“Uno se imagina cada movimiento del papa mientras va trabajando; subiendo, bajando del papamóvil. Que va a estar dentro de esa cúpula. Que va a pisar esos escalones”, relata a Galería Miguel, uno de los encargados del diseño y la fabricación de la cúpula, de sus escalones, sus barandas laterales y los pasamanos de donde se agarrará León XIV cuando recorra las calles de Montevideo, Paysandú y Florida en la primera visita de un papa al país en 38 años; el segundo pontífice en hacerlo después de Juan Pablo II.
Es muy probable que Dahiana, la única encargada de la costura; Darío, el tapicero; Miguel, de Calidad, y Agustín, ingeniero, estén especialmente atentos a la comodidad del papa y de sus acompañantes cuando ocupen los asientos que ellos mismos se encargaron de probar, y que Carlos, Michael y Brian deseen que en algún momento del viaje asome el sol para que el blanco perlado del papamóvil, tan exquisito como complejo de pintar, se luzca en todo su esplendor. “Hubo que modificar el 100% de la carrocería. No es algo que hagamos comúnmente”, comentan entre Carlos y Michael.
Carlos está a punto de jubilarse y recibió la noticia casi como una coronación a su trayectoria. Con más de 30 años de trabajo en la empresa le llega el que, asegura, ha sido su trabajo más desafiante y trascendente. Nada de eso tiene que ver con religión, ya que es bautizado pero no practicante, sino con el reto de fabricar un producto único e irrepetible, con esa veta artesanal y, por supuesto, con su alcance histórico. Michael siente algo parecido pero a la inversa. Lleva apenas cuatro años de trabajo y el hito de producir el vehículo en el que se trasladará al papa lo lleva a imaginar los próximos 30: “Ojalá siga acá y pueda decir a mis compañeros que yo, de gurí, hice el papamóvil”.
En sus marchas
Que estas 35 personas hayan puesto sus manos, horas y habilidades para fabricar el papamóvil fue consecuencia de una cadena de decisiones. Primero, el propio León XIV eligió Uruguay para empezar su gira por América Latina en noviembre de este año. Luego, al nuncio apostólico en Uruguay le llegó la orden del Vaticano de adaptar una versión del papamóvil original —el que se usa allí— recurriendo a la industria nacional. El nuncio, entonces, levantó el teléfono para hacer la propuesta a Nordex, que con 64 años es actualmente la única planta automotriz activa que fabrica y ensambla vehículos a gran escala en el país. En Nordex, el sí fue inmediato, cuenta Luis Radmilovich, su gerente de Recursos Humanos.
Primero aceptaron el desafío, luego verían qué malabares tendrían que hacer dentro de la empresa para que en poco más de dos meses tuvieran el vehículo pronto para trasladar a la máxima autoridad de la Iglesia católica. Parte de esa planificación requería establecer prioridades; coordinar tiempos con otros clientes sin detener la producción, pero dejando espacio para esta misión extraordinaria por su exigencia técnica, su visibilidad y repercusión, su simbolismo y, sobre todo, por sus plazos.
Pero más importante que trazar esa hoja de ruta fue elegir a las personas indicadas para fabricar el primer papamóvil uruguayo, esas 35 que requeriría el reto de entre las 900 que emplea la compañía. Para eso, se ponderó mucho más que los años de experiencia. “Esto es un producto artesanal, con condiciones especiales. Elegimos al personal con más habilidades en todos los procesos para volcarla y tener el producto que queremos entregar”, explica Marcelo Fianza, gerente de Proyectos e Ingeniería de Nordex.
Radmilovich, por su parte, agrega que tuvieron presente el perfil humano tanto como el técnico a la hora de elegir. “No contó solamente la experiencia, porque en ese caso encontrarías gente próxima al retiro solamente. Hay todo un oficio y perfeccionamiento detrás y fuimos encontrando los nombres ideales”. La opción religiosa no fue un factor. No hubo un solo trabajador que se acercara a pedir para trabajar en el papamóvil debido a su fe católica, y esa motivación “pesó poco” al momento de la ejecución, afirma el gerente de Recursos Humanos. “Eso no se ha interpuesto en la actividad en sí misma. En este país hay un alto porcentaje de católicos, pero a nivel profesional eso pesa poco. Sea el papa o cualquier otra figura, lo primero que siente la gente es el desafío y la responsabilidad de hacer algo que va a trascender”, apunta.
Listos, ya
Los gerentes confiesan que una parte de ellos anhela el final feliz de esta etapa para volver a la normalidad de la operativa. Pero dentro de la planta industrial, hacia donde se ingresa únicamente con lentes de seguridad y calzado especial, ya no hay indicios de papamóvil a la vista. A poco más de una semana para que el papa aterrice en Uruguay, solo quedan unos mínimos detalles estéticos para completar del todo este cometido. El trabajo más pesado ya quedó atrás.
Mientras tanto, el papamóvil permanece escondido, cual tesoro, en un sitio apartado de la planta. Ni siquiera la treintena encargada de darle forma vio la obra terminada, ya que fue fabricada por partes: cada uno se enfocó en lo suyo, que luego sería unido con lo de otros; algo parecido a ese juego de creación colectiva inventado por los surrealistas —cadáver exquisito— en el que varias personas crean un solo dibujo doblando un papel para no ver lo que dibujaron los demás.
Por su carácter de extrema reserva y confidencialidad, hay recuerdos que los artesanos del papamóvil conservarán solo en su retina, algo que resulta inverosímil en tiempos de fotos, de redes sociales y viralización, que se anteponen a la vivencia. “Tenía que ser un perfil de personas capaz de hacer un laburo con confidencialidad. Destaco cómo todo el mundo la respetó”, subraya Fianza.
Estéticamente, el Vaticano estableció como requisito para la creación del papamóvil el predominio del blanco perlado, la alfombra rojo carmín, el escudo del Vaticano en la puerta, dos mástiles y un banderín en el capó y la matrícula SCV 1, correspondiente al Estado de la Ciudad del Vaticano.
Por lo pronto, Carlos se llevará las bromas con compañeros mucho más jóvenes cuando, en plena jornada, jugaban a ser el papa. “Todos queríamos ser el papa, estar en el lugar, sentarnos en el trono” (risas). Dahiana, la única mujer del equipo, se llevará su reacción cuando le dijeron que trabajaría en este vehículo (“¿es en serio?”, preguntó) así como el desafío para nada común de haber trabajado con una máquina especial y en doble pespunte, y el trabajo mano a mano con Darío, el tapicero. Miguel, fabricante de la cúpula, la alfombra y barandas (que estuvo a cargo de la empresa Top Van, contratada de forma tercerizada), recordará la motivación de trabajar con la mente puesta en el papa, que es, a fin de cuentas, el usuario final de su creación. No todos los días un uruguayo trabaja para el sumo pontífice.
Y a todas estas anécdotas, Radmilovich y Fianza le suman el nerviosismo de aquella semana en la que se planteó la posibilidad de cancelar la gira debido a la operación que implicó extraer un tumor maligno de los pulmones de León XIV. “Fueron pocos días pero intensos. Nosotros seguimos adelante con el trabajo de horas y horas; no había margen para bajar el ritmo, pero nos generó un poco de incertidumbre”, sostiene.
Ahora, más allá de mínimos detalles estéticos, queda esperar el día de la presentación del coche, la posterior llegada de un representante del Vaticano para recibirlo y la meta final, o sea, cuando el papa se traslade y salude al país de pie bajo la cúpula, que hace varios años ya no es blindada ni cubre por completo la camioneta.
¿Y después, qué? El vehículo, costeado por Nordex, será donado a la Iglesia católica del Uruguay, aunque aún no se conoce su destino. “El papamóvil, por cómo está concebido, va a ser siempre papamóvil. Aunque acá siempre nos las ingeniamos”, bromea Radmilovich. Su deseo es que se convierta en una pieza de exhibición. Ya pasó con la cruz, enclavada en pleno bulevar Artigas, por lo que no sería la primera vez.
Línea directa con el Vaticano
Una vez que aceptaron la propuesta del nuncio apostólico, el equipo de ingeniería de Nordex se puso en contacto con un representante del Vaticano encargado de coordinar las características de los papamóviles en los países que visitará. Fue así que, primero, recibieron las especificaciones que tenía que cumplir el vehículo, con la idea de que fuera lo más parecido posible al que se utiliza en el Vaticano. Entre los requisitos figuraban la altura del vehículo, la accesibilidad, la disposición de los asientos y el espacio para los acompañantes, ubicados a ambos lados y detrás del pontífice. Estéticamente, se estableció el predominio del blanco perlado, la alfombra rojo carmín —color característico de la Santa Sede—, el escudo del Vaticano en la puerta, los dos mástiles y un banderín en el capó y la matrícula SCV1, correspondiente al Estado de la Ciudad del Vaticano.
Con estos lineamientos Nordex propuso el vehículo Fiat Titano, por lo que el mayor desafío sería transformar esta camioneta de doble cabina en una de cabina simple. Una vez comenzado el trabajo, la empresa pasó a contactarse con la Santa Sede dos veces por semana para informar sobre los avances.