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Esclavitud y venta de niños: lo que esconde la maternidad subrogada

Un reciente informe de Naciones Unidas señala que la subrogación de vientres constituye una forma de esclavitud; Olivia Maurel, nacida por maternidad subrogada, es hoy una firme activista contra esta práctica y pide su abolición universal

El nacimiento del primer bebé por maternidad subrogada en Uruguay, el 7 de julio de 2025, marcó un hito legal y médico en el país. Más de 10 años después de aprobada la Ley de Reproducción Humana Asistida, Sofía dio a luz, en Tacuarembó, a Valentino, el hijo legal de su hermana Valeria, que debido a una malformación en el útero estaba imposibilitada de concebir un embarazo.

Exactamente una semana después, el 14 de julio, Naciones Unidas (ONU) hizo público un informe sobre la maternidad subrogada y la violencia contra las mujeres y niñas, el cual fue presentado en junio en la 80a sesión de la Asamblea General. Entre las principales conclusiones, el texto señala que la reproducción subrogada es una forma de explotación y violencia contra mujeres y niños. Además, sostiene que “refuerza las normas patriarcales al mercantilizar y cosificar el cuerpo de las mujeres y exponer a las madres sustitutas (o gestantes) y los niños a graves violaciones de los derechos humanos. Por eso, recomienda avanzar hacia la erradicación de la reproducción subrogada en todas sus formas (comercial o altruista). Mientras tanto, sugiere tomar medidas para prevenir los daños y fortalecer la protección de los derechos de las mujeres y los niños que participan en esa práctica.

En Uruguay, la Ley de Reproducción Humana Asistida establece que la subrogación solo es posible para mujeres que no pueden llevar a cabo un embarazo por razones médicas. Estas podrán acordar solamente con un familiar de segundo grado de consanguinidad suyo o de su pareja la implantación y gestación del embrión propio. A la vez, prohíbe la subrogación comercial, por lo cual no se permite que haya retribución económica a la gestante.

De hecho, Valentino es fruto de la fecundación del óvulo de una donante con un espermatozoide de Luis, pareja de Valeria, el que fue implantado en el útero de Sofía, quien en lo legal es la tía del niño, y que aceptó “prestar” su vientre como un acto de “amor” hacia su hermana. Entre las pocas condiciones que puso Sofía para aceptar la gestación, dejó en claro que no quería ser la responsable de amamantar al niño, dado que no quería generar una relación de dependencia y apego, informó El Observador.

Según cifras del Ministerio de Salud Pública recogidas por ese portal de noticias, desde que se aprobó la ley solo se recibieron ocho solicitudes de subrogación de vientre. Tres de ellas fueron rechazadas por no cumplir con los requisitos, otra nunca terminó de presentar la información solicitada, tres no se concretaron y la octava es la historia de Valentino.

Esclavitud y venta de niños

Los magros números registrados en Uruguay, que algunos especialistas señalan que se deben a la exigencia de los requisitos, no coinciden con la tendencia mundial que muestra un aumento significativo de esta práctica marcada, la mayoría de las veces, por un acuerdo comercial entre la madre gestante y los padres legales. El informe de ONU establece que en 2023, el mercado mundial de reproducción subrogada estaba valorado en 14.950 millones de dólares y prevé que para 2033 alcance los 99.750 millones de dólares.

madre y bebé recién nacido

El documento advierte también sobre la frecuencia cada vez mayor de dinámicas transfronterizas, en las que progenitores previstos, por lo general, de los países más ricos, contratan a una madre sustituta de un país pobre y de estatus social inferior al suyo, “una dinámica que acarrea el riesgo de reforzar los patrones coloniales y discriminatorios”, con la consiguiente violación de derechos.

“Los arreglos de reproducción subrogada pueden equivaler o asemejarse a la esclavitud, ya que ponen a las madres sustitutas en una situación en que se hace uso de todas o alguna de las características de derecho de propiedad con respecto a ellas”. Esto lleva a que los padres previstos (como se les llama a los que acuden a una mujer para solicitar su vientre) se sientan con el derecho de hacer uso del cuerpo de la sustituta, como ellos entiendan; por ejemplo, limitándole el poder de decisión respecto a las condiciones del proceso u obligándola a someterse a una reducción embrionaria (en caso de embarazo múltiple) o aborto, en caso de que al bebé se le diagnostique alguna discapacidad o sea niña. Según el informe, muchos padres previstos quieren un niño y no una niña.

A esto se suma el hecho de que la mayoría de las veces el motivo económico es la razón principal que aducen las madres sustitutas a la hora de optar por el camino de la subrogación, al cual ven como una oportunidad para conseguir ayuda económica para ellas y sus familias. La vulnerabilidad de su situación, al mismo tiempo, les limita el acceso a recursos jurídicos o mecanismos de defensa efectivos. Incluso, muchas veces, la información que reciben no está en un idioma que entiendan. Al respecto, el informe de ONU, a cargo de la relatora especial Reem Alsalem, especialista en estos temas, subraya que cuando la reproducción subrogada es “la única alternativa o cuando desconocen las consecuencias, su consentimiento no es libre ni informado”.

Los cuestionamientos de la relatora especial de la ONU también hacen referencia a los perjuicios que pueden sufrir los niños que nacen fruto de esta práctica y manifiesta que pueden tener conflictos de identidad a largo plazo, los cuales se intensifican si son concebidos a través de donación de gametos. “Para muchas personas es importante conocer sus orígenes por motivos psicológicos y emocionales, y por razones relacionadas con el historial médico de la familia”. Señala que retirar al niño de la madre gestante inmediatamente después de nacer, como establecen la mayoría de los contratos de subrogación, puede “menoscabar el desarrollo temprano del apego del niño, lo cual afecta a su regulación emocional y a su crecimiento”. También advierte que con esta disposición contractual se corre el riesgo de tratar al niño como “objeto pasivo de un acuerdo entre adultos o como una mercancía”. De hecho, afirma que la reproducción subrogada comercial constituye “venta de niños, lo cual es un delito”.

De "una herida invisible" a activista

Olivia Maurel nació en 1991 por maternidad subrogada, en Kentucky, Estados Unidos, aunque buena parte de su vida la vivió en Francia, donde reside actualmente. Su historia personal la ha llevado a convertirse en una de las activistas más firmes contra esta práctica, que considera como violatoria de los derechos de mujeres y niños, y sobre la cual exige su abolición universal. Se declara feminista y atea, y es portavoz de la Declaración de Casablanca, un grupo internacional de expertos que lucha contra este método de reproducción. Tiene 33 años, está casada, tiene tres hijos y recientemente publicó un libro, Où es-tu, maman? (¿Dónde estás, mamá?), en el que cuenta su historia y lo mucho que la afectó haber nacido como fruto de “un contrato firmado, pagado y ejecutado en una clínica”.

Aunque durante su infancia no le faltó nada, Maurel relata que desde pequeña sintió “una desconexión, un vacío”. “Siempre sentí que algo no estaba bien, como si hubiera una herida invisible que no podía explicar. Siempre tuve un profundo sentimiento de abandono y confusión sobre quién era y de dónde venía”, señaló en una entrevista concedida a eldiario.es (Madrid) en junio pasado. Sus padres legales (en el caso del padre, también biológico) nunca le contaron su verdadera historia: ante la imposibilidad de su madre de quedar embarazada debido a su edad, su nacimiento fue fruto de la fecundación de un óvulo de la madre gestante con un espermatozoide de su padre.

Su adolescencia fue conflictiva y estuvo marcada por las drogas y las relaciones tóxicas. A los 17 años, con la sospecha de haber sido adoptada, comenzó a investigar en las agencias de adopción de Kentucky, hasta que se topó con las agencias de subrogación­. No tuvo dudas, así había nacido. Sin embargo, la búsqueda para confirmar su nueva sospecha se prolongó hasta hace tres años. Tenía 30 cuando su suegra le pagó un test de ADN. “Fue devastador. Había estado viviendo en una vida construida sobre una mentira. Mi certificado de nacimiento real, el que tenía el nombre de mi madre biológica, estaba sellado. Se creó uno falso para borrarla y reemplazarla por la ‘madre de intención’. Ese robo de identidad es algo por lo que todavía lucho hoy”.

En su libro, Maurel relata que en ese momento no solo sintió tristeza, sino también rabia. “Mi vínculo con la mujer que me gestó fue deliberadamente roto desde antes de nacer. No era solo tristeza, era un duelo. Duelo por una madre que no me permitieron amar. Duelo por una verdad que me fue negada. Ya bajo ese dolor, creció la rabia. Porque esto no es una tragedia familiar. Es un sistema. Un mercado”.

Olivia Maurel, activista maternidad subrogada
Olivia Maurel nació en 1991 por maternidad subrogada, en Estados Unidos. Su historia personal la ha llevado a convertirse en una de las activistas más firmes contra esta práctica. En este camino conoció a su madre gestante (y biológica) y se vio forzada a cortar la relación con sus padres previstos.

Olivia Maurel nació en 1991 por maternidad subrogada, en Estados Unidos. Su historia personal la ha llevado a convertirse en una de las activistas más firmes contra esta práctica. En este camino conoció a su madre gestante (y biológica) y se vio forzada a cortar la relación con sus padres previstos.

Inmediatamente, inició la campaña para conocer a su madre biológica y lo consiguió. “Cuando hablamos por primera vez, lloramos. Vi en ella una mujer que había sufrido. Que me llevó en su vientre, me parió con dolor y luego fue obligada a irse. Eso no es empoderamiento. Es trauma. No la culpo. Culpo al sistema que nos convirtió en extrañas”. En su momento, la madre biológica había optado por el camino de la subrogación porque acababa de perder un hijo, estaba atravesando un duelo y necesidades económicas. “Tomó la decisión desde el dolor y la desesperación. No fue libre. Fue utilizada”.

Conocer su historia ayudó a Maurel a comenzar a sanar y a convertirse en una voz reconocida y calificada sobre el tema en el ámbito internacional. De hecho, en los últimos años ha sido invitada a hablar en Naciones Unidas, en el Parlamento Europeo y en varios congresos internacionales. Además, se reunió con el papa Francisco. “Toda persona tiene derecho a saber quién le dio la vida, a entender sus raíces biológicas, su historial médico, su historia. Negar eso no es amor, es control. El derecho a la identidad está consagrado en la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño. Pero en la subrogación se ignora por sistema. Los niños son tratados como productos, no como personas con derechos”, dijo la activista al diario español.

De hecho, en varias ocasiones ha contado sobre el miedo que marcó sus tres embarazos. “No tenía acceso a mi historial médico completo. No sabía qué enfermedades eran comunes en mi familia biológica, qué riesgos genéticos podría estar portando. Recuerdo pasar miedo durante mis embarazos, preguntándome si estaba transmitiendo algo sin saberlo. Ese miedo era constante y era profundamente injusto, no solo para mí, sino también para mis hijos”.

Para la activista, no hay diferencia entre los daños que provoca la subrogación altruista y la comercial. En ambas, el niño es separado de su madre al nacer y la huella que dejan es profunda. Ante la romantización de esta práctica, a la cual se la presenta como una manera de hacer realidad los sueños de los adultos, la activista responde: “Nadie se pregunta cómo es crecer sabiendo que fuiste separado por dinero. O cuáles son las consecuencias psicológicas de eso. La subrogación no es una situación en la que todos ganan. Es una transacción con profundos costes humanos”.

Promotores y detractores

En los últimos años, varias celebridades han elegido el camino de la subrogación de vientre. Entre ellas, se encuentran Nicole Kidman, Paris Hilton, Sara Jessica Parker, Ana Obregón y Lily Collins. No obstante, a escala internacional, cada vez son más las instituciones que se proclaman en contra. Una de ellas es el Parlamento Europeo, que en su resolución sobre los derechos humanos señala que esta práctica socava “la dignidad humana de la mujer”, dado que “su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como materia prima” y se instrumentalizan con fines financieros. En tanto, recientemente Italia aprobó una ley en la que se prohíbe la subrogación de vientre, y se penaliza con multa y la posibilidad de dos años de prisión a quien recurra al exterior para lograrlo. Los movimientos feministas son otros firmes opositores de esta práctica, que entienden cosifican a la mujer.

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