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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRecientemente he tenido conocimiento de una muy triste noticia: en el mes de setiembre de 2024, falleció un gran deportista y mejor persona que se llamó Edgar Chito Mendy Gambardella, más que un esgrimista, un amigo. No obstante su trascendente figura, no he tenido oportunidad de leer ninguna semblanza sobre su trayectoria. En su mérito, en mi calidad de expresidente de la Federación de Esgrima del Uruguay y vinculado al deporte en general, estimé justo hacerlo conocer.
Nacido en Montevideo, en 1938, llevaba la esgrima en el alma; era nieto de Domingo Mendy e hijo de Edgar Mendy Amestoy. Domingo R. Mendy fue un destacado esgrimista uruguayo que participó en los Juegos Olímpicos de 1924 en París. En esos mismos juegos estuvieron también otros esgrimistas uruguayos, como Héctor Belo Herrera, Conrado Rolando, Santos A. Ferreira y Pedro Mendy. Por su parte, el padre de Chito, Edgar Mendy Amestoy, fue también un brillante esgrimista.
Su vida fue un reflejo del amor familiar por este deporte, desde chico, Chito se ganó un lugar en el corazón de quienes lo conocieron, no solo por su talento, sino por su amistad sincera.
Durante su carrera, Chito se destacó en múltiples competencias sudamericanas, donde se enfrentó a lo más granado de la esgrima regional, en torneos frente a olímpicos y campeones argentinos, supo imponerse con valentía y técnica, logrando victorias que siguen siendo recordadas entre los amantes de la esgrima del Cono Sur. Estos encuentros, muchas veces intensos y disputados, mostraron su capacidad para competir al máximo nivel y poner al esgrima uruguayo en la mira internacional.
Se cuenta que Chito creció entrenando en salas montevideanas bajo la guía de maestros formados en la escuela histórica uruguaya, participando desde joven en torneos nacionales. Algunos relatos familiares lo ubican brillando particularmente en pruebas de espada, con incursiones en florete, enfrentándose a rivales internacionales, pero, principalmente, argentinos en competencias binacionales.
Además, tuvo destacadas participaciones en campeonatos sudamericanos: en Bs. As., en 1960, donde fue subcampeón en equipos de espada, y en Río de Janeiro, en 1973, donde conquistó la medalla de oro en espada por equipo, sumando medallas y reconocimientos que afianzaron su prestigio. En cada pista, daba todo, enfrentaba con valentía y lograba triunfos memorables, pero, más allá de los éxitos deportivos, su verdadera victoria fue ser un compañero fiel, un maestro para muchos y el alma de la esgrima local.
Su legado va más allá de las medallas: está en las risas compartidas, en las charlas después de cada torneo y en la inspiración que dejó en todos sus amigos y colegas. Chito vive en cada hoja de esgrima, en cada encuentro, en cada recuerdo que sus amigos guardan con amor. Vaya a su familia y amigos un cálido abrazo.
Reciba mi afectuoso saludo.
Dr. Eduardo Duarte Nosei