grandiosos de la historia del cine—, y de quien conserva su casco calcinado como un ídolo al que le habla. Abrams, Kasdan y Arndt se las ingeniaron para dar con alguien a la altura, y en el desarrollo de El despertar de la Fuerza preparan el terreno para que Kylo Ren se transforme en un digno sucesor del siniestro padre oscuro. La escena, una batalla entre la luz y la oscuridad que sucede a varios niveles, es una de las más poderosas de la película. La rueda galáctica vuelve a funcionar, hay una historia bien contada, que entretiene y emociona, que conduce a un final de una majestuosa sencillez, al borde del abismo, que deja al espectador deseando por el siguiente episodio.

    Star Wars-Episodio VII: El despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens). EEUU, 2015. Dirección: J.J. Abrams. Con Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac, Adam Driver, Harrison Ford, Carrie Fisher, Mark Hamill. Duración: 136 minutos.

    Vida Cultural
    2015-12-23T00:00:00

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