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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTengo un amigo empresario que tiene muchísimo dinero y que me dijo algo que me resultó insólito y enigmático. El mejor manual para que un empresario se enriquezca es el Evangelio. Esto parece contradictorio con la enseñanza que se imparte hace siglos sobre él; a saber, que la pobreza es una virtud y la riqueza todo lo contrario. Es más difícil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de los cielos, según Jesucristo, y no tenemos por qué no creerle. Este amigo me dijo que la máxima era correcta, puesto que una persona rica tiene mucho más responsabilidades y en consecuencia se la va a juzgar más severamente cuando llegue el momento que a alguien cuyas posibilidades fueron mucho menores. Por eso los Médici financiaron a tantos artistas para que pintaran cuadros para las iglesias. Temían el juicio de Dios y pensaban ganar indulgencia al realizar estos regalos a la Santa Madre. Además, prestar dinero, que era lo que hacían como banqueros, estaba absolutamente prohibido. En resumen, esta actitud era casi un soborno.
Pero volviendo al tema, hay una característica del capitalismo que coincide perfectamente con el Evangelio. La nueva enseñanza de Jesús se puede resumir en la máxima “ama al prójimo como a ti mismo”. La forma de hacerlo es ponerse en su lugar cuando nuestras acciones pueden ser beneficiosas o perjudiciales para otro ser humano. Esta es, curiosamente, la base del capitalismo. El capitalista debe necesariamente ponerse en el lugar del otro u otros para decidir qué va a producir. Tiene forzosamente que ser algo que necesiten. Se puede argüir que a veces se hace a la gente consumir cosas innecesarias y en todo caso pueden ser innecesarias en apariencia, pero cuando uno mira más de cerca ve que no lo son tanto. Por ejemplo, una persona puede necesitar para su trabajo mostrar cierto estatus social y para ello vestirse bien, usar perfumes caros, tener determinado tipo de coche. Visto desde fuera esto puede parecer superfluo, pero para ella no lo es, dado que si no posee estas cosas, se resentirá su nivel de vida y en definitiva esto puede perjudicarla seriamente, y también a su familia, empleados, etcétera.
Ama al prójimo como a ti mismo no es lo mismo que ama al prójimo pero no a ti.
Por tanto, cuando una empresa produce un celular, por ejemplo, este tiene que ser mínimamente eficiente y adquirible por un precio adecuado. Si esto no sucede, las ventas no serán suficientes y, en definitiva, esto puede llevar incluso al cierre de la empresa y a despidos de personal, a la no generación de ingresos del Estado por pago de impuestos y otras consecuencias socialmente negativas.
Entonces, la máxima que nos impulsa a estar en el lugar de la otra persona es seguida por el empresario que hace encuestas sobre las necesidades de sus clientes, grupos de testeo de mercado y muchas cosas más para vender más y mejor sus productos.
Dijimos que amar al prójimo equivale a ponerse en su lugar; no es una cuestión de sentimientos sino de hechos.
Creo que queda demostrado lo que mi amigo sostiene: el Evangelio es un buen tratado comercial.
Alberto Magnone