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    Aborto y eutanasia

    Sr. director:

    Creo que las situaciones límite no deben ser juzgadas. Por ejemplo, durante la tragedia de los Andes se planteaba el tema del consumo de carne humana que habían realizado los sobrevivientes. Mi posición era que no podía responder, ya que nunca había estado en esa situación. Lo mismo sostengo ante el tema del aborto. Hago esta introducción porque los fundamentalismos continúan condenándolo. Sin embargo, hay tabúes y prejuicios que mayoritariamente no existen más.

    Se han superado hipocresías de antaño como cuando una chica quedaba embarazada de un chico de la otra cuadra que no era su novio, quien la creía virgen. La familia, quizá religiosa, al no poder soportar la vergüenza del embarazo, optaba por el aborto. O como hacía un personaje femenino de Downton Abbey, que iba al extranjero y volvía con un niño adoptado, que no era el caso de nuestra buena chica de barrio. También podría ser el caso de una viuda que quedaba embarazada de un hombre casado y, para colmo, cercano a la familia. Visto hoy puede provocar risa, pero era un drama y aún lo es para quien se encuentra ante el dilema de abortar o no. Esa chica de barrio hoy seguramente tuvo relaciones sexuales con su novio, pero no quiere tenerlo, ni tampoco la viuda, quien, quizá, ya tuvo hijos. No se está a favor del aborto, sino de su despenalización. Un aborto no es sacarse una muela, sino una situación muy compleja; por ello, se crearon equipos que asesoran y acompañan a mujeres que quedan embarazadas y quieren abortar. Como ejemplo de hipocresía de antaño, en la sección clasificada de la guía telefónica, en el rubro profesionales médicos, había avisos destacados de clínicas ginecológicas que todo el mundo sabía lo que significaba. También había destacados de enfermedades venéreas para quienes no querían tratarse con el médico de la familia o el de la mutualista y preferían el anonimato.

    Por analogía, paso al tema de la eutanasia. Cuentan que, sobre todo en campaña, cuando alguien estaba en situación desesperante se recurría a la despenadora (no confundir con el despenador, que era el que ejecutaba en el campo de batalla a los heridos propios en estado desesperante o a los enemigos prisioneros; todavía se practica, aunque no se admita). Hay muchos ejemplos acerca de eutanasia que “no osa decir su nombre”. Uno es de las intervenciones de pocas posibilidades de éxito o que, incluso, pueden empeorar la situación, sobre todo en personas mayores; ¿hasta cuándo se pueden dilatar los cuidados paliativos? Sin hipocresías, casos de familiares que imploran por la vida del enfermo, pero cuando la realidad les muestra lo que es hacerse cargo de él, no ven la hora de que fallezca. Ahora, paso del buen morir al buen vivir. Una persona que ha tenido una vida normal que se ha ido deteriorando, que es totalmente dependiente y que, aún bien atendido y alojado en un residencial bueno, no quiere seguir viviendo en ese estado casi vegetativo, ¿por qué tiene que seguir soportándolo? ¿Eso es calidad de vida? Por eso, centrémonos en el buen vivir.

    Atentos saludos.

    MSE

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