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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCada tanto rebrota la pintoresca idea de poner impuestos al 1%, o sea, a los ricachones que están en el percentil más alto de los ingresos o del patrimonio. La popularizó hace años el inefable senador americano Sanders, que agarró un segundo aire últimamente porque en su campaña contra Trump lo acompaña siempre la bella y radical portorriqueña Ocasio Cortez.
En uno de esos rebrotes de hace años investigué el tema en diversas fuentes y descubrí que para pertenecer al 1% había que tener un patrimonio cercano al millón de dólares. Una idea más divertida en Estados Unidos es corretear a los multimillonarios, por ejemplo, los que tienen más de 1.000 millones de dólares. En Estados Unidos son una pila. Y después estarían los que tienen 100.000 millones de dólares, los dueños de las aplicaciones grandes. Acá en Uruguay solo conozco al dueño de Mercado Libre (10.000 millones y contando…). Ojalá se quede en Uruguay e invierta una platita.
Pues bien, ahora los chicos del Pitceneté andan por todos los canales promoviendo el impuesto del 1%.
Como Oddone y Orsi ya dijeron que no, y algunos periodistas con sólido criterio preguntaron por qué el 1% y no el 2% o el 5%, los Andrade y los Abdala fueron a la Udelar a buscar apoyo “científico” de los economistas. Aparecieron en los programas de entrevistas de la mañana dos investigadores jóvenes con pinta de grado 3 y dijeron que entrevistaron a un montón de tipos del 50% más rico de la población y descubrieron que el 1% tiene una manera de ver el mundo que los distingue, que apoyan poco las políticas distributivas, tienen una visión más negativa del Estado, creen más en el mérito individual y sostienen una ideología más de derecha. Por lo tanto, está “clínicamente comprobado” que el 1% es especial y puede aguantar un impuestazo sin amotinarse demasiado.
Daniel Heide