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    Cosas veredes, Sancho

    Sr. director:

    Me gustaría referirme a la carta al director titulada “Sobre la libertad de los leones y la de los corderos” publicada recientemente (Búsqueda, n.º 2340). Trata el tema con seriedad, pero a mí me pareció un tanto tragicómico el proceso que yo seguí al leerla, que me pareció interesante compartirlo con usted y sus lectores.

    La carta es extensa, pero con un buen “gancho” inicial. El corresponsal increpa a Germán Deagosto, autor del libro Leones y corderos por, supuestamente, haber tergiversado sus interpretaciones sobre el concepto de libertad. Tengo por costumbre leer todo. Incluso cuando el texto adquiere cierta complejidad filosófica que en principio me supera, me esfuerzo por seguir adelante y tratar de aprender algo (este fue uno de esos casos). Al llegar al final, encuentro que está firmada por “Isaiah Berlin – por gentileza de Edward Hopper y de LDS”.

    Me pareció raro. No tenía ni idea acerca de quién era el Sr. Berlin (a pesar de que en el texto se había autodefinido como habiendo … sido distinguido por la ciencia política como un referente sobre el tema”. Por supuesto, lo busqué en Google. El firmante de la carta efectivamente era un famoso politólogo y filósofo, pero… (¡escalofrío!) ¡había fallecido en 1997! ¿Y recién le había escrito al Sr. director? ¿Espiritismo? ¿Tal vez una travesura de la inteligencia artificial?

    ¡Calma! La confusión solo duró un par de segundos (pero existió) y el punto siguiente fue apreciar la creatividad del corresponsal anónimo que se hizo pasar por el famoso politólogo para defender sus puntos de vista. Pero seguimos: ¿quién es Edward Hopper? Otra vez el sabiondo Google me explica que fue un pintor estadounidense (también fallecido), que no me imagino qué puede tener que ver con el Sr. Berlin. Con lo que definitivamente no pude averiguar nada es con las iniciales finales LDS (si al menos hubieran sido LSD … me podría haber imaginado algo).

    De paso, también pasé por Google a Germán Deagosto, el autor del libro, sobre el que tampoco había oído hablar. Resultó ser un periodista y economista formado en la misma facultad de la cual yo fui catedrático grado 5 por más de 20 años.

    Todo esto creo que lo que más revela es mi profunda ignorancia. Menos mal que ya hace varios años que me jubilé. Lo bueno de ser bastante veterano y retirado de la actividad es que ahora puedo confesar esa ignorancia sin pudor. Es liberador y no me preocupa en absoluto.

    Soy asiduo lector de Búsqueda. Es el único medio que sigo leyendo en papel. Con una particularidad: desde hace décadas me acompaña cada día en el gabinete higiénico de mi casa, donde acostumbro leerlo mientras hago mis necesidades. Supongo que no soy el único. Alguna vez tenía que contárselo, Sr. director. También confesándolo sin pudor y sin preocupaciones. Con todo respeto, aunque no parezca.

    Hace años, dos o tres veces, el Sr. director tuvo la gentileza de disponer que se publicaran otras cartas que le envié. En esta oportunidad, yo entendería perfectamente que decidiera no publicarla. Pero, si lo hace, me permito pedirle un último favor: que la coloque al final de la sección Cartas al director, de forma que nos quedemos viendo frente a frente con el gran Kid Gragea (a ese sí que no preciso pasarlo por Google; lo espero con ansiedad cada semana y es al primero que leo de todo el semanario).

    Muchas gracias por su paciencia. Saludos.

    Br. Sansón Carrasco

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