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    El comando de la fuerza

    Sr. director:

    Como marino retirado, ya que he sido oficial de reserva de la Marina uruguaya desde 1985, con el regreso de la democracia y como corresponde a los códigos de inteligencia, sin registro en personal de la Armada y reportando directamente a comandante, sin remuneración como corresponde a un voluntario, he colaborado en proyectos realizados, como la sede de la Sub Prefectura Mercedes, obras en el Dique del Cerro, en otras dependencias, y en otros que no prosperaron, como el Proyecto Ejecutivo de la Base Naval del Cerro con la colaboración de la Marina de Guerra de Brasil, para ejecutar a un costo mitad de los usuales, con cajones flotantes, los rompeolas, muelles de reparación y de alije de última generación, con el capitán Lariau; o la Base Oceánica en Rocha siguiendo la inspiración del Cap. Camps. Con un código de comunicación Fuerza Amiga, soy un recurso reservado que un comandante pasa al siguiente, como otro 007 que conviene que nadie más conozca.

    Y en operaciones secretas: cuando recién aparecía el resplandor de una posible guerra fratricida con Argentina, teníamos preparados, con el mejor de los marinos de acogida, un pontón de 50 metros, que fue el orgullo de las marinas de EE.UU. al fin de la WWII, y de Uruguay como marino y de rescate, para hundirlo en el Paraná en seis horas y dejar bloqueada la salida al mar de media Argentina.

    Fue, no solo una identificación con los valores de honrar a la patria, en que me educaron con el ejemplo mi padre y mi tío el comandante Juan José Zorrilla. Fue sentir el honor de apoyar a la fuerza moral del arma que nunca le falló a Artigas, aun en las más difíciles con los corsarios de Artigas. Identificado con los valores cristianos de muchos marinos, que vemos en la Virgen del Carmen una estrella que nos guía desde el horizonte cuando parece que se ha acabado el sol, como el comandante Carames y muchos otros.

    La severidad del honor de los marinos lo expresa inmejorable el caso del capitán Carlos Camps, un primo lejano que, aunque socialista, luchó como el que más en esa guerra interna que nos trajo la Guerra Fría de regalo, hasta derrotar a la guerrilla. Cuando el golpe de Estado del 73, mi tío Juan lo tuvo que convencer de que no valía la pena, porque andaba con una metralleta en la mano y quería ir a Casa de Gobierno y pegarse un tiro en la cabeza, para darle el ejemplo a Bordaberry a que se suicidara como hizo en Chile Allende, antes de dar el poder a los golpistas apoyados por los comunistas.

    También el que fue buen amigo, el capitán Ernesto Ocampo, que prefirió la baja deshonrosa a traicionar la honra naval, cuando acompañó al comandante Zorrilla en el febrero amargo.

    Habiéndome presentado como marino de guerra, nombre de guerra Capitán Tigre azul para la Marina de Guerra do Brasil, debo exponer una situación que me involucró personalmente, donde queda por dirimir una cuestión de honor, y es ahora el momento de plantearla.

    Desde 1980 estoy integrado en la comunidad portuaria de Nueva Palmira. Con obras mayores en Corporación Navíos, la Terminal de Granos de TGU, la Terminal frigorífica Frigofrut , la Terminal logística Ontur International (distinguida en los Outstanding Structures Awards 2010 de la Federation International du Beton); la Marina Norte del puerto Deportivo y, como es de estilo en Palmira, colaboramos todos con los que necesiten una mano, además de los muy importantes clientes privados: Leones, Escuela Industrial, Liceo, Aduana, Prefectura, ANP, Bomberos, Municipio, la Iglesia Nuestra Señora de los Remedios, es la cultura gaucha que aún se conserva.

    Así, cuando el alcalde Passarino no sabía cómo sacar a los camiones del pueblo, con su apoyo colocamos un cartel a tres metros de altura en la avenida que va del pueblo al puerto, y los camiones tuvieron que dar sí o sí la vuelta y no pasar nunca más por Palmira. Y recién 20 años mas tarde, el MTOP construyó la desviación de camiones que Dinama me obligo a estudiar para el permiso ambiental de la Terminal Ontur.

    En ese sentido, siempre consideré al prefecto, si no como un amigo, un buen camarada. Claro que hicimos una vereda nueva cuando les hizo falta, pero también al inaugurar Ontur una guardia de gala de punta en blanco de Prefectura, desde la entrada, impresionó hasta al presidente Vázquez; nadie se lo esperaba.

    El hecho que nos incumbe sucedió cuando, trabajando para una empresa italiana, que no sabía entonces que tenía malos antecedentes en Italia y República Dominicana, el italiano sacó del Puerto de Nueva Palmira, para una obra de almacenamiento de graneles, una grúa hidráulica. La obra la construía Santa María, pero la grúa era parte de las tareas de montaje, y esa grúa estaba a cargo de los italianos: la contrataron y pagaron los italianos.

    Cuando la grúa volvió al puerto, la detuvo en la puerta la Aduana. No tenía papeles ni de importación temporaria, si había salido sin permiso, entonces era un caso de contrabando.

    En Nueva Palmira se sabe todo, el chisme es el deporte popular, desde antes de la TV cable, por aburridos. El presidente Mujica, que con los Peirano eran el contacto local de la empresa italiana, había estado en Palmira y ordenado a Prefectura que dejara salir unos días la grúa, para unos amigos, que enseguida la devolvían. Eso yo lo puedo garantizar, los marineros que usualmente estaban en esos días de guardia son de lo mejor de la PNN. No es lo mismo con los de otros pueblos cerca, donde mi amigo Lisidini ni avisaba cuando iba para que no les avisaran a los contrabandistas.

    Cuando la justicia de Carmelo, sin aviso previo, me acusó; porque si la obra era de Santa María, no iba a ir preso el italiano, yo no me asusté. Sería un error. Yo en esos meses ni estaba en Palmira, era el ingeniero Valmaggia el director de obra y no sabía nada de la grúa. Después sí me enteré, era una cama tal como la que le hicieron a Lisidini. Y cuando hasta mi abogado renunció sin avisarme, como naval yo no podía denunciar; para defenderme, al pobre marinero de guardia en la puerta.

    Que el marinero había recibido la orden de dejar pasar una grúa, no había duda. Es un tema mayor; ya que en 45 años nunca vi pasar por la puerta de control una maquina pequeña ni grande sin todos los papeles y los sellos de Aduana completos.

    La oficina de Aduana está a la vista de la puerta. Con lo de la orden del presidente y la orden oral del prefecto, el marinero sería el fusible si pasaba algo. Lo iban a freír. Pero para mí era un camarada, aunque yo no lo conociera. Yo podía luchar y tenía recursos, el pobre raso no, y perdería el puesto con una mancha negra en su curriculum, sospecha de soborno y contrabando. No denuncié a un joven palmirense sin respaldo, no iba a arruinarle la vida si yo podía seguir peleando.

    Así que seguí peleando. investigué a Fiorucci y, por la prensa italiana, supe que había huido a Mónaco cuando la Policía de Finanzas italianas lo investigaba por lavado de activos y por juntar dinero de la mafia de norte a sur de Italia con sus camiones de reparto de la fábrica de salames y mortadelas. Se vino a Uruguay a comprar la estancia de los Peirano, a instancias de ellos que le manejaban dinero en el Caribe. Hasta le llevé yo mismo un cura en Semana Santa a esa estancia, el padre capuchino para dar una misa en su capillita, cuando vino de vacaciones con toda la familia.

    Sin pruebas, la justicia de Carmelo me condenó en primera instancia por contrabando, además de ir preso no podría trabajar más en puertos, y se quedarían muchos obreros de Nueva Palmira sin trabajo. Condenado en Carmelo, sin pruebas, justo como mi amigo el doctor Lisidini, hasta sería un honor ir como él a la cárcel de Piedras de los Indios, tan cerca de la casa de mi abuela Dominga.

    Después, el genial doctor Julio Lens desmontó piedra por piedra esa mal armada acusación de barro, y la Suprema Corte revocó el fallo, me devolvió la tranquilidad, pero no las pérdidas. Y no hizo lo que es su responsabilidad: investigar cuáles eran las causas de que se hubieran perjudicado inocentes para que no se repitan injusticias; si hubieran investigado la causa de Lisidini en Carmelo y eliminado a los delincuentes del Poder Judicial en Carmelo, lo mío nunca hubiera ocurrido.

    Respecto a este caso, es opinión unánime en Nueva Palmira que fue por orden del presidente, a través del prefecto, que dejaran salir la grúa para Fiorucci, un rato. Apunta a lo mismo que no estuviera en la puerta del Puerto ese día uno de mis amigos marineros y cabos veteranos, a los que ni el prefecto ni nadie se hubiera animado a pedirles encubrir un delito.

    Pero como esto aún es una suposición que puede tener otro giro, que no necesariamente implique el encubrimiento de una maniobra, o que el prefecto estuviera involucrado, le sugiero por este medio al ex prefecto nacional naval que tome el camino del Honor Naval y solicite un Tribunal de Honor para que, a través de su fallo, quede claramente limpio de toda sospecha su Honor de Marino en este caso.

    Respecto al cuerpo de la Armada, lo de que pueda llamarse marino a un marinero de Prefectura, depende de un país a otro; en Europa sí, y es la Virgen del Carmen su patrona. “Virgen del Carmen, si quieres aprender a rezar, sal a la mar”. En los EE.UU. no es así.

    A mi juicio, sí que fueron marinos los marineros de la patrulla del puente de Fray Bentos que a medianoche persiguieron mi pequeño velero, cuando vieron que unos piratas lo robaban (¿qué hace Zorrilla a medianoche, sin luces y no respondiendo la radio?), lanzaron la Zodiac al agua y lo rescataron arriesgando la vida. Mi respeto para ellos.

    Ing. José M. Zorrilla

    Capitán de navío (CG) (Reserva, Retirado)

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