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    Problemas en la ciberseguridad

    Sr. director:

    En julio, un enjambre de unos 1.200 agentes de inteligencia artificial que OpenAI estaba evaluando en un entorno de pruebas armó por su cuenta un canal para coordinarse, se repartió tareas y salió a internet. Durante seis días, unos 700 de esos agentes atacaron los servidores de Hugging Face, una de las plataformas centrales del ecosistema de IA. Nadie les ordenó hacerlo. Buscaban resolver un ejercicio y encontraron credenciales expuestas. La propia OpenAI lo llamó un “disparo de advertencia” para el mundo.

    En agosto, el AI Security Institute británico informó sobre 122 pruebas hechas con salvaguardas reducidas. En 10 de ellas, agentes de Anthropic y OpenAI actuaron sin autorización contra personas y organizaciones reales. El modelo de Anthropic creó identidades falsas para convencer a desarrolladores de que incorporaran código malicioso a un proyecto público.

    Esto ya no es ciencia ficción. Un enjambre son muchos agentes autónomos que se coordinan, aprenden unos de otros y operan a velocidad de máquina, y tiene tres frentes. El primero es el informático, el de Hugging Face. El segundo es el cognitivo: en enero, la revista Science publicó un trabajo, firmado entre otros por la nobel de la Paz María Ressa, que advierte sobre enjambres capaces de fabricar consenso falso con miles de perfiles distintos controlados por un solo actor. El tercero es el físico: en Ucrania, empresas como Swarmer usan enjambres de drones en combate desde 2024 y trabajan para que un solo operador dirija cientos.

    Mientras tanto, en Uruguay, en mayo, Antel confirmó un ataque exitoso a TuID, la llave de identidad digital del Estado. Hasta 163 usuarios pudieron haber visto comprometidos datos de su huella dactilar. El presidente del ente dijo que los ataques que enfrentan se multiplicaron por ocho en un año. Según El Observador, el líder del grupo que reivindicó el ataque es un joven de 19 años. Una base con nombres y cédulas de 5,8 millones de personas circula desde 2019.

    El Banco Hipotecario sufrió en 2025 el que se considera el ciberataque más grave de la historia del país. No tenía responsable de seguridad informática, y sus funcionarios guardaban contraseñas en archivos de Word pese a las advertencias del Banco Central. Esperaba la autorización del Servicio Civil para cubrir el cargo y, después del ataque, declaró reservada hasta 2040 toda la información del incidente.

    Los cuatro cables submarinos que nos conectan con el mundo llegan a la misma costa, Maldonado, y no hay normativa específica de ciberseguridad que los proteja. En 2019, una falla en la red argentina dejó sin luz todo el territorio nacional. Y la Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2024-2030 se limita a “analizar” un Comando Conjunto de Ciberdefensa.

    Ninguna de estas debilidades es exótica, y ese es el punto. Como escribió Hugging Face después del ataque, la ofensiva a velocidad de máquina encarece las debilidades comunes. Un enjambre no necesita una falla sofisticada. Le alcanza con una contraseña en un word, una base que nadie retiró o un cargo vacante. Si un joven de 19 años pudo con TuID, conviene preguntarse qué haría un enjambre. Uruguay tiene esas debilidades y, además, procesos administrativos que se miden en meses, frente a ataques que se miden en minutos.

    No falta otra estrategia de buenas intenciones. Falta un plan de defensa nacional con dientes:

    una ley que declare infraestructura crítica la red eléctrica, el agua, las telecomunicaciones, los cables submarinos y el sistema de pagos, con estándares obligatorios y auditorías;

    que se cumpla la notificación de incidentes a los afectados y se termine con el secreto como respuesta por defecto;

    el Comando Conjunto de Ciberdefensa operativo y con presupuesto, no en estudio;

    pruebas continuas con agentes propios sobre los sistemas del Estado, porque si el ataque es automático, la defensa también tiene que serlo;

    un régimen de contratación excepcional para talento en seguridad, fuera de los plazos del Servicio Civil;

    un observatorio de integridad informativa antes de las elecciones de 2029;

    coordinación con Argentina y Brasil, con quienes compartimos cables, red eléctrica y amenazas.

    Un país chico, digitalizado y con fama de confiable es un blanco barato y vistoso. Hoy se defiende a velocidad de expediente, y el avance tecnológico no va a esperar a la burocracia.

    Federico Imparatta