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    El “tercer sector” en la cultura

    Por Lector

    Sr. Director:

    Por simplismo reduccionista tendemos a clasificar todo binariamente. En la sociedad civil identificamos dos sectores. El público, gestionado por el Estado con fines sociales, y el privado, con fines de lucro. Pocas veces reconocemos la existencia, y valoramos, del “tercer sector”, que incluye grupos barriales locales, instituciones de la sociedad civil con múltiples propósitos, ONG, fundaciones, organizaciones corporativistas y educativas, etc. Muchas son instituciones altruistas, sin fines de lucro. El tercer sector, si bien se diferencia de los otros dos, el privado y el estatal, “tiene algo de lo privado porque surge por iniciativa de particulares y tiene algo de público, ya que sus acciones están orientadas al bien general”. Bettoni y Cruz hipotetizan que el crecimiento de esta institucionalidad se dio en los años 60 y 70 en respuesta a los regímenes autocráticos que acabaron con los modelos preexistentes de organización social.

    Para muchos la institucionalidad cultural en Uruguay comenzó con el tercer sector. Hace 200 años se inauguraba en Montevideo el Teatro Solís, un hito de la cultura uruguaya, financiado por una sociedad anónima sin fines de lucro que lo administró hasta 1937. El rubro “Arte y promoción cultural” del MEC (Ministerio de Educación y Cultura) cuenta hoy con 55 instituciones de la sociedad civil registradas como difusoras de cultura, educadoras en arte o custodios de legados artísticos. Los aportes culturales y educativos del tercer sector, principalmente en el interior del país, son poco difundidos por los medios de prensa y como tal poco conocidos y menos reconocidos.

    Por ejemplo la Fundación Manolo Lima mantiene como museo —pinacoteca y talleres de pintura y cerámica— la casa de este artista plástico en Pinares de Maldonado. Preserva el acervo de Lima, gestiona un museo y realiza actividades de difusión cultural. Salvaguarda un patrimonio artístico y contribuye con la cultura.

    La Fundación Montes, en San José, preserva y difunde la obra de Pepe Montes, referido como el “último maestro del taller Torres García”. Uno de sus proyectos insignia, declarado de interés cultural por el MEC, hace talleres artísticos con escolares rurales. Preserva la obra de un artista plástico y educa en arte.

    La asociación civil Todos por la Música facilita instrumentos musicales a niños y niñas de escuelas púbicas de Malvín. “Es un ejemplo de gestión exitosa de la sociedad civil, una propuesta colectiva y barrial” que —caso poco común— articulan el Centro Cultural La Experimental (vestigio de la Escuela Experimental fundada por Olimpia Fernández en 1927), la Intendencia de Montevideo, Educación Primaria y las familias de los participantes.

    Hay muchos ejemplos más. La asociación civil Centro Cultural Miguel Ángel Pareja es otra institución, probablemente representativa, del tercer sector. Para Ban Breathnach “El mundo necesita soñadores y el mundo necesita hacedores. Pero, sobre todo, el mundo necesita soñadores que hagan”. Alfredo Pareja Carámbula fue uno de ellos. Hijo del artista y pedagogo Miguel Ángel Pareja, fundó, junto con familiares y amigos, una asociación civil para salvaguardar y difundir el legado de su padre. Con la mediación de la Intendencia de Canelones (IDC) logró que AFE cediera un anexo de la estación de trenes de Las Piedras para su sede. Con los apoyos de la IDC, el MTOP (Ministerio de Transporte y Obras Públicas), el MEC y una empresa local, el edificio ha sido restaurado y hoy ofrece salas de exposiciones, auditorio, aula de danza, taller de arte y almacén de obras de arte.

    La asociación preserva un singular legado. Durante sus últimos años, Pareja seleccionó algunas obras como representativas de su evolución plástica y estética. En 2016, la colección, de 38 cuadros, siete cerámicas, siete mosaicos, cinco telas estampadas y un tapiz, fue cedida a la asociación para fundar un “museo socioeducativo”, el Museo Pareja.

    El centro cultural inició actividades en 2012 facilitando el acceso a bienes y servicios culturales a más de 120.000 habitantes de la periferia de Montevideo, ciudades de Las Piedras, La Paz, Progreso, 18 de Mayo, norte del área metropolitana y zonas rurales cercanas. Desde entonces, ha realizado más de 200 eventos de extensión cultural —exposiciones de arte visual, teatro, espectáculos musicales y de danza, presentaciones de libros, conferencias y mesas redondas— en su sede y extramuros —calles, plazas y centros barriales— y ha ofrecido de ocho a 10 cursos y talleres anuales de educación artística. Proyectos comunitarios, algunos con escuelas públicas, como Arte en Plataforma Digital y Expresión Plástica de Escolares, apoyado por Fundación Itaú, complementan las actividades de extensión y educación. En 12 años, el centro ha beneficiado a más de 50.000 habitantes de una zona periférica del área metropolitana, favoreciendo a niñas, niños y jóvenes estudiantes, así como a artistas emergentes, muchos de ellos, mujeres.

    “El dinero es parte de la ecuación, hacer arte no es gratis” (Wainstein). El centro se financia con cuotas sociales, donaciones de los profesores del 10% de las matrículas abonadas por los estudiantes y aportes de empresas privadas locales que patrocinan los eventos. Ha recibido apoyos económicos del gobierno nacional —la Dirección Nacional de Cultura del MEC y el MTOP— y departamental —IDC—, así como de la Fundación Itaú. Los recursos son una limitante importante para la acción cultural y la recaudación se convierte en una tarea permanente, demandante y dificultosa.

    Siguiendo la máxima de Miguel Ángel Pareja No puede haber cultura si no está cimentada en la sabiduría de toda la comunidad”, el centro trabaja en redes con representantes de la comunidad —de la cultura y la educación, de la sociedad civil y del sector privado— y con los gobiernos —nacional, departamental y local—. Lo gestionan voluntarios honorarios con una directiva elegida por los socios y asesorada por artistas, docentes y profesionales. La asociación procura “generar una maquinaria de desarrollo cultural en donde la solidaridad y la participación sean valores colectivos, con un fuerte trabajo voluntario”.

    El centro cultural es una empresa sociocultural que intenta “desarrollar cohesión social a través de la cultura y el arte”. Según Dees, es una “Entidad empresarial, sin ánimo de lucro, siempre buscando el cambio, respondiendo a él y explotándolo como una oportunidad, midiendo su éxito por el impacto social”. Se autoevalúa no solo por los productos ofrecidos —bienes y servicios culturales— sino también por sus impactos sociales. Es difícil demostrar la causalidad entre la acción cultural y su impacto social pero es posible revelar cómo ella contribuye a crearlo, aunque no necesariamente lo provoque. Para la comunidad local los eventos del centro son acontecimientos socioculturales, espacios y momentos de reencuentros que cohesionan y trascienden lo meramente cultural.

    “Gestionar” un centro cultural en la periferia del área metropolitana no es sencillo. “La cuestión cultural es una de las dimensiones menos tratadas de la relación entre el centro y la periferia”. La complejidad la señala Carámbula: “Históricamente, ha habido una visión ‘Montevideo-céntrica’ de los aspectos culturales, y en esa ciudad están ubicados los escenarios centrales de la actividad cultural del país”. La gestión cultural del centro compatibiliza los intereses de los varios actores demandantes y beneficiarios de la cultura, por un lado, y aquellos oferentes de bienes y servicios culturales —locales y montevideanos— por otro. La ausencia de sistemas de coordinación con otras instituciones de la sociedad civil —locales y nacionales— y entre estas, el Estado y los privados genera ineficiencias de la gestión.

    El Centro Cultural Miguel Ángel Pareja, una institución como tantas otras del tercer sector —Fundación Montes, Lima, Todos por la Música, Centro Cultural de Música, Museo Lacan Guazú, Cultura Afrouruguaya, etc.—, difunde cultura, educa en artes y salvaguarda un valioso patrimonio artístico. Sus aportes son a tres niveles. Promueve la contribución a la cultura —producción artística—, facilita el acceso a bienes y servicios culturales —extensión cultural y educación artística— y hace participar a la comunidad de la gestión cultural.

    La trayectoria del Centro Cultural Miguel Ángel Pareja nos lleva a reflexionar y nos desafía a proponer políticas públicas culturales inclusivas del tercer sector. Políticas que lo integren y le brinden el apoyo holístico que requieren. Que genere sistemas de coordinación entre ellas y con los otros sectores de la cultura a escalas local, departamental y nacional. La sinergia a lograr con la acción coordinada entre los tres sectores sociales contribuirá a una gestión cultural más eficiente para beneficio de todos los uruguayos.

    Mario R. Pareja

    Ing. Agr., M.Sc., Ph.D. Secretario Ejecutivo, Comisión Directiva Asociación Civil Centro Cultural Miguel Ángel Pareja.

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