“Cuando firmes el acuerdo con Transpacífico me avisás y ahí empezamos. No, no porque entonces estamos en la misma”, cuestionó la vicecanciller.
Y comparó que, “con la UE los resultados ya están ahí, las oportunidades ya están ahí, por lo tanto se trata de conocerlas, entenderlas y potenciarlas”.
Baja arancelaria
Tras 25 años de negociaciones ese tratado se firmó y entró en vigor, de manera provisoria, el pasado 1 de mayo, y algunos sectores del agro uruguayo empezaron a sacar provecho de los beneficios de la reducción o exoneración de aranceles aduaneros. “Ahora nos toca no dormirnos en los laureles, que sería el peor error que podríamos cometer y pensar que se acabó la historia de la UE después de haberlo cerrado y firmado”, advirtió la vicecanciller.
Y planteó algunas líneas de trabajo a futuro, más allá de “los resultados que empiezan a verse” por sectores que “se benefician” por la baja arancelaria y porque “el comercio mejora”, como el caso de la exportación uruguaya de la carne, el arroz y la pesca, que es un sector que “estuvo muy afectado” y tiene una “gran potencialidad”.
Hay que “asegurar que los sectores que tienen presencia pasada y presente (en la UE) ahora la tienen reforzada y que mantienen ese mercado, lo cual no es nada menor, porque la Unión Europea es un gran especialista en generar trabas”, sostuvo. Y acotó: “Esto lo digo abiertamente, sufrí demasiados años las torturas europeas, por más que mis amigos europeos que están presentes saben que los quiero mucho”.
Es un mercado que “Uruguay lo tiene muy trabajado, gracias a la seriedad y al profesionalismo que maneja su producción y sus exportaciones, y hay que mantenerlo”, lo cual “en estos tiempos es un poco más difícil, como el caso de Brasil, que se queda afuera del mercado de las proteínas animales desde este mes por discusiones sobre el uso de antibióticos”, señaló.
Csukasi aludió, además, a que se vienen “avances en materia de normas sobre deforestación, que pueden provocar dificultades en el vecindario, no así para Uruguay, entonces siempre está el riesgo de que lo que parece tan seguro y un comercio de décadas puede desaparecer en un segundo”.
Eso puede ocurrir debido a una “decisión mal tomada, una falta de investigación, de aplicación de determinados requisitos o medidas”, lo que representa una “primera línea de trabajo” para adaptarse a las normas europeas, sugirió la jerarca.
Otro asunto planteado por la subsecretaria está dirigido a “no permitir que se instale en la cabeza de los consumidores que la producción uruguaya entra en la categoría de los que contaminan el medio ambiente, no respetan las normas naturales”, por lo que “se viene una tarea de defensa de la producción”.
Y en este punto resulta “fundamental” la función del INIA, de la Agencia Nacional para la Innovación y la Investigación (ANII), entre otros que tendrán un “rol importante para jugar y contrarrestar con investigación, con ciencia y con datos”, enfatizó. Indicó que para la UE los productos uruguayos son calificados de “bajo riesgo” respecto al cumplimiento de sus requisitos.
Diversificar riesgos
A su turno, el titular de la ARU se refirió a los cambios registrados en el mundo, en la economía y en el comercio en el proceso de negociación del acuerdo entre la UE y el Mercosur, principalmente a la velocidad y el dinamismo de las transformaciones en ciertas regiones, como el caso de Asia.
“Si no buscamos formas de diversificar los riesgos, vamos a empeorar respecto a nuestros competidores, que, como vimos, el mundo crece más rápido que nuestra región”, advirtió.
Y valoró que la UE es un mercado “extraordinariamente atractivo”, con “450 millones de consumidores con alto poder adquisitivo” y donde “Uruguay puede ofrecer atributos, como la calidad, la sanidad, la trazabilidad, la seguridad alimentaria, la certificación de libre de deforestación y de sostenibilidad”.
Un tema destacado por Ferber y reconocido por los demás expositores en la charla fue la posibilidad que establece el acuerdo para las exportaciones del agro uruguayo, pero no solamente en el caso de la carne y otros rubros que acceden al “beneficio” de cuotas con rebajas o exenciones arancelarias, sino a la oportunidad de colocar sus productos con “marcas” e identificación de origen en las “góndolas” de los supermercados y otros comercios.
Es el caso del arroz uruguayo, que pasa a tener una cuota europea de “60.000 toneladas con arancel cero”, pero ahora esto significará “otra calidad de negocio”, ya que no será a granel, sino que podrá imponer marcas en el mercado, sostuvo.
Resaltó que hay “resultados claros” de este acuerdo, “Uruguay ya lleva un beneficio estimado de US$ 27 millones desde mayo, de algo más de US$ 12 millones por preferencias arancelarias y unos US$ 15 millones por cuotas”.
Los acuerdos “nos dan la llave de la puerta, depende de nosotros abrirlas, generar los negocios y buscar dónde sacarle mayor provecho”, admitió. Y reclamó que es necesario tener competitividad, infraestructura, costos “razonables”, investigación, capacidad logística y sanidad.
Sintonía fina
En tanto que el presidente del INIA reconoció que al ser un mercado “muy exigente” y de “alto poder adquisitivo”, es necesario “asociar los productos uruguayos a ciertos atributos diferenciados y verificados”.
“Nos sentimos parte de una red que tiene que trabajar en sintonía más fina, tanto en el ámbito institucional público como en el privado, y con la Cancillería”, sostuvo.
Dijo que “las exigencias que plantea la UE son consideradas barreras paraarancelarias, que se van moviendo, los temas éticos, los de bienestar animal, la huella de carbono, la huella ambiental, los suelos sanos y de la calidad”.
“Cuando uno justifica que su producción es sostenible y que respeta estos parámetros, lo tiene que demostrar con ciencia de calidad”, y para eso hay que “definir indicadores, medirlos y validarlos a nivel nacional”, luego desarrollar “soluciones tecnológicas que permitan que esos indicadores estén en los máximos estándares internacionales”, planteó.
Sierra señaló que el INIA “no participa y no le corresponde, ni los temas de regulaciones ni en las políticas comerciales, pero actúa como un instituto confiable y tecnológico que respalda los atributos con los cuales Uruguay se posiciona” en el mundo.
Igualmente, se refirió a la importancia de integrar un “entramado” que debe funcionar “cada vez más de forma coordinada, efectiva y coherente”.