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La contracción de la producción mundial de lana está generando un escenario de mayor firmeza para los precios y abre oportunidades para países como Uruguay, aunque el desafío será evitar que una suba demasiado rápida termine afectando a los distintos eslabones de la cadena y al consumidor final. Calidad, trazabilidad, certificaciones y crecimiento de nuevos usos aparecen como las principales herramientas para consolidar la demanda.
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El mensaje surgió de la jornada internacional organizada por los 75 años de Engraw, en Salto, donde participaron Aaron Shaw, de Techwool Trading; Lin Lin Guo, referente de la industria china; Giovanni Germanetti, gerente general de Tollegno, y Cathrine Stange, ejecutiva noruega vinculada a la indumentaria deportiva.
Reducción de la oferta
Desde Australia se señaló que la producción viene cayendo y que no se espera una recuperación rápida. La sequía incidió, pero el fenómeno tiene raíces más profundas: durante años la rentabilidad de la lana perdió competitividad frente a otras alternativas productivas, mientras aumentó el peso de la carne ovina dentro de los ingresos de los establecimientos.
El cambio, además, no es fácilmente reversible. Una vez que un establecimiento australiano abandona los ovinos para pasar a cultivos u otras actividades, regresar a la producción lanera implica costos elevados. Por eso, aun con mejores precios, los productores necesitan varios años de estabilidad antes de recuperar la confianza necesaria para volver a aumentar la producción.
La industria enfrenta una paradoja: China dispone de una enorme capacidad instalada para procesar lana y sus fábricas necesitan mantener las máquinas funcionando, mientras la disponibilidad de materia prima disminuye. Durante el panel se señaló que la producción también viene reduciéndose en otros países del hemisferio sur y refuerza la preocupación por el abastecimiento.
Sin embargo, los especialistas marcaron una diferencia clave: el reciente aumento de los precios no responde exclusivamente a una expansión de la demanda, sino fundamentalmente a restricciones de oferta.
Y allí aparece uno de los principales riesgos. Los valores actuales pueden ser sostenibles, pero la velocidad de las subas dificulta que procesadores, hilanderos, marcas y comercios trasladen los mayores costos.
Desde China se advirtió que los topistas trabajan con márgenes muy estrechos y, en algunos casos, priorizan mantener las plantas funcionando antes que obtener rentabilidades atractivas.
Las marcas tampoco pueden trasladar indefinidamente los aumentos al público. Un ejemplo planteado en la jornada fue que un consumidor que pagó US$ 150 por una prenda difícilmente acepte pagar US$ 300 por un producto similar poco tiempo después.
Un mercado lanero robusto necesita rentabilidad en toda la cadena. El productor debe recibir un precio que le permita permanecer en la actividad, pero también deben existir márgenes razonables para procesadores, hilanderos y marcas, sin perder de vista al consumidor final. Más que picos de precios, se necesita estabilidad.
Oportunidades para Uruguay
Shaw destacó, luego de visitar establecimientos en Uruguay, la estabilidad del ambiente productivo, la posibilidad de generar lana de manera consistente y la capacidad de certificar la cadena que hay en el país. Esas características permiten aspirar a segmentos de mayor valor y complementan una producción ovina que convive con la ganadería vacuna.
También señaló aspectos a mejorar. Entre ellos, la variabilidad en los largos de mecha frente a determinadas exigencias del mercado europeo. Mientras algunos compradores buscan vellones Merino relativamente uniformes, de aproximadamente 70 a 90 milímetros, en Uruguay pueden encontrarse rangos más amplios. La observación puso el foco en que la oportunidad no depende solamente de producir lana, sino de hacerlo de acuerdo con las especificaciones de los mercados de mayor valor.
Crecen las certificaciones
Lin Lin Guo explicó que las propias marcas demandan certificaciones, especialmente para abastecer mercados internacionales, y que en China también comienzan a ganar espacio entre empresas orientadas al mercado doméstico de gama media y alta. Bienestar animal, origen y trazabilidad forman parte de una exigencia que se expande a lo largo de la cadena.
Desde la visión de las marcas, Stange fue un paso más allá: certificar es importante, pero no alcanza para diferenciar un producto. El desafío consiste en contar la historia que existe detrás de la fibra. Saber dónde se produjo, quién la produjo, cómo fueron manejados los animales y poder seguir la lana a lo largo de la cadena ayuda a construir confianza y justificar un posicionamiento de calidad.
En ese punto Uruguay recibió uno de los mensajes más favorables de la jornada. Tras recorrer establecimientos, Stange destacó la pasión de los productores, el cuidado de los animales y la calidad observada, y sostuvo que el país tiene potencial para construir una imagen propia apoyada en la trazabilidad.
Mostrar a los productores, sus familias y los lugares donde se origina la fibra puede convertirse en un diferencial frente a una oferta mundial en la que el consumidor dispone de numerosas marcas y alternativas.
Nuevos usos de la lana
El otro gran espacio de crecimiento está en los nuevos usos. La lana dejó hace tiempo de ser vista únicamente como una fibra para prendas tradicionales de invierno. El desarrollo de Merino fino y superfino amplió su utilización en prendas directamente sobre la piel, tejidos de punto y ropa técnica.
La indumentaria deportiva y para actividades al aire libre fue señalada como uno de los segmentos de mayor potencial. Stange sostuvo que las propiedades naturales de la lana —regulación térmica, confort y funcionalidad— permiten utilizarla incluso en actividades de alta intensidad.
Contó que su empresa desarrolló colecciones para correr, pese al escepticismo inicial de consumidores que asociaban lana exclusivamente con abrigo.
También existe una oportunidad entre los consumidores jóvenes. La expansión de las actividades al aire libre y de tendencias vinculadas al bienestar está acercando nuevos públicos a la fibra, aunque las marcas deberán acompañar ese proceso con diseños, colores y productos capaces de competir con los sintéticos.
A ello se suma un cambio de percepción: las prendas Merino actuales son mucho más suaves que las que antes se asociaban con picazón o incomodidad.
El potencial, de todos modos, dependerá de conservar a los productores. Durante el encuentro se recordó que la lana representa menos del 1% de las fibras utilizadas mundialmente y se planteó que, si segmentos como el deportivo continúan creciendo, uno de los riesgos futuros podría ser la insuficiencia de materia prima.
La celebración de Engraw buscó conectar esas dos puntas. Federico Raquet explicó que durante décadas la empresa procuró trasladar hacia la industria el trabajo realizado por el productor y que ahora también siente la obligación de recorrer el camino inverso: traer al productor uruguayo las señales que llegan desde los grandes centros de procesamiento, hilanderías y marcas.