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    La ganadería es “pilar” de la economía, pero persisten “brechas” productivas y “desigualdades”, según documento de Procría

    Tiene “bajos niveles de productividad” y “un impacto ambiental negativo” debido al “manejo inadecuado del campo natural”

    Redactor Agro de Búsqueda

    La ganadería es un “pilar fundamental” de la economía nacional que contribuye “significativamente” al Producto Bruto Agropecuario, con una participación de 43%, a la generación de empleo, con 83.000 trabajadores agropecuarios, la ocupación del territorio y la conservación del pastizal nativo.

    Así lo señala un documento interno del programa Procría, que acompaña una resolución presidencial, fechada el 17 de julio y firmada por el presidente de la República, Yamandú Orsi, y el subsecretario de Ganadería, Matías Carámbula, por la cual se autoriza al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) a suscribir un convenio interinstitucional con el Instituto Plan Agropecuario (IPA) y el Instituto Nacional de Carnes (Inac).

    El documento indica que hay 44.000 explotaciones en el agro de Uruguay, de las cuales 23.000 tienen la ganadería como “principal” actividad económica y el 57% de las unidades de producción familiar tienen como giro central la pecuaria.

    Por otra parte, en esta actividad “persisten brechas de mejora en la performance productiva, económica y ambiental”, y “desigualdades en las condiciones de vida y trabajo”, sostiene.

    Para abordar estos desafíos, el grupo interinstitucional del citado programa enfatiza que “es central promover innovaciones que optimicen el uso de los recursos” disponibles en los sistemas “sin aumentar de forma relativa los costos de producción, mejorando el ingreso económico” y, por ende, el “resultado neto” de los sistemas ganaderos.

    “Uruguay cuenta con evidencia científica de que este camino de mejora de los sistemas pastoriles genera además impactos positivos en los recursos naturales y la biodiversidad”, se valora en el documento interno del Programa de Innovación para una Ganadería de Cría Sostenible (Procría), elaborado por el MGAP, el IPA, el Inac, la Universidad de la República y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria.

    En este sentido, el grupo interinstitucional plantea que “aspectos como potenciar el uso eficiente del campo natural, mejorar las prácticas de manejo nutricional y sanitario de los animales y fortalecer la planificación predial permitirán generar sistemas más productivos y sostenibles”.

    Por otro lado, “la debilidad organizativa del sector criador acentúa las asimetrías en el mercado, representando la posición más vulnerable de la cadena productiva, presentando limitaciones al momento de capturar el valor generado en la misma” cadena, advierte.

    Y señala que “Uruguay cuenta con tecnologías generadas y validadas, explicitadas en los compromisos climáticos nacionales, que demostraron su eficacia en la mejora del desempeño de la ganadería de cría”. Sin embargo, “su adopción a gran escala requiere un proceso de apoyo técnico que facilite la incorporación de estas innovaciones en los sistemas productivos”, apunta.

    Por tanto, el equipo interinstitucional plantea en el documento que Procría buscará “impulsar un modelo de ganadería de cría más eficiente y sostenible” mediante el acompañamiento técnico y el trabajo en grupos de productores, la capacitación y otras herramientas complementarias.

    Se promoverá el uso de “tecnologías de proceso como vía de mejora continua” de los sistemas productivos para optimizar su rentabilidad y resiliencia, así como para contribuir “a la conservación de los recursos naturales y la biodiversidad”, enfatiza.

    Manejo y presión en recursos

    El grupo interinstitucional plantea que “la sostenibilidad de la ganadería de cría en Uruguay se encuentra en debate por sus bajos niveles de productividad y el impacto ambiental negativo” debido al “manejo inadecuado de su principal recurso forrajero: el campo natural”.

    “Esto no solo limita los ingresos económicos de las unidades de producción y aumenta su vulnerabilidad frente a crisis climáticas, sino que puede ser una barrera de acceso a mercados por restricciones comerciales” vinculadas a la sostenibilidad, advierte.

    Como resultado de eso, considera que “la viabilidad de estos sistemas productivos, especialmente la de los sistemas ganaderos familiares, se ve amenazada”, por lo que reduce “la calidad de vida de quienes en ellos producen y viven” y pone en riesgo “la continuidad y desarrollo a largo plazo”.

    Al respecto, en el documento el grupo repasa algunos indicadores del sector, como el hecho de que la tasa de procreo del ganado vacuno nacional se mantuvo “estancada” en las últimas décadas, oscilando entre el 60% y el 65%, mientras que la producción de carne se sitúa entre 85 y 90 kilos por hectárea.

    Los “bajos resultados productivos y económicos en estos sistemas se explican, en gran medida, por una elevada carga animal, la ausencia de un manejo nutricional y sanitario adecuado del rodeo y la majada, el manejo del pastoreo mejorable y una escasa planificación” predial, argumenta.

    Y sostiene que una “presión de pastoreo excesiva determina bajos niveles de producción de forraje y carne, puede generar erosión del suelo debido a la disminución de la cobertura vegetal, afecta la biodiversidad de flora y fauna, y contribuye al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero”.

    Un “manejo inadecuado del rodeo y la majada limita el uso eficiente del forraje producido con las distintas categorías animales”, lo que contribuye “a reducir los niveles de producción de carne”, puntualiza.

    Sobre el tema, el equipo interinstitucional señala que la “escasa presencia de estrategias de planificación predial limita las posibilidades de revertir esta realidad, determinando sistemas productivos con niveles de producción mejorables”, pero además “con alta vulnerabilidad frente a eventos extremos, como las sequías y variaciones de precios”.

    Enorme potencial

    Al hacer una reseña de las herramientas y los factores a favor de la implementación del programa en cuestión, el grupo interinstitucional considera que durante las últimas décadas en Uruguay y la región se logró el desarrollo de “conocimiento científico y tecnologías de proceso” que permiten “mejoras en los niveles de producción y resultado económico de los sistemas ganaderos criadores” sobre campo natural, lo cual reduce “su vulnerabilidad frente a eventos extremos”.

    El incremento “planificado” de la oferta de forraje, sumado a “medidas de manejo del rodeo de cría, la majada y la recría”, permite “aumentar los niveles de eficiencia reproductiva e incrementar la producción de carne” por unidad de superficie “sin tener un impacto en los costos de producción, incrementando así el resultado económico de los sistemas”, asegura.

    Y señala que estos resultados se asocian además a una “reducción en la intensidad de emisiones de metano, a mejoras en el estado de los recursos naturales y a incrementos en la resiliencia” de los sistemas productivos en el campo uruguayo.

    Hay entonces un “enorme potencial” a escala nacional de la ganadería de cría sobre campo natural para “aumentar sus niveles de producción e ingresos”, al mismo tiempo que “contribuye a la conservación de los recursos naturales y la biodiversidad”, reconoce.

    Por lo cual plantea que un “cambio en esta dirección” podría causar “grandes beneficios” para las unidades de producción, especialmente para productores familiares, las comunidades locales y, por transitiva, a la contribución nacional desde la cadena cárnica.

    La incorporación de estas innovaciones tecnológicas en los sistemas de producción implica “modificaciones significativas en muchas de las prácticas tradicionales del manejo ganadero”, advierte.