Sr. director:
Sr. director:
Accedé a artículos gratuitos y newsletters de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn el debate político contemporáneo suele asumirse, de manera precipitada, que la causa de la emancipación femenina pertenece de forma exclusiva a las corrientes colectivistas. Sin embargo, la historia de las ideas nos revela una verdad distinta: el verdadero germen de la igualdad de la mujer radica en la premisa más radical del liberalismo, que es la soberanía del individuo.
Esta concepción hunde sus raíces en el Jardín de Epicuro, donde se abrieron las puertas del conocimiento a mujeres y hombres por igual, entendiendo que la búsqueda de la sabiduría depende de la condición humana compartida y no del sexo. Siglos más tarde, la ética kantiana consagró que cada ser humano posee dignidad y debe ser tratado siempre como un fin en sí mismo y nunca simplemente como un medio. Bajo esa premisa, toda subordinación o discriminación legal hacia la mujer resulta éticamente inaceptable.
Figuras clave de la tradición liberal, como Mary Wollstonecraft, exigieron la igualdad de derechos civiles y educativos argumentando que las limitaciones de la mujer no eran naturales, sino fruto de la opresión legal. Del mismo modo, John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill denunciaron en La sujeción de las mujeres que someter a la mitad de la población constituía un obstáculo insostenible para el progreso humano y una violación directa de la libertad individual.
El feminismo de raíz liberal no busca otorgar estatus especiales ni fragmentar la sociedad en colectivos antagónicos; exige, sencillamente, la aplicación rigurosa de la igualdad ante la ley, la propiedad sobre uno mismo y la libertad para elegir el propio proyecto de vida sin interferencias arbitrarias del Estado o de la sociedad.
Ante este legado, cabe preguntarnos: ¿buscamos una sociedad que garantice las condiciones para que cada mujer elija su propio camino o seguiremos esperando que las instituciones decidan por nosotros qué significa ser libres? Fernanda González Profesora de filosofía y magíster en Psicopedagogía, convencida de que elfeminismo y el liberalismo convergen en la defensa de la autonomía individual