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    Volveré por ti

    Cuando ya no grites más mi nombre / Cuando estar cerca de mí no importe / Cuando no me veas más ni puedas vivir sin mí / Entonces marchitarás las flores.

    Escena 1: Sentado en un sillón con los ojos cerrados y el cuerpo contraído sobre sí mismo, Urbano Moraes escucha atento lo que suena en el tocadiscos. La canción se llama Solo he de quedar, fue compuesta por Ruben Rada y grabada por El Kinto. A su lado, Juana Molina y otros allegados a esta historia, como Teresa Mateo y Guilherme de Alencar Pinto. El gesto tenso y las manos apretadas de Urbano sobre sus rodillas denotan una mezcla de concentración y asombro. El bajista y cantautor uruguayo mira a la cantante argentina y le dice: “¡Qué increíble que no está en el disco de El Kinto este tema! Es el himno de El Kinto. No se puede creer”.

    Escena 2: Urbano termina de escuchar otra pista inédita del mismo disco, se levanta emocionado y corre hacia Juana, que está en otra habitación. Con la algarabía de un niño al recibir un regalo de Reyes le cuenta que, al escuchar esa pista instrumental, acaba de recordar la letra de una canción que había compuesto hacía… 50 años. “¡Juana, te voy a pedir esa pista para grabarle la letra!”, balbucea, eufórico, apenas comenzando a asimilar el descubrimiento.

    Escena 3: De pie frente a Alencar, comienza a cantar esa canción olvidada, que había estado hibernando durante medio siglo en un sitio recóndito de su cerebro. A su alrededor se arma una espontánea ronda de júbilo e incredulidad. La explosión de alegría en su rostro es la mejor partitura para esa sinapsis fantástica que acaba de ocurrir frente a los celulares con las cámaras encendidas de los presentes. La música. La maravilla. La máquina del tiempo. Todo junto.

    Estos tres videos, tomados en la primera escucha del nuevo Musicasión, a fines de 2021, fueron subidos en las últimas semanas a las cuentas de Instagram de Molina y de su sello discográfico S.O.N.A.M.O.S., que acaba de lanzar la reedición en vinilo del mítico disco que editó el sello uruguayo De La Plata en 1971. Se trata de una de las obras más influyentes de la historia musical uruguaya, que registra el espíritu de las legendarias “musicasiones”.

    Con ese extraño neologismo que significa algo así como la acción de hacer música, Eduardo Mateo y Horacio Buscaglia bautizaron el ciclo de conciertos autoproducidos que hicieron entre junio y noviembre de 1969 en la sala de El Galpón, con el objetivo de difundir la música de decenas de jóvenes cantautores e intérpretes que no lograban la difusión mediática que esperaban. Los cuatro ciclos totalizaron 14 funciones y acunaron varios estrenos absolutos, como Las manzanas —el más célebre— de Ruben Rada, quien compuso la canción a pedido de Mateo, en una tarde, previo a una de las funciones de Musicasión 2, en una caminata desde el teatro a la rambla.

    En una atmósfera muy hippie, con abundante improvisación y precariedad técnica, y con Buscaglia y El Kinto como anfitriones de todos los conciertos, pasaron por las musicasiones artistas renombrados y no tanto, como Manolo Guardia, Rada, Federico García Vigil, Diane Denoir, Yaír Flores, Dino, Cheché Santos y el actor Pepe Vázquez. Sonó de todo, desde rock and roll hasta tango, candombe, bossa nova y jazz, y por supuesto, esa fusión bien montevideana que después sería denominada candombe-beat.

    Por ser consecuencia directa de las cuatro musicasiones, el disco, grabado íntegramente por el técnico de sonido uruguayo Carlos Píriz (luego radicado en Buenos Aires) y masterizado por Luis Quinteros, fue denominado Musicasión 4½. Contiene material grabado entre 1966 y 1969 “en los viejos, tristes, mal equipados, queridos Estudios Sondor”, según reza la contraportada del vinilo.

    La lista de canciones es antológica y El Kinto es el nombre que más se repite: de este combo pionero en muchas de las aristas que después dieron forma al llamado rock latino, figuran siete temas: Suena blanca espuma, Mejor me voy (con Rada), Música de la película del mismo nombre, Muy lejos te vas, Príncipe azul (con texto de Buscaglia y música de Mateo), Yo volveré por ti y Pippo. También hay varias canciones emblemáticas con la firma de Urbano Moraes, como Musicasión III, basada en la letra y música improvisada por Urbano en el escenario de El Galpón y grabada pocos días después y la muy rockera Pippo.

    “En las musicasiones hubo algo más que el encuentro con un sonido uruguayo”, dice Horacio Buscaglia en la contratapa de la edición en vinilo de 1977, en un elocuente recuerdo del espíritu de aquellos encuentros musicales. Y agrega: “De pronto, casi sin darnos cuenta, en cada apretón de manos te entregaban una canción. La música era la sopa, el pan, el vino y los postres en la mesa servida de la amistad. Vaya uno a saber quién fue el que arrojó el primer acorde. Lo cierto es que con Mateo fuimos los irresponsables responsables del inicio de todo esto. Después ya fue de todos”.

    De lujo

    La nueva edición de Musicasión 4½ (dos LP en vinilo y un libro de 20 páginas), ideada y proyectada enteramente por los argentinos Molina y Mario González, directores de S.O.N.A.M.O.S., conmemora los 50 años de la primera publicación, cumplidos en 2021. De hecho, Molina ha mencionado en varias ocasiones la importancia de este disco, así como los de Mateo, en su formación musical temprana. La caja contiene el álbum completo, restaurado y remasterizado desde las cintas originales por el ingeniero de sonido argentino Daniel Osorio, especialista en procesos sonoros analógicos. Además incluye una segunda placa con material totalmente inédito, que consiste en tomas de estudio alternativas, temas descartados —como el mencionado al inicio— y otras rarezas. Por ahora estas músicas no han sido subidas a plataformas digitales sino que se pueden escuchar exclusivamente en las copias en vinilo. Estamos llegando a la mitad del año pero se puede afirmar, sin un ápice de dudas, que este es el acontecimiento discográfico nacional de 2022.

    Estas grabaciones totalmente perdidas en el tiempo y en la memoria de sus autores vieron la luz recientemente en unas viejas cintas magnéticas descubiertas en Buenos Aires por uno de los hijos de Carlos Píriz, el técnico de sonido uruguayo que grabó las sesiones de Musicasión 4½, en Sondor, y por González. Los temas del vinilo extra fueron compilados con el estilo “entreverado” del LP primigenio. De los 18 surcos que componen este tesoro fonográfico desenterrado, 14 corresponden a temas de El Kinto, Horama, Diane Denoir y Ruben Rada, grabados en vivo en el Teatro Solís en 1966. Denoir y Rada actuaron acompañados por el trío base que armó Eduardo Mateo en aquella velada; los otros cuatro temas provienen del inconcluso álbum debut de Urbano Moraes, grabado en Argentina en 1972, nunca antes difundidos.

    La flamante y hermosa placa doble, que en las disquerías uruguayas se vende a $ 1.980, contiene en sus cubiertas interiores una selección de fotos de las sesiones de grabación, muchas de ellas inéditas, como una de Eduardo Mateo que Molina recuperó de la casa de su padre, el cantante de tango Horacio Molina, fallecido en 2018, quien la había tomado en 1971, en las grabaciones de Mateo solo bien se lame, en el estudio ION de Buenos Aires.

    El librillo (en la jerga discográfica se llama booklet) tiene la foto de las cintas halladas en la portada y contiene un texto de 20 páginas que resume la investigación histórica de Alencar Pinto sobre esta serie de grabaciones, realizada para esta oportunidad. El diseño gráfico de la tapa, la contratapa y las etiquetas circulares pegadas sobre el acetato respeta íntegramente la diagramación y las tipografías originales.

    Sin censura

    Con todas sus variantes, Musicasión 4½ es una de las máximas obsesiones de los melómanos no solo de Uruguay, pues el álbum original de 1971 se descatalogó, ya que el máster original se encuentra perdido. Por esa razón, aquel primer vinilo es considerado una verdadera rareza para el coleccionismo discográfico a nivel mundial, un mercado en el que los viejos discos uruguayos son altamente valorados.

    Este acto de arqueología musical también tiene la virtud de dejar atrás —45 años después— la autocensura del sello Clave (cuyo catálogo luego fue absorbido por Sondor), pues gran parte de las copias en vinilo existentes en la plaza local corresponden a la segunda edición del LP, de 1977, en la que fueron quitadas las referencias políticas del texto de la contratapa y tres de los mojos (monólogos humorísticos breves) recitados por Buscaglia, que fueron sustituidos por otros menos politizados. La versión recortada de 1977 ha sido durante décadas la definitiva; fue reeditada en 1983 en vinilo y cassette (con el orden alterado) y en CD en 1998, incluida en la colección 30 años de música uruguaya de la revista Posdata.

    Dice Píriz en la contratapa de la edición original: “Este disco es testimonio de una música popular uruguaya desconocida, subterránea, tímida a fuerza de ser ignorada, hecha entre amigos y porque sí, y con la calentura de lo que se hace a pesar de todo. Por eso es que no interesa su éxito de ventas. Por eso es que me muero de la risa de los disc-jockey lances que no lo difundan, de los críticos lances que no les guste, de los músicos lances que no entiendan en qué medida esta música vale”. Y remata: “Se puso lo que se pudo. Se usó lo que había. Y casi todo entreverado. Además Horacio dice unos mojos. Es flor de divague. Es una Musicasión”.

    Vida Cultural
    2022-06-22T21:27:00

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