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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA fines de los años 60 trabajé en México como arquitecto en el Ministerio de Comunicaciones y Transportes. Me tocó participar en un proyecto de trenes suburbanos de pasajeros. La ciudad de México y su área metropolitana ya tenía 20 millones de habitantes. Los ingenieros ferroviarios enamorados de las vías de ferrocarril abandonadas proponían que los nuevos trenes de pasajeros anduvieran por ellas. No había que expropiar nada. Cuando se hicieron encuestas de origen y destino preguntándole a la gente dónde vivía, dónde trabajaba o dónde estudiaba, y se corrieron los resultados por las novísimas computadoras, descubrimos con asombro que nadie iba a usar esas viejas vías. Finalmente, se decidió ampliar las líneas de metro por las líneas reales de la demanda, y funcionan muy bien hasta hoy.
En el 99, ya de regreso en Uruguay, en Arte y Diseño le hice un reportaje al Ing. Lucas Facello, capo máximo en transporte masivo de pasajeros. Hay una metodología clásica que incluye importantísimas encuestas de origen-destino y que son las que deciden por dónde tienen que andar los trenes u ómnibus articulados, que no aparecen en estos días en los planes para Montevideo, donde solo se discute el tipo de vehículo, la ingeniería o las avenidas más fáciles. Se corre el riesgo de caer en los errores que viví en aquel México de los 70. Me gustaría que la Sociedad de Arquitectos, la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, y sobre todo el Centro de investigaciones económicas, Cinve, que ha publicado un exhaustivo, profesional y completo proyecto de Transporte para el Área Metropolitana, con muchísima información, mostraran estudios recientes de la demanda de viajes. Según mi modesta experiencia, llama la atención que el sistema propuesto vomite miles de pasajeros por hora en un punto que ya está muy sobrecargado, como lo es Tres Cruces como entrada al Centro, y ninguna línea se continúe al norte y al oeste. En la duda, ¡atenti!, como decía Mario Benedetti.
Daniel Heide