Sr. director:
Sr. director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá
Todo parece indicar que sí. ¿Salvamos el teórico y fallamos en los prácticos? ¿Seguimos dando vueltas a la noria? ¿Decimos querer cambiar y nos quedamos en la mera expresión de deseos?
Entramos a una extensa etapa de celebraciones que finalizará en 2030. Hora de balances. Llama la atención la percepción cuasi unánime de estar cursando —hace décadas— un proceso donde prima el lamento por falta de oportunidades, por no crecer y faltar desarrollo. ¿Qué sucedió entre el primer y este segundo centenario? Para no entrar en detalles, derivo el tema a los planteos de Carlos Real de Azúa, con El impulso y su freno y Las raíces de la crisis uruguaya, y a los aportes de Ricardo Pascale, con El Uruguay que nos debemos, a condición de leer el previo, Del freno al impulso.
Y aquí debemos asumir algo que hemos estultamente desatendido de forma reiterada: el tema y el problema no es “el Uruguay”, somos nosotros, “los uruguayos”. Asumir este pequeño y minúsculo detalle es crucial; de no hacerlo seguiremos como vamos: no vamos. No es delegable; somos todos corresponsables de nuestro destino. Por lo que hicimos y no hicimos. Por lo que hagamos o no hagamos.
Comienza otro quinquenio. Los desafíos y las oportunidades están. Lo que no parece estar es nuestra capacidad de análisis debido a los puntos siguientes:
1) Falta data estadística fehaciente y suficiente.
2) Consecuencia, falta conocimiento extenso y profundo de nuestra realidad cotidiana.
3) La persistencia pseudodemocrática que intenta transversalizar todas las partes en lugar de sistematizarlas y correlacionarlas en un conjunto armónico.
4) Lo previo deriva en el estado de situación que vemos a diario: todos los colectivos o los subsectores defienden a rajatabla sus aspiraciones y ni por asomo se preocupan u ocupan de articular y armonizar un desarrollo compartido.
Hemos conformado una democracia corporativa que no es viable. Lleva el germen de la autodestrucción en su génesis. El quid: en lugar de las batallas fratricidas ir hacia la concordia familiar. Para dejarlo claro: no lo refiero a sindicatos, a empresarios, a profesionales de distintas actividades, a políticos de “sus” partidos, a economistas, a periodistas, a…, a los que se les ocurra. Me refiero al conjunto de todos ellos, a nosotros y los otros, que hacen y hacemos el ser nacional.
De aquí a diciembre se define el Presupuesto quinquenal. Ya se dijo, no alcanza la plata. No se podrá lograr lo que se sugirió o se dio por sobreentendido. Mal de muchos, consuelo de tontos. No hay santo que se salve, de izquierda a derecha, de abajo a arriba. No digo que todos sean, en estas lides, iguales. Pero, que se parecen, no cabe duda. ¿La solución? Definir un horizonte común y navegar juntos.
Pruebas al canto: todos los partidos y sectores han pasado por el gobierno y la oposición. Todos son corresponsables del estado de situación. Con sus pro y sus contras, que de ambas las hay. Con un detalle: solemos quedarnos a medio camino. No vamos a fondo. Decimos mucho y hacemos poco, demasiado poco.
En educación, es inadmisible aceptar los resultados que se logran hace décadas sin reaccionar. Timbear el futuro es una mayúscula irresponsabilidad. Hace un par de años la Administración Nacional de Educación Pública tuvo el aporte de Nuno Crato, exministro portugués con destacados avances en la educación en su país. Uruguay podría ir a más, a lo óptimo, a las fuentes. Por ejemplo, a Gunda Tire, coordinadora de las pruebas PISA de Estonia, a quien Crato considera su inspiradora. Estonia recuperó su independencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1991, casi sincrónica con la nuestra de 1985. En peores condiciones que las nuestras. Hoy está a la cabeza en educación en la Unión Europea y entre las mejores del mundo. Llevó tiempo, fue paso a paso, con un objetivo inicial bien definido a largo plazo. Con un plus, en Estonia la actitud y el talante ético son la regla. Lo que se dice se hace. Es una referencia que está al alcance de la mano. Es posible coordinar para intercambiar ideas (ver anexo).
En seguridad, aparte de lo delictivo y sus dramas, el tema es muchísimo más profundo y enraizado. Hay fallas ciudadanas, éticas y de valores. Nos falta asumir responsabilidades, en lo tangible e intangible. Incluye los robos, desfalcos y plagios. Falta compromiso con la verdad. Urge hacer un blanqueo que permita a quienes han faltado a la verdad o la ética asumir su falla y, de ahí en más, entrar en la senda virtuosa. Sí, algo similar a los perdona tutti que las intendencias plantean para deudas inmobiliarios o patentes. Por algo se empieza. Eso sí, una vez vencido el plazo, transparencia absoluta y sanciones draconianas. No todo se puede ni se debe arreglar con dinero. No debemos seguir mirando para el costado. Somos cómplices.
El Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) no sistematiza. Lo de nacional es un engaño que se vive en el territorio, i.e., al sur o norte del río Negro. Lo de integrado, una mentirilla que no se sostiene, y lo de salud es una falacia; el SNI se dedica más a la enfermedad que a la salud. De ella se vive y se medra. ¿Parece un exceso? No hay más que ver los resultados que se obtienen para comprobarlo.
El Covid-19 dejó lecciones a tomar en cuenta. Muchos concluyeron que el éxito relativo logrado fue gracias al SNIS. Error. Es atribuible a la autocomplacencia, el apresuramiento o la ignorancia. Se comprueba fácil; en cualquier foro internacional donde se procesa el análisis estadístico de tasas de contagio, si alguien pretende atribuir el éxito al SNIS, se cae en el ridículo.
La explicación es simple: si el SNIS, hubiera seguido funcionando según “su peculiar normalidad”, habría constituido en un colosal agente de trasmisión. El multiempleo médico constituía un arma mortal para la transmisión de la epidemia. El punto quedó claro cuando un funcionario extranjero solicitó conocer detalles de cómo estaba organizado el SNIS, con la sana intención de aplicarlo en su país. Imposible e inconcebible para cualquier mente racional bien intencionada. Fin de la fantasía idílica entre la epidemia del Covid y el SNIS uruguayo.
El éxito con el Covid es atribuible a la responsabilidad social ciudadana y al esfuerzo incondicional de los funcionarios que continuaron atendiendo en una sola de sus instituciones de salud, que solicitaban no concurrir salvo emergencias. No sigamos repitiendo falsedades. El SNIS nació cojo a sabiendas. Se centró en la economía y la organización institucional, pero soslayó la organización funcional de los recursos humanos. Cuestión de corporativismo. No da para tapar el sol con un dedo. A continuación, unos ejemplos.
En cáncer de mama, el gasto del Pronaccan (Programa Nacional contra el Cáncer de Mama —CM—), que se mantiene desde 2015. Con fallas sistémicas inconcebibles. Avalado por la academia y las sociedades médicas nacionales. A contrapelo de lo que hacen los programas y los países que logran los mejores resultados. Uruguay tiene tasas de incidencia de CM similares a los países desarrollados. Y tasas de mortalidad por CM similares a países más rezagado de África. Los mamografistas juegan con fuego; la inteligencia artificial logra iguales o mejores performances diagnósticas de los países desarrollados.
El tema está documentado: hay tres respuestas del Pronaccan y del MSP (Ministerio de Salud Pública) a solicitudes de información pública que no dejan duda. O quizás sí, y lo que se hace aquí es lo acertado. Razón de más para convocar un workshop sobre detección de CM. Por si quedan dudas, lo que se hace en Uruguay ha sido respaldado por el gobierno del 2015-2020, del 2020-2025 y, recientemente, avalado por el actual. No son todos iguales, pero en esto son parecidísimos. De lo que no cabe duda es que se malgastan recursos impunemente. Y no olvidemos el informe de la auditoría internacional —IAEA y OPS— cuyo resultado fue catalogado, por el MSP, de catastrófico.
Vuelvo al tema actual. El Presupuesto quinquenal. No hay recursos. En criollo, lo que entra y sale de dinero no cierra. Pero omiten analizar los para qué y los porqué, los cómo y en quiénes se hace el gasto. Ahí está la madre del borrego y las soluciones que aviesamente soslayamos hace décadas. Muchos problemas que hoy nos aquejan resultan de incentivos económicos que no previeron —u ocultaron— resultados esperables. El tema excede el espacio de la carta. Queda en deuda. Doy una pista.
El multiempleo médico surgió como respuesta a una huelga de anestésico quirúrgicos en 1993. Con ello se perdió la posibilidad del trabajo en equipos integrados de salud en una misma institución. Se perdió calidad, ética y atención a la comunidad. ¿Algo más? Quizás sí; la controversia actual sobre si el presidente de ASSE (Administración de los Servicios de Salud del Estado) puede mantener varias ocupaciones relacionadas a su profesión es el resultado inesperado e imprevisto de lo decidido bajo presión hace 32 años. El tema no es ad hominem. Es lo habitual en política, tocas un botón y generas un ciclón. El conflicto es entre lo legal, lo legítimo y lo ético. Nos falta hablar claro; mirarnos al espejo sin maquillaje. El tema no es la actitud personal, son las opacas normas institucionales.
¿No será que el MEF (Ministerio de Economía y Finanzas) —que es mano y coordina— se está rifando una o varias bolillas al no exigir el detalle de gastos y resultados a los ministerios y organismos? Y a esas respuestas, verificarlas. Es archisabido: la data estadística en áreas intangibles —de existir— es escasísima y de dudosa calidad. Seguir pagando y lograr malos resultados es complicidad con el despilfarro. La lista es larga. La analizaremos antes de fin de año. Lo ideal sería que el MEF nos dejara sin temas a analizar. Porque reaccionaron y actuaron.
La intención de estas líneas no es ser opositor, es ser propositor. El tema no es de los políticos que explican lo inexplicable, es de los ciudadanos que esperan y desesperan por resultados medibles. Económicos o en atención de servicios. La cuestión es fácil de resolver: alcanza con que a la ecuación básica de costo-beneficio —que no se cumple a cabalidad— se le agregue la calidad, la ética y la coparticipación ciudadana. Es posible si hay voluntad, compromiso y controles.
Ahora el gobierno propone hacer los deberes para alinearse a las exigencias de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Si la intención es sumarse en un futuro no cercano, es de suponer que ya estarán preparándose para cumplir los requisitos de las más de 23 comisiones de la OCDE. Son muy difíciles, y no sería buena cosa haber puesto el carro delante de los caballos. Pero eso lo saben muy bien el MEF y el Ministerio de Relaciones Exteriores, no da para preocuparse. Lo que sí sería prudente es que nos comunicaran el cronograma previsto y el detalle de los requisitos. ¿Son meses, años, un lustro, una década o más? Y si aportan data comparativa del camino recorrido por otros países, mejor. La transparencia y la honestidad es lo que se necesita.
Comparto una de yapa. Las declaraciones del MSP y de ASSE sobre el cierre de las colonias de alienados, hoy Ceremos: “Es impracticable”, resulta la quintaesencia de la anomia uruguaya. De la Real Academia Española, “ausencia de ley” o “conjunto de situaciones que derivan de carecer normas sociales o su degradación”. Cualquier semejanza es mera coincidencia. Tercera vez en 10 años que contravienen la misma ley votada siempre por unanimidad en el Parlamento. Ponen plazo, anomia; se dan más plazo, anomia. Y ahora, por si no queremos sopa, lo mismo. Uruguayez al mango. Trampas al solitario. De Ripley.
Preguntas al pasar: ¿el MEF y el MSP han costeado lo que se escurre en las colonias? ¿300 hectáreas y miles de metros construidos? ¿Cuántos funcionarios para 400 internados? Costo, beneficio, calidad, ética, ciudadanía. ¿Los integrantes de las comisiones de salud del Parlamento, han ido a las colonias? No digo de visita un par de horas, sí de visitas periódicas para analizar y monitorear la situación. Lo que hoy aquí se hace contraviene todas las convenciones a las que el país adhiere. Es indigno, írrito y humillante. ¿Pase a la Junta de Transparencia y Ética Pública? ¿A la Institución de Derechos Humanos? ¿A la Suprema Corte de Justicia? ¿A la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud? ¿O al sentido común?
Falta plata y tiramos plata en un país que dice no tenerla para educación, ciencia y tecnología. Alcanza con un par de neuronas bien intencionadas para comenzar a innovar y emprender en este terreno. Cuestión de criterio, raciocinio y sistematización. ¿Peras a los olmos? Esperemos que no. Pero la antropología política actual indica lo contrario.
Aclaro: esto no se arregla de un día para otro, llevará años. Pero hay que comenzar ya, aquí y ahora, ir paso a paso con objetivos de largo alcance consensuados a escala nacional. Y si hay colaboración internacional, mejor. Debemos parar el desenfreno generalizado, donde todos son —somos— coautores.
Lo que hay que descartar son esas ilusas tentaciones de ir por una gran reforma del Estado, a golpe y porrazo. Eso es pasaporte al fracaso. Hora de promover planes pilotos que puedan generar data estadística. Y luego extenderlos. Siempre monitoreando, controlando y evaluando. Lo que hacen en Estonia, Nueva Zelanda e Irlanda; lo que no hacemos acá. Pruebas hay de sobra.
Todo este embrollo remite a una clase de latín a cargo de Vicente Cicalese en los años 60 del siglo pasado. Refiere a una guerra entre ranas y ratones. De ahí el nombre, de base etimológica, La Batracomiomaquia. Se le atribuye a Homero. Sátira de la épica guerra médica. Parecida a las actuales “riñas políticas uruguayas” que nada tienen de epopeya; meras patrañas que degradan la política y el ser nacional. Nos hace falta rescatar el élan vital que inspiró a nuestros abuelos y bisabuelos para conjuntar esfuerzos y hacer posible los imposibles de su época.
Reitero la pregunta: los uruguayos, ¿seguiremos tolerando el anómico empate político?
Hora de evocar la copla de Jorge Manrique, en 1476:
Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando
cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando…
Se no va la vida… y, el colmo, ¡se la comprometemos y les endosamos la deuda a hijos y nietos! Incalificable.
Gonzalo Pou
Anexo
Gunda Tire de Estonia, a cuenta de más: https://www.aricafoundation.org/news/iniciativa-educacao/estonia-in-the-spotlight-a-conversation-with- Gunda-Tire.