En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Cuando un texto promocional habla de “una de las bandas de rock más grandes del planeta”, sabemos bastante bien de qué estamos hablando: millones de discos, millones de espectadores, millones de clicks, millones de dólares. A veces hay mucho humo detrás de los millones. Y a veces hay talento. El trío que componen los británicos Matt Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard llega en su sexto disco, editado en junio, y tras 21 años de ascenso, a la cima del rock mainstream globalizado.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Detrás de la consola, en la producción está Robert John “Mutt” Lange, responsable sonoro de los últimos discos de AC/DC y Def Leppard, dos clásicos del hard rock. Y ese gusto por la contundencia se aprecia en la continua pirotecnia de baterías y riffs de guitarra distorsionada, como en Reapers y Psycho, los caballitos de batalla del álbum. También es demoledor el aporte —en términos rockeros— de los coros al estilo lírico, una inconfundible huella de Queen, en temas como Defector. Pierde terreno la presencia electrónica, cuyo empaste con el power trío de rock es el común denominador de las dos décadas de ruta de esta musa inglesa, y que aquí aparece en cuentagotas, en temas como The Handler y Psycho.
A diferencia de sus trabajos anteriores, se aprecia con nitidez un concepto letrístico que amalgama el disco: el control y la obediencia. Y precisamente, desde el título y la portada (de Matt Mahurin) se juega con la idea de una cadena de mando deshumanizada: un cuerpo humano con una palanca en lugar de cabeza, controlado por una mano mayor, símbolo de un mundo de humanos y máquinas controlados por humanos (¿y máquinas?).
En estos tiempos de guerras focalizadas, donde los campos de batalla se han trasladado a espacios públicos donde asestar un atentado contra civiles o cuando el golpe se aprecia en un monitor de computadora donde se visualiza el objetivo eliminado quirúrgicamente, se podría inferir que la crítica de Muse apunta tanto a los ejércitos occidentales como a las milicias que operan en Oriente Medio y Europa por razones religiosas.
Un poco más de paranoia no desentona para nada, ni mucho menos espanta a los consumidores. Más bien todo lo contrario. Dead Inside habla de esa muerte ajena y cotidiana a la que asistimos cada día en nuestras pantallas; Drill Sergeant de algo que por aquí conocemos como “obediencia debida”. El disco se aliviana sobre el final, en clima de balada y alegoría coral medieval en Aftermath y Drones, que suenan a una redundante e innecesaria moraleja.